Archivos Mensuales: octubre 2010

La senda del traductor novel (1): ¿realmente quieres ser traductor?

En la presentación de este blog prometí que escribiría una serie de artículos que fueran útiles para los traductores noveles y les ayudasen a abrirse camino en el mundo de la traducción profesional. Pues bien, esta es la primera de esas entradas y, lógicamente, voy a empezar por el principio: ¿qué hacer cuando acabamos la carrera de Traducción e Interpretación? (o cuando queremos cambiar de trabajo y dedicarnos a traducir).

Terminar la carrera, sea cual sea, siempre da miedo, pues supone un cambio importante en la vida de cualquier persona: de repente dejamos de ser estudiantes, abandonamos un estilo de vida que ha durado años y años y nos vemos abocados al mercado laboral, enfrentados a la realidad de quien tiene que buscarse las habichuelas para subsistir. Y eso da miedo porque es algo nuevo que, por lo general, nunca hemos hecho antes (o, al menos, no a tiempo completo) y no sabemos por dónde empezar. En ese momento parece que lo único que sabemos hacer en la vida es estudiar.

Pues bien, después de este concienzudo análisis psicológico existencial, viene la gran pregunta, la cuestión que cualquier recién licenciado en Traducción debería plantearse antes de dar cualquier paso. Es un interrogante fundamental, lógico, obvio, y, sin embargo, estoy segura de que la mayoría de los traductores en ciernes no se lo formulan: ¿realmente queremos ser traductores y ganarnos la vida con ello?

Hay muchas personas que estudian Traducción e Interpretación por el simple hecho de que les gustan los idiomas, lo cual está muy bien, pero para ser traductor no te tienen que gustar los idiomas, te tiene que gustar traducir y todo lo que ello conlleva. Si no nos seduce la idea de pasar horas sentados delante del ordenador, batallando con términos que desconocemos y cuyo significado no encontramos por ninguna parte, bregando con el programa informático de turno que se nos ha colgado o que parece tener vida propia y no hace lo que queremos que haga, lidiando con clientes que lo quieren todo «para mañana» (o, mejor aún, para ayer), es mejor que nos dediquemos a otra cosa. Como cuenta Olli Carreira en este artículo, hay muchas alternativas laborales para un traductor.

Para decidir si queremos ejercer de traductores conviene definir cómo es realmente la profesión del traductor y desmitificar las creencias que parecen haberse instalado en la sociedad acerca de este oficio. La idea del traductor que trabaja en la ONU o en la Comisión Europea, o bien que traduce libros, que disfruta con cada texto que traduce porque es superinteresante, que viaja mucho, que es cosmopolita, que lleva una vida bohemia y relajada, es total o parcialmente infundada. La realidad es mucho menos idílica: la mayoría de los traductores vivimos de traducir textos más prosaicos, como contratos, manuales de instrucciones de aparatos varios, páginas web de empresas, informes financieros, material publicitario, etc.; estamos todo el día enclaustrados en casa (o en la oficina), sentados delante del ordenador 8, 10 o 12 horas (o las que cada cual considere oportunas según sus circunstancias personales y su resistencia física y mental), tecleando a toda velocidad para terminar esa dichosa traducción (técnica, médica, jurídica, financiera) que tantos quebraderos de cabeza nos ha dado y cuyo plazo de entrega se nos está echando encima. Bueno, claro está que nuestro trabajo no siempre es así, y quizá estoy exagerando un poco, pero este panorama se ajusta más a la realidad que el concepto de traductor como espécimen humanista que traduce libros o que trabaja en una organización internacional de altos vuelos.

Si después de reflexionar sobre todo esto todavía nos quedan fuerzas y ánimos para ser traductores y tenemos claro que ese es nuestro camino en la vida, el siguiente paso debería ser decidir si queremos trabajar en plantilla o como autónomos (freelance). Pablo Muñoz, en su blog Algo más que traducir, publicó un excelente artículo sobre este tema. Seguramente lo ideal sería empezar como traductor en plantilla (en una agencia de traducción o en una empresa con un equipo de traductores propio) para contar con un sueldo y un horario fijos y tener compañeros a los que poder consultar todas las dudas que tengamos, que supervisen nuestro trabajo y revisen nuestras traducciones. Sin embargo, la mayoría de los traductores somos autónomos: unos empiezan compaginando este trabajo con otro empleo por cuenta ajena hasta que tienen una cartera de clientes lo bastante sólida como para ser autónomos a jornada completa; otros, como yo, empezamos directamente siendo autónomos las 24 horas del día, aunque para esto es imprescindible contar con un respaldo financiero que nos permita salir adelante durante los primeros meses, cuando la actividad todavía no es (muy) rentable. Y es que ser autónomo tiene muchas ventajas, pero también unos cuantos peros. Si queréis descubrirlos, no os perdáis mi siguiente post. ;-)

«Yo soy de los que piensa…» o de los problemas de concordancia

Voy a dedicar la primera entrada «con contenido» de mi blog a un problema gramatical que veo y oigo prácticamente a diario en traductores, periodistas (prensa escrita, radio y televisión) y, por supuesto, gente «de a pie»: la dificultad de concordar correctamente el verbo de ciertas oraciones de relativo con su sujeto gramatical. Así que desempolvo mis apuntes de Lengua Española II, abro el Diccionario panhispánico de dudas para encontrar refuerzos en esta dura batalla y me pongo manos a la obra.

Caso 1: Tú eres el que te equivocas / Yo soy la que lo he hecho

Estas dos frases son oraciones copulativas en las que se enfatiza uno de los argumentos del verbo. Esta enfatización se produce a través de una oración de relativo, que en este caso es el que te equivocas y la que lo he hecho. Pues bien, aquí viene el quid de la cuestión: dado que el sujeto de la oración de relativo es el que y la que respectivamente, el verbo debe ir en tercera persona del singular para que la concordancia gramatical sea estricta:

Tú eres el que/quien se equivoca.
Yo soy la que/quien lo ha hecho.

Esta opción es mayoritaria (y, en mi opinión, preferible) en el habla culta, por lo que es la que deberíamos utilizar los profesionales de la lengua. Aunque la opción de concordar el verbo de la oración de relativo con el sujeto de la oración principal no es estrictamente incorrecta, sí debería quedar relegada al habla coloquial.

Excepción: Cuando en estas estructuras aparecen los pronombres personales nosotros o vosotros, la concordancia con el verbo es en primera o segunda persona del plural:

Fuimos nosotros los que/quienes lo hicimos.
Fuisteis vosotros los que/quienes lo hicisteis.

Caso 2: Yo soy de las que piensa que traducir es muy difícil / Tú eres de los que crees que los niños vienen de París

Lo mismo que he comentado anteriormente se aplica a las construcciones partitivas como estas: el sujeto de la oración de relativo es las que y los que respectivamente, por lo que el verbo debe ir en tercera persona del plural:

Yo soy de las que piensan que traducir es difícil.
Tú eres de los que creen que los niños vienen de París.

Se admite, aunque es poco recomendable, poner el verbo en tercera persona del singular (Yo soy de las que piensa…), pero en ningún caso es aceptable la concordancia en primera o segunda persona del singular (Tú eres de los que crees…).

Caso 3: Brad Pitt es uno de los actores que más cobra / Yo soy una de las que vino

Se trata del mismo caso que el descrito anteriormente. Si os fijáis, en el caso 2 simplemente se ha elidido el indefinido uno. Por tanto, las reglas son las mismas:

Yo soy una de las que vino. > Es incorrecto poner el verbo en primera persona del singular. Oración correcta: Yo soy una de las que vinieron.

Brad Pitt es uno de los actores que más cobra. > El verbo debe ir preferentemente en tercera persona del plural, en concordancia con su sujeto gramatical: Brad Pitt es uno de los actores que más cobran. ¿A que no diríamos Brad Pitt es uno de los actores más guapo, sino Brad Pitt es uno de los actores más guapos? Pues con las oraciones de relativo sucede lo mismo.

Si habéis conseguido llegar al final de esta entrada (sé que es difícil de digerir), enhorabuena y gracias por haber leído mi primer post «serio». :-)

Fuente: Diccionario panhispánico de dudas, entrada «Concordancia».

Inauguración y declaración de intenciones

Bienvenidos a mi nuevo blog, que nace hoy con la intención de llegar, por lo menos, a su primer aniversario. :-)

Lo cierto es que no ha sido fácil decidirme a crear mi propia bitácora. Mantener un blog es una tarea que requiere esfuerzo, dedicación y constancia, pero la recompensa (la satisfacción de que la gente te lea y te siga, el estímulo de ejercitar mis dotes de escritora, largo tiempo olvidadas, y, por supuesto, el valor comercial y promocional) creo que bien merece la pena.

Ya hay multitud de blogs sobre traducción y materias afines, algunos tan sobresalientes como Algo más que traducir, La paradoja de Chomsky o El taller del traductor. Pero como cada traductor tiene su forma de ver las cosas y contarlas, creo que puedo aportar nuevas perspectivas.

Mi intención es escribir sobre la práctica de la traducción, sobre el oficio y el día a día del traductor profesional autónomo (incluyendo experiencias personales) y sobre lengua española, tan maltratada en estos tiempos que corren. También me gustaría redactar una serie de artículos que sirvan a los traductores noveles como guía para encontrar su camino en el proceloso mundo de la traducción autónoma. En su día yo recibí esa ayuda de otros profesionales y sitios web, así que me gustaría devolver ese favor, aunque sea a terceras personas.

El blog está dirigido fundamentalmente a:

  • traductores noveles que dan sus primeros pasos y andan un poco perdidos;
  • traductores más veteranos interesados en conocer las opiniones y experiencias de una colega con el fin de extraer, por qué no, alguna idea interesante;
  • personas que desconocen cómo es el oficio del traductor, pero que están interesadas en descubrirlo.

Pretendo escribir un blog serio, pero no excesivamente formal. Mi intención es actualizarlo como mínimo una vez al mes, aunque publicar dos o tres entradas mensuales sería lo ideal. Espero que la acogida sea buena. ¡Bienvenidos a bordo!

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