La maldad de la lengua

Leo en elmundo.es que el Senado ha implantado un servicio de interpretación simultánea que costará 350 000 euros al año (a cargo de las arcas públicas, of course) para que sus señorías puedan expresarse en sus respectivas lenguas autonómicas, a pesar de que, obviamente, todos conocen y dominan perfectamente el castellano. Este disparate hace que me pregunte con asombro y amargura cuándo la lengua dejó de ser lo que únicamente debería ser, es decir, una herramienta de comunicación entre personas, un factor de diversidad cultural y un elemento de enriquecimiento personal y profesional, para convertirse en un instrumento politizado, de diferenciación y exclusión, de orgullo nacional(ista) u ofensa y en motivo de enfrentamiento entre sus hablantes. Y no solo eso: mención especial merecen también todas las estupideces y circunloquios que se han inventado para no herir la sensibilidad de aquellos que se ofenden por el simple hecho de utilizar la lengua como es, aun sin ninguna connotación peyorativa. Me estoy refiriendo a los que ven sexismo y machismo en decir simplemente ciudadanos españoles en vez de ciudadanos y ciudadanas españoles y españolas, a los que inventan palabras como miembra en su enfermizo afán por darle notoriedad a la mujer, a los que creen que decir negro o moro denota xenofobia. He aquí, pues, un ejemplo de cómo envenenar algo que en sí mismo es inocuo. La maldad no está en la lengua, sino en quienes la utilizan.

Sobre este asunto os recomiendo que leáis estos excelentes artículos de Arturo Pérez-Reverte:

«Pinchos magrebíes»

«Clientes y clientas»

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15 pensamientos en “La maldad de la lengua

  1. Chus 20/01/2011 en 09:44

    Yo es que a Perez Reverte le he cogido manía porque me da rabia que un catedrático de la lengua, que tan bien sabe usarla (como bien ha demostrado muchas veces), se dedique a argumentar las cosas a base de insultos barriobajeros y palabrotas, que con su afán de destacar por políticamente incorrecto a veces en sus textos siembra más palabras para el escándalo que verbos. Que un poco de pimienta a mi también me agrada… pero creo que él abusa para llamar la atención y tener fama de malo.

    Por lo demás, en cuanto al tema central de la entrada, comparto tu amargura por cómo transforman una herramienta cuya función original es unirnos, en armas para separar. Aunque míralo por el lado positivo: más trabajo para el sector.

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  2. Alberto 20/01/2011 en 19:16

    Quieras que no, siempre resulta un arma de doble filo. Esto yo lo veo como lo de los toros en Cataluña. Es evidente que lo han hecho por lo que lo han hecho pero me alegro del paso que han dado porque significa el principio del fin para la tauromaquia en nuestro país. En este caso se están utilizando las lenguas como arma política para “diferenciarse” aunque resulta de cajón que lo del Senado es una pérdida de tiempo y muy poco práctico.

    Si todos hablamos castellano por qué malgastar tiempo y esfuerzo en que tres o cuatro se vayan contentos a casa pensando que se han salido con la suya un día más (como un niño que hace saltar la alarma de un coche con una piedra y sale corriendo para jactarse luego frente a sus amigos de su valentía. Absurdo). En el ayuntamiento de un pueblo de Lérida que hablen catalán si quieren o vasco en uno de Álava o gallego en uno de Orense pero en el Senado del gobierno central de España que se hable español/castellano. Evidentemente hay que respetar la cooficialidad de las lenguas y yo me enorgullezco el primero de la pluralidad lingüística de nuestro país pero cada cosa en su sitio y no mezclemos con segundas intenciones, que para detrimento de muchos que saben ser vascos, catalanes o gallegos a la vez que españoles, hay algunos que toman lo de la lengua por bandera y en cuanto das la mano te agarran todo el brazo.

    Pero al igual que en el ejemplo de los toros y como bien decís, al menos la medida se traduce en más trabajo para nuestro gremio. Eso siempre es buena noticia 🙂

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  3. Joan Parra 20/01/2011 en 21:35

    En primer lugar, no veo qué tiene de malo que alguien hable su lengua materna en una cámara de representación popular, sobre todo si esa lengua es oficial. ¿Qué tiene que ver eso con la diferenciación, la exclusión y el orgullo? Los gallegos no hablan gallego para diferenciarse de nadie, lo hablan porque es lo que aprendieron de pequeños. En segundo lugar, hay que recordar que la traducción es un servicio que tiene un coste, como los profesionales de la traducción sabemos bien. Nadie debe escandalizarse porque se remunere de manera justa nuestro trabajo.
    La lengua no es una herramienta de comunicación inmersa en un medio inocuo y estéril. No puede entenderse fuera de un contexto cultural. Y uno de los elementos de ese contexto es la identidad. Nadie puede negar que la lengua es un elemento que ayuda a definir la identidad, más allá de la mera necesidad de comunicarse. Ver que el uso del catalán en una de las cámaras parlamentarias (con el coste económico que implica, faltaría más) levanta tanto rechazo resulta muy decepcionante. Si no se empieza a aceptar, con algo más que declaraciones de buena voluntad, que España es un país multilingüe, me temo que cada vez vamos a ser menos los que creemos que ser plenamente catalán y español es compatible. Si no se hacen gestos de este tipo, ¿cómo vamos a convencer a nuestros conciudadanos independentistas de que Cataluña puede conservar su personalidad dentro de España? Si España sabe respetar a sus minorías lingüísticas (algo que hasta ahora no ha hecho), los independentistas tendrán un argumento menos.

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  4. Tatenori 21/01/2011 en 06:47

    Buenas. Contestándote a ti y a Pérez-Reverte, la palabra “moro” no es que sea xenófoba, es que es deliberadamente imprecisa. Si la usas en su contexto histórico como dice él, por supuesto es correcta (y no hay otra mejor). Pero donde no se moja es en que si la usas para referirte a los “moros” actuales (que estrictamente hablando ya no son “moros”), se trata de un término coloquial que incluye tanto a árabes como a musulmanes y por tanto es incorrecto y descuidado: hay árabes cristianos, musulmanes que ni son árabes ni hablan árabe (los indonesios, por ejemplo), etc. Me parece una falta de respeto hablar con esa dejadez y meter a todos en el mismo saco (como cuando se llama “chinos” a todos los asiáticos). Cuando alguien dice que en su barrio ha aumentado el número de “moros”, está siendo bastante ignorante (no sé si xenófobo), a no ser que sean auténticos “moros” venidos en una máquina del tiempo (los del Cid y esas cosas que dice Reverte).

    Me parece incorrecto (argumentativamente hablando) defender el uso de la palabra “moro” como término no xenófobo sin referirnos a su uso en la actualidad o sin especificar “moro en su sentido histórico y cultural”. En otras palabras, si a alguien le dices que puede usar “moro” porque no es xenófobo (y le sueltas una perorata erudita como hace Reverte), le tendrías que explicar un poquito más el contexto, porque si no, va a seguir llamando “moros” a sus vecinos. Tú hablas de la maldad, pero a veces la ignorancia y la falta de exactitud hacen más daño incluso, ¿no?

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  5. Isabel García Cutillas 21/01/2011 en 10:52

    Gracias a todos por comentar y por enriquecer el debate con vuestros puntos de vista, muy interesantes. En primer lugar me gustaría aclarar un par de cosas respecto al tema de los intérpretes en el Senado:

    1 – Lógicamente, me alegro por los colegas intérpretes escogidos para esa tarea (no hay mal que por bien no venga, jeje) y estoy de acuerdo con que se les remunere de forma justa (¡faltaría más!).

    2 – Me enorgullece que España sea un país multilingüe y opino que las lenguas cooficiales minoritarias son dignas del mismo respeto, defensa y protección que el castellano. Hasta ahí ningún problema. Lo que no entiendo es que se gaste una cantidad importante de dinero de las arcas públicas en un servicio de interpretación absolutamente innecesario. Decía Joan que los gallegos no hablan gallego para diferenciarse de nadie, sino porque lo aprendieron de pequeños. Desde mi punto de vista, en el caso del Senado, hablar en gallego, euskera o catalán/valenciano solamente tiene como fin significarse. Cierto es que la lengua no es solo un instrumento de comunicación, sino que también define nuestra identidad, pero yo creo que esto último no puede estar por encima de aquello, y menos aún si nos cuesta dinero a todos los españoles. Y es que sus señorías también aprendieron castellano de pequeños, así que ¿qué les impide expresarse en ese idioma, común a todos, y ahorrarnos así 350.000 euros de gasto en intérpretes? En mi opinión, lo que genera rechazo en la ciudadanía en este caso no es que se use el catalán (o el gallego o el euskera) en una cámara parlamentaria, sino que eso conlleve un coste superfluo cuando todos podrían entenderse en castellano. De ahí que piense que se está usando la lengua como un instrumento político, de diferenciación y orgullo nacional(ista).

    En cuanto a la argumentación de Tatenori, estoy de acuerdo con que la palabra moro es imprecisa (has explicado perfectamente el porqué), pero no xenófoba en sí misma. Lo es si se utiliza en tono despectivo, como tantos otros vocablos. Y hacia ahí iba dirigida mi crítica: hacia todos los que ven racismo en la palabra moro independientemente del uso que se le dé, incluso cuando se utiliza en un sentido histórico como el que tú apuntabas.

    Espero haber dejado un poco más clara mi postura y, por supuesto, acepto encantada vuestras réplicas. 🙂

    Saludos y buen finde a todos,
    Isabel

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  6. Matias 21/01/2011 en 16:18

    Como decían los de Gomaespuma: “¡¡¡No, si dinero no habrá, pero para “tontás”…!!!”. Y más con la crisis que está cayendo.

    Aquí se ve que la lengua está claramente politizada. Cuando se meten los políticos por medio hay que echarse a temblar.

    Un saludo

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  7. Pablo Bouvier 24/01/2011 en 11:26

    Sin menoscabo del respeto por la cooficialidad de los distintos idiomas nacionales, la utilización de intérpretes en el Senado se me antoja un «dislate mayúsculo», además de una estafa más a los, ya de por sí, sufridos contribuyentes, cuando Sus Ñoñerías, cinco minutos antes de entrar a la Cámara, están charlando tranquilamente por los pasillos, o en la cafetería, en un idioma común.

    Y tengo serias dudas de que este hecho contribuya, en lo más mínimo, a dignificar y pretigiar la profesión del traductor-intérprete, porque, hasta la fecha y nacionalismos y nacionalistas aparte, lo único que ha llovido han sido las críticas…

    Por cierto…¿los intépretes del Senado también pagan el impuesto muncicipal de recogida de residuos sólidos…?

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  8. Heinrich Allers 25/01/2011 en 02:28

    Cuando me enteré del disgusto que hay entre algunos en cuanto a la traducción simultánea en el Senado del Estado Español me informé sobre cómo las cosas van al respecto en Suiza y Bélgica: en las cámaras parlamentarias de aquellos países plurilingües sí hay traducción simultánea. Entonces me pregunto de qué se puede quejarse en España. ¿Hay un artículo en la constitución que dice que quien quiere formar parte del Senado (o del Congreso) tiene que dominar perfectamente el castellano?

    Y hablando de los gastos: España (igual como Bélgica) se permite el lujo de mantener una Casa Real que seguro que cuesta más que el servicio de traducción simultánea en el Senado de España. Ante este hecho: ¿Es justo polemizar contra este servicio de traducción simultánea?

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    • Isabel García Cutillas 25/01/2011 en 06:59

      Hola, Heinrich:

      Gracias por tu aportación. No conozco a fondo la situación en Suiza y Bélgica, pero creo que, al menos en Suiza, no es equiparable a la española, pues en Suiza no existe un idioma común a todos que se hable en todo el país. En cada cantón se habla una lengua. Dice la constitución española:

      1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el
      deber de conocerla y el derecho a usarla.
      2. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas
      Comunidades Autónomas
      de acuerdo con sus Estatutos.

      Respecto a la Casa Real, probablemente tengas razón, pero si no existiera habría que mantener igualmente un sistema republicano. De todas formas, ese no es el tema de debate aquí.

      Un saludo,
      Isabel

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  9. Joan Parra 27/01/2011 en 09:35

    El ejemplo de Suiza es muy revelador. Precisamente ahí está el fondo de la cuestión. A diferencia de lo ocurrido en Suiza, aquí una de las lenguas , el español, ha intentado imponerse sobre las demás en todo el territorio por las buenas o por las malas, y en gran parte lo ha conseguido. Y como vemos, cualquier intento de enmendar esa situación y devolver a las otras lenguas el respeto y el estatus que merecen choca con un auténtico muro de incomprensión.

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    • Alberto 28/01/2011 en 05:17

      Con todos mis respetos Joan, creo que estás muy equivocado. Precisamente el ejemplo de Suiza no es comparable al caso de España pues como bien ha indicado Isabel, allí no existe una lengua común a TODOS los ciudadanos. En España, no es que el castellano se haya “impuesto” sobre las demás; siendo común a ABSOLUTAMENTE TODOS los españoles (salvo excepciones muy puntuales), es de sentido común su uso por encima de otras lenguas co-oficiales en asuntos del estado central. No existe tal imposición porque nadie le niega la co-oficialidad, como dice la Constitución, en sus respectivas Comunidades Autónomas. Es más, me atrevo a decir que es precisamente en dichas Comunidades donde en ocasiones se han dado casos de “imposición” (por usar tus palabras) de la lengua propia por encima del castellano. Yo desde luego, considero que multar hasta con 10.000€ por no rotular un comercio en catalán, aunque el dueño sea de Albacete, sí que es, y vuelvo a citarte, “imponerse por las buenas o por las malas“.

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  10. Pablo Bouvier 08/02/2011 en 11:28

    Existe una diferencia evidente y abismal entre Suiza y España. Suiza es un país rico y España no.
    Suiza tiene una administración saneada. España no. La administración suiza no malgasta un céntimo de franco suizo. La administración española, no hace otra cosa que dilapidar a diario centenares de miles de euros del contribuyente en subvenciones de más que dudosa legitimidad a amiguetes ceja-titiriteros, sgaeros y a otras especies varias de inútiles e inutilidades.

    Comparar Suiza o Bélgica con España, es como comparar el maglev con el tren especial de vendimiadores de los años sesenta a setenta, conocido también como «el borreguero». Actualmente, los trabajadores del sur y de otras muchas regiones agrícolas españolas, se ven obligados de nuevo a ir a vendimiar en Francia, gracias a la estúpida y más que interesada tolerancia gubernativa con la inmigración ilegal. Pero, eso sí, «que no te pillen fumando en tu propio negocio» o que «contrates antes a un español que a un inmigrante», porque la que te cae es de órdago…

    Así que, gracias a este tipo de dislates -que aguantamos sin rechistar – hemos retrocedido, no diez años, sino cincuenta. Y, mientras seguimos debatiendo que si son galgos o podencos, unos cuantos arribistas privilegiados seguirán vaciando sin piedad nuestros bolsillos con el afán de seguir subvencionando y financiando sus dislates a nuestra costa.

    Ya lo decía Julio César: Panem et circenses. Pero, aquí lo que hay es mucho circo, pero de pan poco o, más bien, nada de nada. Os sugiero leer a Arturo Pérez Reverte, que no es precisamente santo de mi devoción, pero, en esta ocasión, no puedo menos que darle toda la razón al colega.

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  11. Ana Maria Cadavid 10/03/2011 en 17:57

    Felicitaciones! lo expresas muy bien. Directa y clara. Comparto todo lo dicho, aqui tambien suceden cosas similares.
    Saludos, luego leere mas.

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  12. PauD 15/03/2011 en 16:54

    Creo que hay que empezar a cambiar el chip sobre lo que llamáis “lengua común”:

    Felicidades por el blog! 🙂

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