Éxito profesional

La escuela de la vida: lecciones prácticas sobre el trabajo del traductor

Hace ya cinco años que metí la cabeza en el sector de la traducción. A algunos (los principiantes), ese tiempo les parecerá todo un récord; a otros (los veteranos), esos añitos les parecerán casi como si fueran cuatro días. En cualquier caso, es tiempo suficiente para haber aprendido unas cuantas lecciones sobre esta profesión. Algunas las he aprendido por mí misma, por mi propia experiencia; otras son el fruto de escuchar y leer a traductores mucho más experimentados que yo, de los que ahora comprendo cuánta razón tenían en sus argumentos. Muchas de esas enseñanzas ya las conocéis por algunos de mis artículos, pero me gustaría hacer una sinopsis:

Sobre los clientes

  • A la larga solo merece la pena trabajar con clientes buenos (o relativamente buenos). Un mal cliente no es un cliente, es un quebradero de cabeza.
  • Los mejores clientes, con honrosas excepciones, no suelen estar en España. Casualmente, los clientes que no regatean las tarifas, que no lo quieren todo para mañana, que te tratan de igual a igual, suelen ser también los más formales y fieles, capaces de amoldarse a tus plazos de entrega con tal de que tú les hagas el trabajo.
  • No tiene sentido ponerse barreras y limitarse a buscar clientes en el mercado local o nacional cuando nuestro mercado es el mundo entero.

Sobre las tarifas

  • Las tarifas bajas son una buena solución para conseguir clientes y trabajos más fácilmente como medida provisional con el fin de adquirir experiencia u obtener ingresos de urgencia, pero no son sostenibles a largo plazo. Solo hay dos desenlaces posibles: que nos matemos a trabajar para ganar un «sueldo» decente a fin de mes, lo que nos arrebata todo rastro de vida privada y nos acaba por desquiciar y hacer aborrecer nuestra profesión, o bien que nos muramos de hambre porque no ganamos lo suficiente para subsistir. Yo al principio también creía que cobrar poco no era tan malo y que eso no significaba hacer un peor trabajo, pero con el tiempo te das cuenta de que esa idea es equivocada.
  • Es absurdo indignarse por el hecho de que otros cobren o paguen tarifas irrisorias. Sí, a todos nos hierve la sangre cuando vemos ofertas de 2 céntimos por palabra, pero una vez pasado el sofocón y el desahogo, es mejor dedicarse a otros menesteres. No tiene sentido perder el tiempo y dedicar esfuerzos a hablar de denuncias, leyes, colegios de traductores, etc. como medida para combatir lo que no tiene arreglo posible, y menos en un mercado globalizado; es más fructífero dedicar nuestros esfuerzos a buscar nichos de mercado más interesantes, que los hay.
  • Los descuentos por volumen no tienen ninguna razón de ser. Si un cliente nos da tanto trabajo que prácticamente nos monopoliza y nos impide aceptar encargos de otros clientes, tendríamos que aplicar un recargo de exclusividad, no un descuento. Además, que un proyecto sea largo solo implica que nos llevará más tiempo terminarlo y que será más engorroso revisarlo, hacer correcciones si decidimos cambiar algo sobre la marcha, etc. Nuevamente, sería más lógico aplicar un recargo que un descuento.

Sobre los trabajos y la negociación con los clientes

  • Conviene seleccionar los trabajos y los clientes y no decirle a todo que sí. Tarde o temprano, eso nos conduciría a meter la pata hasta el corvejón, bien porque hayamos aceptado un plazo de entrega demasiado ajustado que no hemos podido cumplir; bien porque hayamos aceptado un trabajo para el que no estábamos suficientemente cualificados; bien porque el trabajo era un engorro o marrón, o bien porque hemos perdido tiempo o dinero con un trabajo mal pagado (o no pagado en absoluto). Más vale tener tiempo libre y dedicarlo a otras tareas (profesionales y personales) que estar empantanado con trabajos que nos aportan poco o nada y nos producen hartazgo y frustración.
  • Antes de aceptar un encargo de un cliente nuevo, hay que negociar y dejar bien claras las condiciones de pago. Y antes de aceptar cualquier encargo, sea de un cliente nuevo o recurrente, hay que dejar bien claras las instrucciones del trabajo y el plazo de entrega.
  • Es recomendable negociar las tarifas antes de hacer pruebas de traducción. No tiene sentido perder el tiempo con una prueba para que luego te digan que te pagarán 3 céntimos por palabra.
  • Salir unos minutos de la oficina o no estar todo el rato pendiente del correo electrónico no es el fin del mundo; en la mayoría de los casos, los clientes pueden esperar un poco.
  • El 99 % de los encargos superurgentes dejan de serlo en cuanto le hablas al cliente de un recargo por urgencia. Muchas veces, los plazos de entrega superurgentes pueden negociarse para acordar un plazo conveniente para todos.
  • No conviene salir corriendo de la oficina en cuanto entregamos un trabajo, porque puede haber problemas con la entrega (envío de archivos equivocados, dificultades para abrir el archivo, etc.), y es necesario que estemos ahí para solucionarlos cuanto antes.
  • Si no entiendes algo, pregunta; en la mayoría de los casos, el cliente estará dispuesto a ayudarte de mil amores.
  • Ninguna traducción es perfecta, y hay mil formas de decir las cosas. Hay traducciones malas, mediocres, buenas y excepcionales, pero todas son susceptibles de mejora en algún u otro aspecto. Somos humanos, nos equivocamos, cometemos errores, hay otras personas que tienen ideas mejores que las nuestras; debemos aprender a valorar las correcciones que enriquecen y mejoran nuestro trabajo.

Sobre la gestión de nuestro negocio

  • La facturación mensual de un traductor no equivale a sus beneficios o ingresos netos mensuales. Debemos descontar gastos profesionales, impuestos, etc., por lo que es muy importante planificar nuestras finanzas y ahorrar para las vacas flacas.
  • El ordenador y el mobiliario de oficina son las herramientas básicas de un traductor, por lo que conviene invertir en ellas.
  • Es recomendable no depender de un solo cliente. Que un cliente nos dé mucho trabajo periódicamente es una garantía y una tranquilidad a corto plazo, pero a la larga puede suponer el fin de nuestro negocio si ese cliente desaparece. Mejor poner los huevos en diferentes cestas y no en una sola.

Sobre los colegas

  • Internet está lleno de espacios virtuales en los que compartir nuestras experiencias con otros traductores, aprender de ellos y recabar su ayuda.

Sobre nosotros mismos

  • La mejor publicidad es el boca a boca. Conviene cuidar nuestra imagen profesional, incluso aunque estemos entre colegas, porque nunca se sabe dónde podemos encontrar un cliente.
  • Labrarse un porvenir requiere esfuerzo: de publicidad, de networking, de interacción con otros traductores, de escribir un blog, de mantener una página web… Hay que moverse y mantenerse activo.
  • Es imprescindible tomarse vacaciones de vez en cuando, y no pasa nada por estar desconectado una o dos semanas. Los clientes buenos seguirán estando ahí a la vuelta. Véase «Cerrado por vacaciones… más o menos».
  • Los traductores autónomos somos eso, autónomos, independientes, y esa es la mentalidad que debemos tener. Debemos asumir que nosotros somos los únicos dueños de nuestro trabajo, de nuestro negocio y de nuestras decisiones, y no tenemos por qué someternos a ningún «jefe» (cliente). Cada uno decide qué camino seguir; nadie nos obliga a autoexplotarnos, así que no vale quejarse. Véase «El traductor quejica».
  • Los traductores debemos reciclarnos y reinventarnos: mejorar nuestras competencias lingüísticas, actualizar nuestros conocimientos, explorar especialidades nuevas, aprender el manejo de nuevas herramientas informáticas. Quedarse parado demasiado tiempo supone quedarse fuera del mercado (o del mercado en el que nos gustaría estar).

34 comentarios en “La escuela de la vida: lecciones prácticas sobre el trabajo del traductor”

  1. “Sí, a todos nos hierve la sangre cuando vemos ofertas de 2 céntimos por palabra, pero una vez pasado el sofocón y el desahogo, es mejor dedicarse a otros menesteres”.

    Por supuesto, como redactar un artículo que pareciera querer despertar a los que se han dejado seducir por cantos de sirena.

    ¡Felicitaciones!

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  2. Estupendo artículo Isabel!

    Como decía Pablo, de los hay que imprimir y colgar en la pared, porque a veces se nos olvida aprender de nuestros errores y disfrutar de nuestro trabajo.

    Un abrazo!

    ^_^ Carmina

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  3. ¡Hola! Descubrí tu blog hace poquito y me encanta ¡FELICITACIONES! Coincido 100% con lo que planteás en esta entrada 🙂
    Saludos desde Buenos Aires,
    Valeria (Traductora Pública de Inglés)

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  4. Magnifico resumen, Isabel.
    Muchas gracias por ordenar y exponer de maravilla lo que casi todos opinamos despues de muchos anos en el mercado. Sin duda deberia leerlo todo estudiante/aspirante a traductor.

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  5. Muy buenas, Isabel.

    Aparte del «recargo por urgencia», ese mantra mágico para que se esfumen las prisas, creo que te ha faltado mencionar otra frase igual de maravillosa. Se hace así: mientras hablas con el cliente, de repente te paras, cierras los ojos, ahuecas la voz y susurras de forma enigmática recargo por PDF… ¡Tadá! Y aparecen docs de debajo de las piedras.

    Un besote.

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  6. Me ha encantado este artículo, Isabel. Sinceramente me abre un poquito más los ojos ante esta profesión, que es la que también comparto contigo.

    Gracias y un saludo,

    Ana.

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  7. ¡Qué buena entrada! Tienes mucha razón en lo que dices, y deberíamos seguir esos consejos para seguir amando nuestra profesión. Deberías haber llamado al artículo «La Biblia del traductor autónomo». 🙂

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  8. Buenos días, Isabel:

    Una entrada excelente y llena de sensatez. Me ha encantado lo del recargo por exclusividad. Eso sí que no lo había pensado y creo que es labor nuestra dárselo a entender a los clientes. Los buenos (que no los malos) suelen comprender muy bien los argumentos que les exponemos cuando lo hacemos con transparencia y sinceridad, exponiendo los motivos detalladamente. No hay que tener miedo, pues con los clientes buenos siempre se dialoga y se llega a un acuerdo que beneficie a ambas partes (para ello habrá que transmitir en nuestras comunicaciones los beneficios también para el cliente y dejar que los detecte -vamos, sutileza-, la situación debe ser “yo gano-tú ganas”).

    ¡Al próximo gran volumen, recargo de exclusividad!

    PD: yo no soy nada partidaria de los descuentos por gran volumen (por los motivos que expones) y no los he aplicado jamás. Ni siquiera al principio. ¡Pero no se me había ocurrido cómo combatirlo! You are a genius! xD

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