De cómo encontré mi horario de trabajo ideal

En mi penúltima entrada hablé de la conveniencia de establecer un horario de trabajo más o menos fijo, adaptado a nuestras necesidades y obligaciones, y expliqué el horario laboral que yo sigo. Hoy, sin embargo, os confesaré algo que seguramente ya supondréis: no siempre he tenido el mismo horario de trabajo; de hecho, he tardado más de cinco años en llegar hasta donde estoy ahora.

Al principio, por el entusiasmo de trabajar, el afán de no perder trabajos y clientes y la ausencia de obligaciones domésticas y familiares, empezaba la jornada de trabajo pasadas las 9:00 y no terminaba hasta las 20:30. Trabajaba incluso los sábados, los festivos y los domingos por la mañana. Más adelante, a medida que se fueron extinguiendo esa abnegación y ese empuje inicial y empecé a querer disfrutar más de mi tiempo libre, decidí adelantar el inicio y el fin de la jornada laboral. Paralelamente comencé también a superar el miedo a perder encargos y clientes por no estar siempre disponible. Así que me dije: ¿por qué no empezar un poco antes, sobre las 8:30, y terminar a las 19:30? Y probé. Y vi que no se acababa el mundo por echar el cierre antes de las 20:30. Y me gustó terminar una hora antes y tener así una hora más para mí misma.

El siguiente paso fue recortar un poco la jornada para no pasarme nueve o diez horas delante del ordenador. Así, primero decidí apagar el ordenador a las 19:00; más adelante, a las 18:30; luego, a las 18:00. Decidí incluso trabajar solo los sábados por la mañana (y no todo el fin de semana) y tomarme algún festivo libre. Pero mi osadía no se detuvo ahí y me llevó más lejos: a dejar de trabajar totalmente los fines de semana e intentar cogerme libres todos los festivos. Y también hice algo muy importante: empecé a dedicar parte de la jornada a buscar clientes nuevos aunque ya tuviese trabajo, a leer blogs, estar activa en la red y hacer otras tareas no remuneradas relacionadas con la traducción e importantes para mejorar mi trabajo y mi imagen profesional. Y así, poquito a poco, he llegado al horario que tengo hoy.

Con mi historia quiero demostrar básicamente dos cosas: que hace falta tiempo y experiencia para encontrar tu horario de trabajo ideal y que si quieres, puedes. Porque, sí, es posible no vivir esclavizado por el trabajo y tomar las riendas de tu vida profesional para encauzarla hacia donde quieres dirigirte.

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12 pensamientos en “De cómo encontré mi horario de trabajo ideal

  1. joanbanach 14/11/2011 en 17:41

    Entrada muy interesante. Yo llevo un tiempo, no mucho, en el gremio y me encuentro que es complicado marcar un horario fijo pues hasta la fecha no dispongo de un flujo de trabajo regular y cuando llega debes dedicarte mucho tiempo para entregar el trabajo a tiempo y con la calidad deseada. Sin embargo, cuando el trabajo llega menos sí que es más fácil hacer jornadas más “normales” aunque no sean de traducción pura. Me pregunto cuánto tiempo te llevó organizarte de esta forma, creo que puede servirnos a muchos.

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    • Isabel García Cutillas 14/11/2011 en 18:08

      Hola, Joan:

      Gracias por tu comentario. Como he dicho en la entrada, he tardado cinco años (desde que empecé a trabajar como traductora autónoma) en tener mi «horario de oficina» actual. Al principio, cuando uno rebosa entusiasmo y ganas de trabajar a tope, es normal (y supongo que es lo que hay que hacer) dedicarle muchas horas para poder establecerse y conseguir clientes, pero con el tiempo, conforme vayas consiguiendo trabajo habitual, experiencia y práctica, verás que es fundamental tener un orden y poner límites para no quemarse y poder compaginar tu vida profesional con tu vida personal. Sin embargo, no hay fórmulas mágicas; cada uno debe encontrar el método y el horario de trabajo que mejor se adapten a sus circunstancias.

      Un saludo,
      Isabel

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  2. Ana 14/11/2011 en 20:10

    Llevo 3 años y pico como traductora autónoma y me acabo de dar cuenta de que me paso 12 horas diarias delante del ordenador, no me planteo apagarlo ni cuando me voy de casa y trabajo casi todo los fines de semana por eso de “ganarle tiempo al tiempo”… Gracias a tu entrada anterior, he decidido hacer un experimento: mañana me pongo en despertador a las 7:30. Deseadme suerte!
    A.

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  3. Curri Barceló 14/11/2011 en 20:52

    Yo si tengo un proyecto grande, sí que consigo más o menos hacer un horario fijo. El problema es precisamente ese: conseguir tener cosas que hacer cada día y que no ten envíen documentos a las 4 de la tarde para el día siguiente.

    Pero muchas gracias, Isabel, por los ánimos. Seguiremos luchando 🙂

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    • Isabel García Cutillas 15/11/2011 en 07:40

      Claro, todo depende del tipo de clientes y trabajos que tengamos. El truco está en encontrar clientes que no lo quieran todo «para mañana» y en saber decir no cuando nos meten más prisa de la debida, aunque no sé si eso será mucho pedir en el sector de los videojuegos. En fin, ánimo y paciencia. 🙂

      Saludos,
      Isabel

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  4. joanbanach 14/11/2011 en 21:07

    Muchas gracias Isabel. Tendré paciencia y espero llegar a una situación similar a la tuya. 🙂

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  5. OMG 15/11/2011 en 00:21

    Has hecho muy bien, de verdad. La vida no se basa en trabajar, a pesar de que ocupa gran parte de nuestro tiempo, hemos de saber como conciliar la vida personal con la profesional, y en muchas ocasiones depende más de nosotros de lo que nos pensamos.

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  6. Ana Barea Pérez (@plurilinguae) 07/12/2011 en 23:16

    Hola Isabel,

    Gracias por compartir tu experiencia. La verdad que me servirá de ejemplo para llegar algún día a ponerme un horario mejor establecido. Yo no sé si tendrás oficina en casa o en algún otro sitio, pero lo que sí sé es que es complicado, al menos para mí, ponerme un horario de oficina cuando estoy en mi cuarto trabajando…

    Un saludo,

    Ana

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    • Isabel García Cutillas 09/12/2011 en 07:45

      Hola, Ana:

      Yo trabajo en casa. Actualmente tengo una habitación aparte habilitada como oficina (con el equipamiento básico: escritorio, ordenador, archivador de papeles, impresora, etc.), pero durante mucho tiempo estuve trabajando en un escritorio en mi dormitorio y tampoco tenía dificultades para ponerme un horario, aunque es cierto que en ese caso parece más difícil separar tu vida personal de tu vida profesional, puesto que ambas comparten el mismo espacio. No obstante, creo que, independientemente del lugar donde trabajes, el quid de la cuestión está en la actitud: en creerse un profesional con un horario de trabajo como cualquier otro, y no un traductor que traduce en su cuarto. 😉

      Un saludo,
      Isabel

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