Universidad

Traducción e Interpretación: cuando la realidad académica choca con la realidad profesional

Ahora que tengo en prácticas a una estudiante de cuarto curso de Traducción e Interpretación de la Universidad de Alicante (cuyo trabajo podéis leer en su blog), vuelvo a ser consciente de lo mal planteada, diseñada y enfocada que está esta carrera. No quiero decir, ni mucho menos, que sea totalmente inútil; después de todo, sí te proporciona una formación básica que te sitúa en posición de ventaja respecto a aquellos que quieren ser traductores y no tienen esa formación, pero aun así hay mucho margen de mejora.

Desde que empecé las prácticas con Arantxa le he hablado de fiscalidad, de las listas de distribución, de la importancia de estar presente en internet, de cómo definir y vender sus servicios y fijar sus tarifas, del uso de Thunderbird, de los servidores FTP, de cómo agilizar y optimizar el uso de Windows y Word mediante atajos de teclado, del uso de Trados (Workbench), TagEditor y Xbench… En definitiva, de ingredientes que son el pan nuestro de cada día para cualquier traductor, sea autónomo o no, y que, misteriosamente, brillan por su ausencia en la licenciatura. Cuatro años de estudios universitarios tras los cuales tu única posibilidad de hacerte un hueco en el mercado y sobrevivir en él es aprender por tu cuenta todo aquello que deberían haberte enseñado en la carrera y no te han enseñado, como le pasa a Arantxa, como me pasó a mí y como les habrá pasado y les seguirá pasando a tantos otros licenciados. Y es que en la universidad intentan enseñarte a traducir, pero no te enseñan a ser traductor, que son dos cosas bien distintas.

Tengo la impresión de que eso se debe en parte a que todavía se tiene un concepto romántico de la traducción y aún se la considera una actividad embebida de un aire bohemio, místico, filosófico, y no una actividad económica profesional totalmente sumergida en el siglo XXI. A ello se suma, o de ello se deriva, todo un cúmulo de circunstancias: un plan de estudios diseñado por alguien o álguienes que seguramente no tengan ni la más remota idea de en qué consiste realmente nuestra profesión; un montón de asignaturas totalmente inútiles e irrelevantes para nuestro trabajo; un puñado de asignaturas que deberían ser útiles, pero que se quedan en nada porque quienes las imparten nunca han visto un traductor de cerca y no saben enfocarlas adecuadamente hacia nuestro trabajo; otras tantas asignaturas impartidas por traductores anclados en la época de la máquina de escribir; la falta de recursos y medios tecnológicos. La conjunción de esos factores hace posible que acabes la carrera sabiendo, por ejemplo, qué lingüista ideó la teoría de valencias, pero que no tengas ni las más mínimas nociones de ortotipografía, que no sepas cómo hacer una factura o cuáles son tus obligaciones fiscales o que desconozcas los entresijos y secretos de la máquina que te va a dar de comer: el ordenador. Tomando prestada una acertada analogía de mi alumna en prácticas, ¿os imagináis, por ejemplo, un fotógrafo que no conozca más que las funciones básicas de su cámara? Por no hablar de las leyendas urbanas que anidan, en ocasiones alimentadas por los propios profesores, en las tiernas e impresionables cabecitas de los estudiantes: que si de la traducción no se puede vivir; que si uno está capacitado para hacer traducciones inversas y es perfectamente normal (e incluso impepinable) hacerlas en el ejercicio profesional, etc. Y las prácticas preprofesionales no ayudan a desfacer el entuerto, porque muchos de los destinos que se ofrecen tienen tanto que ver con la traducción como un huevo con una castaña.

Creo firmemente que la misión de la universidad, sobre todo en una carrera tan eminentemente práctica como Traducción, debería ser formar profesionales que estén preparados y capacitados para empezar a ejercer su trabajo en la vida real. Al fin y al cabo, la carrera se llama Traducción e Interpretación*, por lo que de ahí deberían salir traductores e intérpretes, no teóricos de la lengua, ni lingüistas, ni profesores de idiomas, aunque esas también puedan ser otras salidas. Pero para ello, entre otras cosas, habrá que contar en las aulas con profesores cuya relación con la traducción vaya más allá del último libro traducido que han leído.

Sé que hablo en general y que no se puede generalizar. Sé también que hay muchos profesores universitarios muy competentes, que se preocupan por sus alumnos y que tratan de formarlos para lo que se van a encontrar ahí fuera cuando se licencien. Yo misma conozco a unos cuantos y fui alumna de otros tantos profesores así, y gracias a ellos, en parte, estoy aquí tantos años después. A todos ellos, gracias. Y a todos los alumnos que andan perdidos, ánimo.

* El misterio de por qué se han metido en el mismo saco dos disciplinas tan dispares, aunque sean hermanas, es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

81 comentarios en “Traducción e Interpretación: cuando la realidad académica choca con la realidad profesional”

  1. Totalmente de acuerdo, Isabel. El enfoque que se le da a la carrera en muchas facultades está más que obsoleto. Es más propio de estudios de humanidades o filosofía que de lo que realmente es la traducción. Supongo que, a medida que los profesores que hay ahora se vayan jubilando (que provienen precisamente, en su mayoría, de filologías, lingüísticas y demás) y se reincorporen al nuevo profesorado auténticos traductores o, cuanto menos, personas de nuestras generaciones, la cosa cambiará. Ojalá cambiase antes, pero no sé por qué soy pesimista en esto. Sobre todo teniendo en cuenta el tema de recortes y aumentos de tasas universitarias y todo eso.

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  2. Hola Oliver!

    Totalmente de acuerdo, parece que suena mal pero no todo el mundo tiene por qué ir a la Universidad. Hace 15 años el ser universitario y tener una carrera marcaba una diferencia clara, formaba profesionales e investigadores, gente que por una razón u otra (mejor salario, trabajo especializado, realización personal, medios suficientes, por amor al arte) entraba a la Universidad y se diferenciaba del resto. El problema es que como brillantemente has dicho, las carreras se han convertido en un Instituto 2. Ya hasta se mira raro a padres cuyos hijos no son universitarios, y en el CV la carrera es solo el primer punto de una lista interminable requerida a veces (ya hablamos de esto por email). La titutlitis, que nos han grabado a fuego en la cabeza.

    Es cierto que es una avance social increíble, que todos podamos tener derecho a una educación. Y aunque hay muchos universitarios, yo NO lo cambiaría por nada del mundo. Eso sí, el nivel podría aumentar o los requisitos una vez dentro de la carrera podrían ser más altos para que así el gobierno no tuviese a 300 alumnos pasando los años con asignaturas arrastradas, sin hacer nada. Porque ese otro punto tuyo también es muy acertado. Es cierto que los planes de estudio en general son deficientes, pero también es cierto que tenemos más recursos que nunca y el que no investiga es porque no quiere. Y lo digo porque yo ahora mismo soy un buen ejemplo de ello. No estoy matriculado en TeI pero no paro de leer revistas, blogs, tutoriales, etc. Y aunque en un papelito no se lee «David es traductor, sino filólogo» creo que poco a poco estoy adquiriendo todo el bagaje que se necesita para ser un traductor profesional (a largo plazo, no exactamente ahora mismo ja, ja).

    Respecto al perfil investigador de las carreras, me sorprende tu respuesta. Perdón si he hablado por hablar, no sabía que hubiese mucha gente investigando y realmente «viviendo de ello». De todos mis profesores de carrera tan solo uno saca bastantes beneficios de su carrera investigadora, el resto sin el sueldo de funcionario estarían perdidos. Igual que los traductores literarios.

    De todas formas, aunque exista gente que investigue, sigo pensando que teniendo en cuenta la proporción alumnos que se gradúan/oportunidades reales en España, es bastante más complicado investigar. No digo que sea imposible, pero creo que, ya que no nos preparan bien para ser investigadores (por materias y por falta de medios), al menos podrían dejarse la piel y asegurarse de que el oficio sí lo aprendemos, ¿no crees?. A mí es que me entra la risa cuando veo a 200 compañeros de clase que jamás han pisado un aula (yo incluido) y el día de mañana tendrán que lidiar con 40 alumnos por clase cada mañana si deciden ser profesores. Igual que el otro día, que una amiga recién licenciada en TeI me confesó que el trados apenas lo habían revisado durante la carrera (cuando el 90% de as agencias te exige alguna herramienta TAO y no bolígrafo y papel).

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  3. Hola, Isabel:

    Yo solo puedo hablar de la UA y creo que tienes toda la razón. Mencionaré solo dos aspectos que creo que representan bastante bien cómo está la situación en esta universidad:

    1) Prácticas preprofesionales: se ofrecen dos asignaturas optativas para realizar prácticas. La idea está muy bien, pero la mayoría de empresas que aparecen en el listado de la asignatura no tienen nada que ver con la traducción. Sin ir más lejos, estaba hasta Carrefour. Al preguntarle al profesor correspondiente qué tipo de labor realizaría un traductor en un hipermercado, me dijo muy tranquilamente que «atención al cliente y eso, claro, porque dudo que necesiten traductores».

    2) Trados: en las clases se mencionó Trados por primera vez en cuarto de carrera. En las asignaturas de informática de cursos anteriores se centraron en enseñarnos el funcionamiento y las limitaciones de los traductores automáticos, así como algunas herramientas no muy conocidas ni utilizadas en la vida real. Sin embargo, nadie se molestó en hablarnos, aunque fuera por encima, de las herramientas que utilizaban los traductores profesionales.

    Es evidente que hay que buscarse la vida, informarse, formarse e investigar, pero no estaría de más que universidades como la UA adaptaran sus planes de estudios para que, como dice Isabel, los estudiantes salgan preparados para realizar la actividad profesional para la que se han formado.

    Un saludo,

    Melania

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  4. Es cierto que, por lo general, la universidad no se ocupa demasiado de por el mundo profesional. Con los nuevos planes de estudios se pretende acercar la vida académica y el mundo laboral, con asignaturas de corte más pragmático, grupos más reducidos y con prácticas obligatorias. Sobre las prácticas obligatorias se podría hablar largo y tendido, pero mejor me voy a centrar en otras cosas.
    En el grado, se supone que los alumnos deben estudiar de manera autónoma y prepararse la asignatura más por su cuenta. Sin embargo, no creo que todo el mundo eche en casa las horas que supuestamente corresponden a cada asignatura (que vendrían a ser una o dos al día, teniendo en cuenta que hay menos horas de clase). Además, sinceramente, ¿todos los que estudian Traducción e Interpretación quieren ser traductores o intérpretes? Creo que no. Algunos empiezan la carrera y no saben ni por dónde les da el aire (¡¿cómo es posible que hayan aprobado la PAU y que sigan teniendo faltas de ortografía?!).
    En cuanto al profesorado, hay de todo. En mi facultad intentamos graduar la dificultad de las asignaturas de traducción y me parece que no soy la única que habla de aspectos profesionales en la carrera. De hecho, en el grado hay un módulo optativo dedicado a perfiles profesionales. La cuestión es que no puedes obligar a un profesor a seguir un programa impuesto. Es lo que tiene la libertad de cátedra. Así, pues, hay algunos que pasan olímpicamente de la docencia, otros que de verdad se esfuerzan en dar lo mejor de sí mismos, pero a ojos del sistema solo vales lo que pone en tu contrato, pues me temo que los mecanismos de evaluación de la docencia no sirven para mucho.

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    1. ¿todos los que estudian Traducción e Interpretación quieren ser traductores o intérpretes?

      Claro que no, y por eso luego llega el chasco: los que estudian TeI porque «les gustan los idiomas» se desencantan porque quizá no es lo que esperaban, y los que estudian TeI porque realmente quieren ser traductores e intérpretes también se decepcionan porque la carrera no les prepara como debería para esas profesiones.

      Respecto a la libertad de cátedra, está claro que cada profesor imparte lo que quiere, pero el hecho de que muchos profesores no hayan tenido jamás un contacto profesional directo con el sector de la traducción contribuye a que lo que imparten tenga una utilidad más bien nula.

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      1. Efectivamente, Isabel, si un profesor desconoce la realidad profesional, poco puede orientar a sus alumnos. Por eso, mi punto de vista no ha cambiado desde que era estudiante, creo que debería haber un sistema eficaz de evaluación de la docencia.

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  5. Hola, Isabel:

    En mi opinión el problema, en realidad, no está en los planes de estudios o al menos no lo estaba en mi caso, pues las asignaturas más o menos eran las que yo consideraba necesarias y aún las sigo considerando hoy en día. El mayor problema sobre la formación que se imparte en la universidad está, como también has dicho tú, en los profesores. Muchos de ellos no han visto Trados en su vida y jamás de los jamases se han tenido que enfrentar a una traducción real. En el plan de estudios, por haber, tiene que haber de todo un poco, tanto teoría como práctica (de esta un poco más, en eso estoy de acuerdo) y desde luego el profesor debe estar muy bien preparado para impartir la asignatura en cuestión. En mi caso, por ejemplo, en las asignaturas de «Civilización de los países de habla XX», prácticamente lo único que se impartía era historia, cuando desde mi punto de vista esa asignatura debería ser mucho más amplia. ¿Qué ocurría? Que los profesores que la impartían eran de ese departarmento y claro, no nos iban a hablar de rasgos culturales característicos e importantes a la hora de enfrentarte a un texto de esa lengua cuando no los conocen.

    En cuanto a lo práctico, yo por suerte de la universidad salí sabiendo manejar más o menos Trados y algunos otros programas útiles en el ejercicio real de la profesión, básicamente todo gracias a Manuel Mata, que clases más útiles que las suyas no las he visto nunca. Cierto es que me consta que en otras universidades sales sin saber lo que es una herramienta de traducción asistida, aunque quiero pensar que son las menos. De todas formas, eso no solo pasa en España. Yo tengo compañeros que han estudiado traducción en otros países (Alemania, por ejemplo) y tampoco habían manejado una herramienta de traducción hasta que llegaron a mi empresa.

    En definitiva, no tiremos piedras sobre nuestro propio tejado porque creo que en España, dependiendo de la suerte que tengas y en otros casos de tus propias elecciones durante la carrera, puedes salir relativamente bien formado para enfrentarte al mundo laboral. Este, de todas formas, siempre le va a quedar grande en un principio a cualquier licenciado sin experiencia real. Si hubiera que aprenderlo todo en la universidad, nos licenciaríamos el año antes de jubilarnos.

    A los estudiantes lo que hay que darles es ánimo, como bien has hecho, y decirles que sean listos y no se lancen a por las asignaturas de aprobado fácil, sino que piensen bien lo que quieren para su futuro y que una vez lo sepan intenten elegir las asignaturas y sobre todo los grupos con el mejor profesor. Para eso, que pregunten a los estudiantes de promociones anteriores y utilicen todos los recursos que hay ahora a su disposición, como revistas, blogs, redes sociales y demás.

    Un saludo,

    Jeffrey

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  6. Suscribo todas y cada una de tus palabras: he llegado a tu blog (enhorabuena, por cierto) desde el de «Localización y testeo con Curri», y podría haber escrito yo misma esta entrada. Acabo de terminar el grado de TeI en la Pompeu Fabra de Barcelona, y he tenido la inmensa suerte de encontrar trabajo en una agencia antes incluso de haber terminado la carrera. Pues bien, me he encontrado con que PRÁCTICAMENTE NADA de lo aprendido en cuatro años de universidad me ha sido útil en los tres meses que llevo trabajando allí —y tengo una nota media de notable alto. Menos mal que tengo una jefa y unos compañeros muy comprensivos que han tenido la santa paciencia de ir enseñándome cosas tan básicas para ellos (y tan desconocidas para mí) como Trados o DejaVu más allá de un nivel básico, maquetación, búsqueda de fuentes especializadas, búsqueda de clientes… vamos, directamente, en qué consiste ser traductor. En la Pompeu, como en otras universidades por lo que veo, la realidad de la traducción les queda lejísimos.

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  7. En la Universidad Alfonso X el Sabio tenemos un módulo de 45 horas de pura orientación profesional en donde se les enseñan estos aspectos desde el punto de vista del autónomo y de la empresa con profesores distintos, y aprenden a hacer presupuestos, calcular tarifas (con CalPro y sin él), hacer una oferta, hablar de salarios, puestos profesionales en el sector, etc. Asimismo existe la figura del orientador profesional —servidor— que completa todo eso con actividades, visitas a empresas, charlas de profesionales y similares.

    En los nuevos grados de Bolonia hemos conseguido incluir asignaturas como localización, revisión y corrección, gestión de proyectos, creación de empresas de traducción, herramientas profesionales, redes sociales y asignaturas eminentemente prácticas: afortunadamente tenemos a una decana y directora de departamento que escucha lo que le decimos los profesionales de fuera y lo que realmente hace la gente en el día a día y lo que se necesita.

    En definitiva, esto también existe, pero también existe la desgana con que algunos alumnos abordan estas asignaturas como si fueran un puro relleno, e incluso quienes a lo largo del curso no le hacen ni una consulta a su orientador profesional. Hay de todo, como en botica….

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    1. Gracias por tu comentario, Juan José. Me alegra saber que en otras universidades las cosas se hacen mejor.

      Por lo que respecta a la desgana de los alumnos, por supuesto estoy de acuerdo. Entre los alumnos también los hay mejores y peores. Supongo que quienes abordan esas asignaturas prácticas como si fueran de relleno o no acuden a su orientador profesional es porque han elegido estudiar TeI como podrían haber elegido cualquier otra carrera: por estudiar algo, o porque han entrado en la carrera con unas expectativas equivocadas.

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      1. Lo de los alumnos está claro. Según los datos de mis propias estadísticas, solo se dedican a la traducción pura y dura entre un 15 y un 20 % de los estudiantes de TEI. Muchos están ahí porque no saben lo que era esto: una especie de Filología, una escuela de idiomas «a lo bestia» y alguna cosa. Ya que están ahí mi papel de orientador es hacerlos ver que tienen multitud de salidas posibles más allá de la traducción, ya que el conocimiento de idiomas y el conocimiento correcto —eso es otra historia— de tu propia lengua te abre un sinfín de puertas insospechadas…

        A partir de ahí a los que les «pone» la traducción, Sergio Calvo y yo mismo les damos en la asignatura desde confeccionar un CV orientado a cada puesto a hacerse un presupuesto y una factura, cálculo de tarifas y costes de «supervivencia» incluidos. Muchos no ven el porqué, pero también muchos luego nos dan las gracias. De hecho, eso les va a servir para traducción y para todo…

        Yo particularmente veo una gran diferencia entre los que están aparcados ahí como «Instituto 2» y los que luego acceder a posgrados, en los que la regla general es el interés de los alumnos y así da gusto, aunque también los hay que están aparcados en ellos, aunque son más bien la excepción.

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        1. Tus alumnos no saben la suerte que han tenido. 🙂 Eso mismo que citas (elaboración de CV, presupuestos y facturas, cálculo de tarifas, etc.) es lo que le estoy enseñando yo a mi alumna en prácticas.

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  8. ¡Hola Isabel!

    Me ha encantado la entrada, además porque ahora mismo estoy yo haciendo las prácticas de final de carrera en una universidad y en muchas ocasiones durante la carrera he echado de menos esas capacidades extraoficiales que debe adquirir un traductor, aunque también es cierto que quienes nos buscamos las castañas del fuego, esa característica nos hace diferenciarnos del resto ahora mismo. 😉

    Pero también entiendo que hay algunas cosas muy específicas que no sabría bien cómo plantearlas durante el curso académico, por ejemplo, ahora estoy utilizando otros programas de subtitulación o otro software bastante más específico que el que utilicé en clase. Cada empresa es un mundo y tampoco podemos tocarlo todo en clase (¿o sí?), pero tienes muchísima razón, hay temas tan básicos como qué papeleo necesitamos o cómo facturar (que eso lo sé gracias a una magnífica profesora que he tenido este año) son temas que se dejan muy aparte en clase.

    Un placer volverte a leer.
    ¡Besos!

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    1. Naturalmente, la formación académica no puede contemplar todos y cada uno de los aspectos prácticos específicos de la profesión, pero entre el blanco y el negro hay toda una gama de grises. 🙂

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