Universidad

Breve reflexión sobre por qué Traducción e Interpretación debería ser Traducción o Interpretación

Mi última entrada estuvo dedica a las deficiencias que, en general, tiene la carrera de Traducción e Interpretación en España, aunque en unas universidades más que en otras. Decía entonces que el misterio de por qué se han metido en el mismo saco dos disciplinas tan dispares, aunque hermanas, como la traducción y la interpretación era otra historia y debía ser contada en otra ocasión. Pues bien, esta es esa otra ocasión.

Unir la traducción y la interpretación en una misma carrera y esperar que de ahí salgan personas capacitadas para ser tanto traductores como intérpretes es como juntar arquitectura e ingeniería de caminos y esperar que los licenciados estén capacitados para construir tanto un puente como una ristra de chalés adosados. Al fin y al cabo, los profesionales de ambas ramas se dedican a construir cosas, igual que los traductores y los intérpretes trasladan un mensaje en una lengua extranjera a otro idioma diferente, ¿no?

Pues no. Aunque a priori puedan ser trabajos parecidos por usar la misma herramienta (la lengua), los traductores y los intérpretes deben reunir destrezas y aptitudes completamente distintas. La traducción trabaja con la lengua escrita; es una actividad más pausada, con tiempo para reflexionar, documentarse y buscar la solución idónea en cada caso, que requiere un enorme dominio de la redacción y la comprensión escrita y cuyo destinatario utilizará el producto final «en diferido». En cambio, la interpretación trabaja con la lengua oral; requiere agilidad mental para salir del paso en el momento, preparación y documentación previas y una buena dosis de improvisación, aplomo, fluidez verbal y agudeza de oído. En definitiva, se trata de dos perfiles muy diferentes que no tienen por qué darse en una misma persona: hay excelentes traductores incapaces de hacer un buen trabajo en interpretación y viceversa. En consecuencia, hay estudiantes de Traducción e Interpretación a los que se les da de vicio la traducción, pero que no consiguen llegar a buen puerto en las asignaturas de interpretación, y estudiantes a los que les encanta y se les da bien la interpretación, pero que no tienen tanto interés o destreza en las asignaturas de traducción. Y si en la carrera apenas te enseñan a traducir (entiéndase ‘traducir en condiciones de trabajo más o menos reales’), no digamos ya a interpretar. El resultado: todos aquellos que quieren dedicarse profesionalmente a la interpretación no tienen más remedio que cursar un máster una vez licenciados, y aquellos que no reúnen las cualidades necesarias para ser intérpretes pasan por un calvario para superar dos asignaturas clave del plan de estudios que, en realidad, son poco relevantes para el trabajo del traductor de escritorio.

En definitiva, ¿no sería mejor hacer dos itinerarios separados: uno para traducción y otro para interpretación, quizá con un ciclo de dos cursos común a ambos? ¿No sería mejor hacer una sola cosa bien en vez de hacer dos regular? Y es que ya lo dice el refranero: quien mucho abarca, poco aprieta.

35 comentarios en “Breve reflexión sobre por qué Traducción e Interpretación debería ser Traducción o Interpretación”

  1. Hola, Isabel:

    Como estudiante de Grado, tengo que comentarte que ahora existen esos itinerarios que mencionas. En cuarto, tenemos que especializarnos en Traducción generalista, Traducción especializada o Interpretación, lo cual, aunque me parece bien, me parece insuficiente.

    Hay mucha gente que sabe, desde un principio, que quiere hacer tal itinerario o aquel otro, y que tienen que «cargar» con ciertas asignaturas del otro itinerario (en tercero tenemos dos asignaturas obligatorias, que también mencionas, de Interpretación) que no les interesa o que no se les da bien y que tienen, como también dices, que pasar un calvario para ya no aprobarlas, sino quitárselas de en medio.

    Opino también que puede que sean disciplinas hermanas, que estén juntas, pero es que resulta que tampoco las veo separadas. Quiero decir: has puesto un gran, gran ejemplo cuando dices que si la traducción y la interpretación están juntas, tampoco sería descabellado unir Arquitectura e Ingeniería de Caminos. Pero yo creo que sí que están medianamente relacionadas.

    Aunque son diferentes, repito, y aunque la traducción sea un ejercicio más pausado, creo que la práctica (de traducción) que tenemos en la universidad ayuda a que podamos trasladar el mensaje más rápidamente, a que busquemos los conceptos, a adquirir palabras nuevas, expresiones, etc., lo que puede ser útil, no, lo siguiente para la interpretación.

    Este es, al menos, mi punto de vista.

    ¡Gran artículo!

    Un saludo,
    Ismael

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  2. Estoy de acuerdo contigo, aunque me parece bien que haya dos asignaturas obligatorias de interpretación. Es verdad que hay gente que al empezar la carrera ya tiene claro si quiere ser traductor o intérprete y para ellos puede ser una pérdida de tiempo estudiar algo sobre lo que saben que no van a trabajar. Sin embargo, hay estudiantes que no lo tienen tan claro y al cursar interpretación pueden empezar a aclararse. Es cierto que la formación no es suficiente y después de la carrera convendría hacer un máster, pero ayuda a despertar el interés en quienes no lo tienen claro y quizá también en personas que no pensaban dedicarse a ello. También ayuda porque puedes desear ser intérprete y tras cursar esas asignaturas darte cuenta de que no se te da bien.
    Resumiendo, creo que conviene que al menos haya una asignatura de introducción a la interpretación y coincido contigo en que luego se debería poder elegir entre itinerario de traducción, de interpretación y (añado) un itinerario mixto 🙂

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  3. Hola Isabel: estoy totalmente de acuerdo con todo lo que expones. No sé como será ahora, pero, en Suiza, en las carreras de ingeniería las «materias duras» eran troncales y se cursaban en las facultades específicas para cada asignatura. Es decir, las personas que cursaban las distintas ingenierías disponían exactamente de los mismos conocimientos fundamentales en ciencias físicas o matemáticas. Esto conlleva, además, la ventaja de que las personas que cursaron este tipo de estudios están mucho más habituadas a la interrelación profesional y a la creación de sinergias.

    Luego se establecían itinerarios separados que se cursaban en la facultad en la que iban a especializarse. Creo que se podría hacer lo mismo con las distintas carreras de humanidades, como, por ejemplo, filología, traducción e interpretación, etc: un tronco común más amplio y diferentes itinerarios de especialización.

    En los estudios de traducción quizás se puedan echar también en falta nociones básicas de algunas ciencias complementarias como, por ejemplo. algo de diseño gráfico o DTP, Nuestro mercado nos irá exigiendo progresivamente soluciones «llave en mano» o, a medio plazo, se irán con quienes sí puedan proporcionárselas.

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  4. Estoy un poco alucinada. Yo estudié traducción e interpretación (¡ya estamos!) pero me especialicé en “traducción jurídico económica” tras dos años de asignaturas comunes. También hice algunas asignaturas de la especialidad de interpretación, simplemente porque me gustaba pero ERAN DOS ESPECIALIDADES PERFECTAMENTE SEPARADAS. Incluso en traducción tenías dos subespecialidades: “jurídico-económica” o “científico-técnica”. En interpretación no lo recuerdo 😦
    Estoy hablando de la Facultad de Traducción e Interpretación de Granada. Nada que ver con lo que estáis diciendo aunque no sé si habrán cambiado algo.

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    1. Gracias por tu comentario, Pilar. ¿Cuándo cursaste la carrera? Cuando yo la hice (2002-2006), las asignaturas de interpretación consecutiva y simultánea, traducción jurídica y traducción económica, entre otras muchas, eran troncales (como puedes ver en este PDF a partir de la página 5: http://www.ua.es/oia/es/planes/traduccion_interpretacion.pdf), y las asignaturas troncales deben ser cursadas obligatoriamente por todos los alumnos en todas las universidades de España, así que el plan de estudios de Granada debía de ser igual en este aspecto. Lo único que pueden variar son las asignaturas obligatorias y optativas.

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  5. Tanto profesores como alumnos somos conscientes de las dificultades económicas del país, pero también creo que los mejores alumnos van a tener trabajo siempre, por lo que es importante que adquieran buenos hábitos de trabajo, capacidad de esfuerzo y compromiso con su formación. Una de las competencias que los alumnos deben adquirir en los estudios es cómo localizar clientes: en qué sectores se encuentran, cuáles son sus necesidades y expectativas, etc. Con la crisis puede disminuir el volumen de trabajo, pero está claro que las relaciones internacionales, comerciales, políticas y de todo tipo se basan en la traducción y la interpretación.

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  6. Hola:

    Evidentemente no has dicho que se deba ser traductor exclusivamente o intérprete exclusivamente pero creo que esa sería la primera consecuencia de contar con dos itinerarios. Y estoy de acuerdo en que uno debería configurarse su propia carrera en función de aquellos temas que más les interese. Creo que eso se podría hacer mediante asignaturas optativas. Hay algunas optativas de risa que podrían sustituirse perfectamente por asignaturas para la especialización. Ahora bien, dicho esto, creo que es fundamental que aquellos que lo desean puedan combinar tanto traducción como interpretación. Por ello, no veo los dos itinerarios.

    Abrazos.

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  7. Hola Isabel:

    Acabo de leer tu artículo y tengo que decir que no estoy totalmente de acuerdo con tu exposición. Como contrapunto al refrán con el que terminas tu reflexión, utilizaré otro refrán: “la práctica hace al maestro”.

    En mi caso, desde hace muchos años, combino tanto la traducción como la interpretación. Es cierto que cerca del 70 % de mi volumen de trabajo lo dedico a traducir, mientras que el 30 % restante tiene que ver con la interpretación, sobre todo para la administración de justicia. Sin embargo, también suelo interpretar en conferencias habitualmente y en muchos otros eventos tanto empresariales como culturales. Si bien puedo ser una rara avis -no lo creo-, me resultaría sumamente difícil decidirme y ejercer exclusivamente bien de traductor o bien de intérprete. Disfruto en ambos campos y me esfuerzo cada día por aprender y practicar para ofrecer el mejor servicio posible.

    Como bien dices, ambas tareas requieren habilidades muy distintas pero creo que no son incompatibles en absoluto. Por ejemplo, cuando trabajo en cabina, antes de empezar a interpretar, me concienzo con respecto a las diferencias fundamentales entre traducción e interpretación, como no hilar tan fino en cuanto a la terminología, dado que lo que se requiere en la interpretar es, sobre todo, inmediatez.

    En relación con los dos itinerarios que propones, tengo un punto de vista muy distinto al que, en general, he leído en tu opinión y los sucesivos comentarios. Creo que conviene ser conscientes de que, cuando se entra en la universidad, en la mayoría de los casos, no se tiene nada claro aquello a lo que nos queremos dedicar. Este hecho, sumado a la realidad profesional y a la escasa relación entre el mundo universitario y el mundo profesional que has mencionado en otras entradas de tu blog, hace que a muchos les resulte sumamente difícil elegir uno u otro camino. Quizá, cuando uno se haya dado cuenta de que tomó el camino incorrecto o no deseado, ya sea demasiado tarde. Y el tiempo es una cuestión importante en este sentido, pues no es cuestión desaprovechar los mejores años de nuestra vida de esta manera.

    Por ello, mi propuesta no aboga por establecer dos itinerarios distintos, sino un solo itinerario en el que se pongan de manifiesto, de manera clara, las diferencias fundamentales entre ambas profesiones y, sobre todo, que se eliminen asignaturas o se reduzcan asignaturas optativas que aportan poco o nada a nuestra formación. En cambio, estoy convencidísimo de que deberían aumentarse las asignaturas relacionadas con la práctica tanto de la traducción como de la interpretación. En mi caso, apuesto por la versatilidad o, al menos, aspiro a ella. Probablemente, a día de hoy, mi nivel en interpretación no me valga para conseguir un puesto de intérprete en la ONU pero creo que, en mis interpretaciones para la administración de justicia y en conferencias, cumplo sobradamente con mi cometido. Precisamente ese es el motivo por el que cada semana dedico un ratito de mi tiempo a practicar técnicas de interpretación simultánea en casa.

    La universidad nos aporta unos cimientos básicos; son la práctica diaria y el ejercicio los que de verdad nos convierte en profesionales.

    Gracias por esta reflexión.
    Abrazos desde Canarias

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    1. Gracias por tu comentario, Tenesor. En cuanto a la primera parte de tu exposición, me parece que no me has entendido bien, o yo no te he entendido bien a ti: no he querido decir en ningún momento que los traductores debamos ser solo traductores y los intérpretes, solo intérpretes. Ni mucho menos: está claro que aunque son dos profesiones distintas que requieren cualidades distintas, esas cualidades pueden darse en una misma persona que se dedique tanto a traducir como a interpretar. A lo que me refiero es a que no tiene sentido unir ambas disciplinas en una misma carrera porque, como ya he dicho, las asignaturas de interpretación son tan escasas y tan generales que de poco les sirven a aquellos que realmente quieren ser intérpretes, mientras que a los que quieren dedicarse en exclusiva a la traducción les suponen más bien un obstáculo en el camino. Y viceversa: aquellos que quieren dedicarse a la interpretación tienen que dedicar la mayor parte de su tiempo a asignaturas de traducción que no son las más idóneas para enseñarles a interpretar. De ahí que opine que dividir la carrera en dos itinerarios permitiría mejorar la calidad y la profundidad de la enseñanza recibida y centrarla en lo que realmente interesa en cada caso.

      Por supuesto, cuando uno empieza los estudios universitarios es raro que tenga claro lo que quiere hacer, pero de igual manera que uno se decanta por una carrera y no por otra (incluso con el riesgo de descubrir más adelante que no le gusta o que eligió la carrera equivocada), no debería ser tan traumático decantarse por una disciplina o por otra. Y, en cualquier caso, siempre cabría la posibilidad de cursar ambos itinerarios. En realidad, lo idóneo sería que cada uno configurase su propia carrera combinando las asignaturas que más le interesaran, sin troncales ni obligatorias de por medio. Flexibilidad máxima. 🙂

      Un abrazo desde Alicante.

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  8. En realidad, no es eso lo que pretenden hacer con los nuevos Grados? Es verdad que se puede escoger un itinerario dentro de la carrera, o por lo menos en la UAB se podía, pero es una mera introducción en mi opinión. Se sigue necesitando un máster para completar la formación especializada sobre dicho itinerario.

    Estoy de acuerdo, deberían haber dos años comunes y los otros tres compartir ciertas asignaturas pero tener un número mayor de asignaturas especializadas en el itinerario escogido.

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    1. Es más, yo tengo la licenciatura con itinerario de segunda lengua C, pero me repito, los contenidos de dichos itinerarios me parecen insuficientes, deberían haber más asignaturas especializadas.

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  9. Cuando dices lo de «dos itinerarios diferentes», ¿te refieres a dos carreras? Porque en mi universidad, sí que había dos itinerarios diferentes. Pero, vamos, estoy de acuerdo contigo. Por mucha facilidad que tenga al hablar, me veo incapaz (y me vi entonces, cuando hice la asignatura de interpretación simultánea) de ser intérprete. Pero estoy con Judith con que, el haber hecho las dos (¿o fueron tres?) asignaturas de interpretación en segundo me ayudaron mucho, no solo a saber que no quería ser intérprete ni de coña, sino al aprender cosas como la ética del intérprete que en el caso del traductor no es tan importante (o, bueno, es importante, pero no se lleva tan a rajatabla) precisamente porque estamos en un ambiente más pausado y, si vemos que podemos intervenir en el producto final, siempre podemos aconsejar al cliente y luego, si quieren, lo aceptan o no.

    Aún así, creo que la interpretación debería darse ya desde el primer año, dejarse de asignaturas teóricas e ir directos al grano: en segundo curso tendríamos que saber ya seguro qué queremos hacer y meternos de lleno en ello.

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    1. Me refiero a dos vías de especialización diferentes dentro de la misma carrera. No sé qué tipo de itinerarios habría en la Universidad de Vic (estudiaste allí, ¿no?), pero en mi época (2002-2006) las asignaturas de interpretación eran troncales, por lo que debía cursarlas todo el mundo, al igual que otras tantas asignaturas de traducción. Lo lógico sería que las asignaturas especializadas de interpretación (simultánea, consecutiva, enlace, etc.) y las de traducción (técnica, médica, jurídica, audivisual, etc.) estuvieran separadas en los cursos de segundo ciclo en forma de itinerario, de forma que la enseñanza sea más específica y los estudiantes puedan especializarse en traducción (e incluso en algún tipo de traducción concreta) o interpretación, en función de sus aptitudes e intereses. Bien es verdad que las asignaturas de interpretación te enseñan muchas cosas, pero sinceramente, no les veo razón de ser en el actual plan de estudios por los motivos que ya he mencionado: a los que realmente quieren ser intérpretes les sirven de muy poco de cara a la vida profesional (lanzarse a interpretar «de verdad» con la formación recibida únicamente en la carrera es poco menos que suicida), y a los que no quieren serlo, por mucho que te enseñen ética y a hablar en público, les supone más bien un obstáculo en el camino que, en general, de poco les va a servir en la práctica profesional de la traducción.

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