Éxito profesional

Momentos que no se pagan con dinero: la retribución emocional del traductor

No todo en la vida es cuestión de dinero, y el sector de la traducción no iba a ser una excepción. Todos —o casi todos— los que nos dedicamos a este trabajo, tan invisible y poco valorado a veces, aspiramos a vivir bien de ello, pero hay ocasiones en las que la recompensa va más allá de lo económico y material. La sensación de que te paguen (y de que te paguen bien) por hacer un trabajo que te gusta es de lo más placentera, pero hay momentos en la trayectoria profesional de un traductor que superan con creces ese deleite:

  • Cuando experimentas esa indescriptible sensación de liberación y satisfacción al entregar un trabajo largo, difícil o complejo que te ha salido redondo.
  • Cuando un cliente te felicita por un trabajo bien hecho o te dice que tu traducción es perfecta (aunque ya sabemos que la perfección no existe).
  • Cuando un cliente está dispuesto a esperar a que vuelvas de vacaciones o estés de nuevo disponible para que seas tú, y no otro, quien haga un trabajo.
  • Cuando un cliente te dice que no mejoraría absolutamente nada del servicio que le prestas.
  • Cuando un cliente te da las gracias aliviado por resolverle un problema de última hora o hacerle un favor.
  • Cuando un cliente te llama expresamente para darte las gracias por recomendarle a un colega con cuyo trabajo ha quedado satisfecho.
  • Cuando un colega te agradece que le hayas recomendado.
  • Cuando un colega que ni siquiera ha visto tu trabajo te recomienda a un cliente porque le inspiras confianza y se fía de tu profesionalidad.
  • Cuando los lectores de tu blog te felicitan por lo que escribes y te dan las gracias por haberles ayudado con tus consejos.

En definitiva, además de darte sorpresas, la vida también te da momentos inesperados de reconocimiento profesional y agradecimiento personal que no se pueden comprar ni pagar con dinero y que tienen muchísimo más valor y poder que el vil metal: un valor emocional, sinérgico y catártico. Para todo lo demás, Mastercard.

31 comentarios en “Momentos que no se pagan con dinero: la retribución emocional del traductor”

  1. Hola Isabel. Yo también soy nueva en este grupo y te confieso que tus palabras me han encantado. Llevo trabajando más de 20 años como coordinadora de proyectos en una agencia de traducción y es cierto que las estrechas relaciones personales y emocionales que establecemos con los clientes y con los traductores a lo largo de toda nuestra trayectoria profesional es una de las mejores recompensas que tiene nuestro oficio. Frente a las prisas y plazos de entrega imposibles, o los “recortes” forzosos en la calidad de nuestras traducciones, siempre es bueno recordar que hay muchos otros momentos que compensan con creces nuestro esfuerzo. Gracias por hacerlo visible en la red.

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  2. Hola, Isabel. Soy nuevo en este grupo, y me gustó mucho tu entrada. La satisfacción de haber terminado un trabajo o proyecto y que el cliente te lo agradezca por algún medio-teléfono local, celular o electrónico- así como el que te recomiende con otros clientes es algo muy reconfortante y que te motiva a seguir haciendo tu trabajo con mayor dedicación y profesionalismo; es por eso y muchas cosas más que adoro la traducción, profesión a la que me he dedicado y he desempeñado como traductor independiente por poco más de 13 años y que me ha dado grandes satisfacciones. Por cierto, alguien en el foro hablaba de traducir libros, y tengo una especie de anécdota: soy maestro de inglés en una preparatoria, y cuando les dije a mis alumnos que traducía libros y documentos, además de dar clases, una alumna a quien ya le había dado clase en otro semestre me comentó que en ocasiones anteriores había ido a librerías y cuando veía libros traducidos del inglés al español tenía la esperanza de encontrar mi nombre como la persona que había traducido tal o cual libro (de tipo literario) o novela, a lo cual después le aclaré que sí traducía libros, pero de tipo técnico o legal. Te agrazdezco de nuevo tus comentarios acerca de este noble oficio de la traducción y espero podamos seguir en contacto en el futuro. Un abrazo y que pases un buen día.

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  3. Estoy totalmente de acuerdo con tus palabras. Y en mi caso, que me especializo en traducciones teológicas, además de todo lo que mencionas, están las “recompensas eternas” que Dios, en su Palabra, la Biblia, promete dar a todos los que utilizan sus talentos para servirlo a Él y difundir el evangelio “hasta los confines de la tierra”. Abrazo.

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  4. Totalmente en el clavo. Son momentos reconfortantes que hacen olvidar eventuales sinsabores pasados y te reafirman en tu vocación. Lo has expresado de forma impecable. 😉

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  5. Hola nuevamente. Pues sí. En Japón, la reverencia es muestra de respeto y mientras más baja la reverencia (que se usa hasta como simple saludo) más respeto y admiración demuestra. Así que he allí la razón de mi emoción.
    Por cierto, fe de erratas: donde dice ‘mientras de agradece’ debe decir mientras te agradece’.
    Mega abrazo.

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  6. No se puede describir con palabras lo que he sentido al leer tu entrada, Isabel. Yo encontré tarde mi vocación, disfruto traduciendo, y además, ¡me pagan! Si me permites, yo añadiría: el agradecimiento de un cliente, al que solo conoces por teléfono, que te llama para darte la enhorabuena por el trabajo bien hecho. Muchos besos, Isabel. 🙂

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  7. Bien dicho Isabel. Quisiera añadir la emoción que se siente cuando un cliente japonés baja la reverencia más bajo de lo normal mientras de agradece por tu excelente interpretación. En especial cuando este japonés habla español perfecto y es espacialista en el tema. Es simplemente maravilloso… hasta la cena me supo más sabrosa.
    Cheers!

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    1. Daphne, ¡qué maravillosa sorpresa verte por aquí!

      Gracias por tu comentario. Si el hecho de que te den las gracias por hacer un buen trabajo ya te levanta el ánimo, eso de que te hagan una reverencia debe de ser lo más. 🙂

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  8. Una vez más (y no me cansaré nunca de daros las gracias), os agradezco de corazón vuestros comentarios, experiencias, felicitaciones y halagos. Este es uno de esos momentos de gozo infinito que no se pueden comprar con la Mastercard. 🙂

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  9. Cuando entras en la única librería de un pueblecito recóndito en el que has decidido pasar tus vacaciones y descubres un ejemplar de uno de los libros que has traducido.

    Una sensación inigualable para los que apostamos por la tan castigada traducción de libros. 🙂

    Felicidades por el blog, Isabel, y por deleitarnos con tus interesantes artículos.

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