Archivo de la categoría: Asetrad

De traducción, asociaciones y juntas directivas

La semana pasada vio la luz el nuevo número de La Linterna del Traductor, la revista gratuita de la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes (Asetrad). Se trata de una publicación semestral cuyo valor no radica solo en la calidad y la variedad de los artículos, que abarcan multitud de ámbitos de interés para la profesión, sino también, y muy especialmente, en el hecho de que todos los que participan y ponen su granito de arena para que la revista salga adelante lo hacen por amor al arte. O a la traducción, para ser más precisos. Ni los autores de los artículos, ni los jefes de las distintas secciones, ni la directora, ni la redactora jefe, ni las responsables de maquetación —por citar solo a algunas de las personas que intervienen— cobran un duro por el titánico esfuerzo de dedicar una parte importante de su tiempo libre a que este hermoso proyecto, a que esta herramienta de difusión de conocimientos entre profesionales, siga vivo.

Yo he tenido la suerte y el honor de participar por partida doble en el último número: como autora de un artículo sobre el aspecto social de la profesión y como autora de las fotografías que ilustran la revista, que está especialmente dedicada al Congreso X Aniversario de la asociación. No es la primera vez que me involucro en una actividad de Asetrad, pues casi desde que entré en la asociación allá por el 2006, he intentado ser una socia activa y he participado en todo aquello en lo que he podido y me han propuesto (charlas, grupos de trabajo internos, El Cuaderno de Bitácora, etc.). Y cada vez que lo hago, siento esa deliciosa satisfacción de estar contribuyendo a que la asociación goce de buena salud y a que eso redunde de un modo u otro en beneficio de los socios, que a fin de cuentas son los que han de arrimar el hombro para que la asociación salga adelante.

Como digo, siempre he sido una socia más o menos activa, pero el año pasado decidí ir un paso más allá: aprovechando que había elecciones para renovar la junta directiva, presenté mi candidatura con el ánimo y la ilusión de implicarme y trabajar más a fondo por y para la gran familia asetradera. Soy una persona seria, organizada, metódica, comprometida y cumplidora, así que ¿por qué no poner esas cualidades al servicio de Asetrad? Por suerte, buena parte de los socios depositaron su confianza en mí y salí elegida, junto con otros once valientes y competentes compañeros que, al igual que yo, tuvieron la insensata y maravillosa idea de sacrificar una parte de su tiempo libre en pro de otros compañeros de profesión. Estos cuatro meses como vocal de comunicación, actos y prácticas universitarias (vocalías que comparto con otras magníficas colegas) me han servido para conocer las entrañas de la asociación y ser verdaderamente consciente de todo el trabajo y el esfuerzo que hay detrás, esfuerzo que muchas veces, por desconocimiento, no es lo suficientemente valorado por la gente.

Pero mi participación en Asetrad no es solo fruto de mi espíritu altruista para con los demás socios, sino que también surge de la necesidad de buscar nuevos estímulos y actividades que me satisfagan al margen del trabajo remunerado de traducir y revisar. Y es que traducir puede llegar a ser monótono. Cuando uno empieza su carrera profesional en este sector, ávido por trasladar de un idioma a otro cualquier cosa que caiga en sus manos, no se le pasa por la cabeza que después de cinco, diez o quince años haciendo lo mismo, dicha actividad puede llegar a cansar, por mucho que te guste tu trabajo. Tener una cartera de clientes estable y traducir siempre el mismo tipo de textos tiene sus ventajas: mayor especialización, más calidad y más rentabilidad, porque trabajas más rápido. Pero también tiene un inconveniente importante, y es que la ausencia de nuevos desafíos puede abocarte al hastío. Llegado este punto, uno tiene tres opciones: dejarlo todo y cambiar radicalmente de profesión, en plan peliculero; no hacer nada y seguir sumido en el aletargamiento de la rutina, que al fin y al cabo es bastante cómoda, o buscar otros alicientes que te permitan recobrar la ilusión en tu trabajo. Yo me decanté por esta última opción y para mí, Asetrad es uno de esos estímulos, como lo puede ser aprender un nuevo idioma o una nueva especialidad, renovar tu imagen profesional o compaginar la traducción con otro tipo de actividad profesional, como la docencia o la organización de cursos. Se trata, en definitiva, de buscar algo que nos apetezca hacer (incluso aunque no reporte dinero) y nos permita reencauzar nuestra carrera hacia nuevos horizontes que nos resulten estimulantes, y formar parte de la junta directiva asetradera está siendo para mí una experiencia de lo más gratificante en ese sentido. Seguiré trabajando en ello.

Cómo se fija una tarifa

Tengo la impresión de que una buena parte de los profesionales del sector de la traducción fijan sus tarifas al tuntún o copiando o imitando las tarifas que fijan los demás. Es importante saber lo que cobran los compañeros por sus servicios, pero para establecer un precio adecuado que sea rentable debemos analizar detenidamente nuestras circunstancias personales. Para esa tarea, varios socios de Asetrad crearon hace ya un tiempo CalPro, una utilísima herramienta de cálculo en Excel que nos permite determinar cuánto debemos cobrar o saber cuánto estamos ganando realmente teniendo en cuenta tres factores fundamentales: nuestros gastos, las horas que trabajamos al año y nuestra productividad por hora. Así que si aún no le habéis echado un vistazo, os recomiendo que no tardéis más en hacerlo.

A la hora de fijar nuestras tarifas podemos seguir, por ejemplo, este procedimiento, que describo grosso modo:

1. Analizar exhaustivamente todos nuestros gastos profesionales y personales: cuota de la Seguridad Social, internet, teléfono, cuotas de asociaciones profesionales, gastos de nuestra página web, seguros, casa, coche, alimentación, ocio, etc. La suma de todos esos gastos es lo mínimo que necesitamos facturar (tras descontar impuestos y, preferiblemente, destinar una parte al ahorro) para cubrir los gastos de nuestra actividad y mantener nuestro nivel de vida. Supongamos que dicha cuantía asciende, incluyendo los impuestos y el ahorro, a 1500 € al mes, es decir, 18 000 € al año. También podemos fijarnos un objetivo de facturación, por ejemplo el doble de nuestros gastos: 36 000 € al año.

2. Calcular las horas que trabajamos anualmente, multiplicando el número de días que trabajamos al año (descontando fines de semana, vacaciones, días de baja por enfermedad o sin trabajo, festivos, etc.) por el número de horas que solemos trabajar al día. Supongamos que trabajamos de media ocho horas al día, 20 días al mes y 11 meses al año. En total son 1760 horas anuales. También podemos tomar como referencia las horas que nos gustaría trabajar, por ejemplo cinco horas al día, 15 días al mes y 10 meses al año (750 horas en total).

Si dividimos los gastos totales anuales (18 000 €) entre el número total de horas que trabajamos al año (1760 horas), obtendremos la tarifa por hora mínima que debemos cobrar para cubrir gastos, en este caso, 10,23 €. Si dividimos nuestro objetivo de facturación anual (36 000 €) entre ese número de horas, el resultado será el precio por hora que debemos cobrar para conseguir la facturación que queremos (20,45 €). Si dividimos los gastos totales anuales y el objetivo de facturación anual entre el número de horas que nos gustaría trabajar, obtendremos la tarifa por hora que debemos cobrar para ganar lo suficiente con ese horario de trabajo (24 € y 48 € respectivamente). Para calcular la tarifa por palabra debemos hacer otro cálculo más:

3. Calcular nuestra productividad en palabras por hora (que variará según el idioma y la materia) y dividir la tarifa por hora entre dicho número de palabras. Por ejemplo, si somos capaces de traducir 350 palabras por hora (listas para entregar), nuestro precio por palabra equivalente a nuestro precio por hora será de 0,029 €, 0,058 €, 0,069 € y 0,14 € respectivamente, en función de cuál sea nuestro objetivo de facturación y nuestro horario de trabajo.

Una vez hechos estos cálculos basados en datos reales, tendríamos que formularnos aún otras preguntas:

4. ¿Son estas tarifas realistas y competitivas? ¿Son (mucho) más altas o bajas que las tarifas habituales en el mercado? ¿Podría cobrar más? Para responder a estos interrogantes deberemos analizar a la competencia, saber qué ofrece y qué precios aplica.

Por favor, que nadie se confunda: las cifras aportadas en este artículo no son más que ejemplos que he utilizado para ilustrar los cálculos. La intención de lo que he escrito no es más que constatar que, antes de fijar una tarifa, es recomendable analizar detenidamente todos los factores mencionados para establecer un precio adecuado. Para todo lo demás, ya sabéis: CalPro. Vayan desde aquí mis agradecimientos a todos los colegas que diseñaron esa herramienta.

Comunidades virtuales: ¿realmente son útiles para los profesionales del sector?

Por si os perdisteis la charla sobre redes sociales organizada por Asetrad que Clara Guelbenzu y yo dimos en Bilbao el pasado sábado 28 de abril, o bien se os ha olvidado ya lo que dijimos, os dejo aquí un resumen de mi intervención:

¿Es imprescindible participar en comunidades virtuales o redes sociales?

Por supuesto que no. Las comunidades virtuales (redes sociales, blogs, listas de distribución…) facilitan, mejoran y enriquecen nuestro trabajo en múltiples aspectos, pero se puede ser un excelente profesional sin tener una presencia activa en internet. Es fundamental distinguir entre profesionalidad y visibilidad. La calidad de un traductor no está relacionada con su popularidad y presencia en las redes sociales. Asimismo, hay que darles a estas herramientas la importancia justa y no sobrevalorarlas, sino simplemente intentar aprovechar las ventajas que nos ofrecen.

¿Qué ventajas ofrecen las redes sociales?

  • Contacto con los colegas: En mi opinión, no aislarse del gremio es fundamental para estar informado de las novedades del sector; conocer la realidad de otros profesionales y no cometer el error de creer que la nuestra es la única forma de hacer las cosas; empaparnos de la experiencia de los demás y aprender nuevos hábitos para mejorar nuestra productividad y la calidad de nuestro trabajo; ampliar conocimientos y conseguir ayuda puntual con dudas terminológicas, fuentes de documentación, etc.; hacer contactos que puedan darnos trabajo.
  • Acceso a información: La cantidad de recursos y artículos que circulan por las redes sociales es ingente. Por tanto, es imprescindible filtrar tanto lo que leemos como lo que compartimos con nuestros seguidores.
  • Ampliar nuestra red de contactos: Para relacionarse con los compañeros de profesión, crear una red de colaboradores o encontrar clientes. Las redes sociales nos ayudan a tener visibilidad, a darnos a conocer, a consolidar nuestra imagen profesional, a construir una reputación online.
  • Ejercitar nuestra capacidad de redacción: Somos profesionales de la lengua y debemos predicar con el ejemplo de una redacción precisa e impecable. Twitter, además, nos ayuda a ejercitar nuestra capacidad de síntesis.
  • Visibilidad: Como he dicho, visibilidad no es sinónimo de profesionalidad, y tampoco tiene por qué traducirse indefectiblemente en más clientes o trabajo. No obstante, si somos visibles y la gente nos conoce, tendremos más probabilidades de que esa gente piense en nosotros cuando necesite un traductor, siempre y cuando nos vendamos correctamente y tengamos una buena reputación online. Y es que de nada sirve ser el mejor traductor del mundo si nadie sabe que existes. Pero ¿cómo conseguir visibilidad, que la gente nos siga? Básicamente, siendo un usuario activo que crea o comparte contenidos interesantes y de calidad.

¿Qué inconvenientes tienen las redes sociales?

  • Hay que dedicarles tiempo: Yo considero que participar en las redes sociales, aunque sea una tarea no remunerada, forma parte de mi trabajo, igual que hacer facturas o buscar clientes, y por tanto la incluyo en mi jornada laboral y le reservo una parte de mi tiempo de trabajo.
  • Saturación de contactos e información: Conviene filtrar lo que leemos y a quién seguimos.
  • Mimar los contactos: Es recomendable interactuar con nuestros contactos. Es mejor tener una red con pocos contactos, pero de calidad, que una red con centenares de contactos a los que no les hacemos ni caso.

¿Cómo evitar que las redes sociales acaparen todo nuestro tiempo?

Gestionando bien el tiempo que les dedicamos. Algunos consejos:

  • No conectarnos a ellas fuera de la jornada laboral.
  • No utilizarlas mientras traducimos a fin de minimizar las interrupciones y así ser más productivos.
  • Reservarles un tiempo limitado a cierta hora (o ciertas horas) del día.
  • Filtrar contenidos y contactos para no saturarnos: leer solo aquello que sea realmente interesante y seguir solamente a aquellas personas que nos aporten algo.
  • Asumir que no podemos estar informados de todo. No se acaba el mundo por que no podamos leer todo lo que se publica en Facebook o en Twitter.

Buen uso de las redes sociales

  • ¿Para qué las voy a utilizar? ¿Con fines profesionales o personales? Conviene separar ambas facetas, lo cual influye en la información que compartimos. No hay que olvidar que esa información puede ser pública y estar al alcance de cualquiera. Es recomendable seleccionar muy bien lo que compartimos en las redes sociales y hacer un uso óptimo de las opciones de privacidad.
  • ¿A quién me voy a dirigir: colegas de profesión o personas ajenas al mundo de la traducción? Si queremos que nos lean clientes potenciales deberemos crear contenidos y compartir información que puedan ser interesantes para ellos y que, a la vez, estén relacionados con nuestros servicios, por ejemplo sobre comercio exterior, internacionalización de las empresas, nuevas tecnologías, etc.
  • ¿Qué imagen quiero dar? Lo mejor, en mi opinión, es dar una imagen profesional pero al mismo tiempo cercana. No solo somos traductores, sino también personas.

Últimos consejos

  • Estar presente en las redes sociales que más nos interesen y mejor sirvan a nuestros objetivos o propósitos y utilizar cada una de ellas de la forma adecuada.
  • Ser amable y cortés.
  • No hacer críticas destructivas ni discutir acaloradamente. Una crítica destructiva destruye ante todo tu propia imagen y tu credibilidad.

¿Realmente son útiles para los profesionales del sector las comunidades virtuales?

¡Por supuesto! Son útiles si las utilizamos adecuadamente y si aprovechamos las cosas buenas que nos ofrecen, que no son pocas. Es un error pensar que escribir un blog o tener una cuenta en Twitter es sinónimo de trabajo y dinero. Esa puede ser una consecuencia secundaria, pero en la mayoría de los casos encontraremos en las redes sociales un medio para entretenernos, relacionarnos y darnos a conocer, que no es poco.

Crónica de un fin de semana asetradero en Bilbao

Ya es lunes. El fin de semana ha sido intenso, pero muy corto. Han sido dos días de relaciones sociales, risas, charlas, cenas, lluvia y frío. Como siempre, mereció la pena el viaje por ver a los compañeros de profesión y asociación.

El maratón empezó el viernes, 27 de abril. Tres horas de tren hasta Madrid, tres líneas de metro hasta el aeropuerto, tres horas de espera hasta la salida del vuelo, media hora de retraso en el despegue (aunque con la grata compañía de Noelia Berná, primer contacto traductoril del día) y, por fin, aterrizaje en Bilbao. La lluvia y el frío nos dieron la bienvenida. Tuve que ir corriendo hasta el hotel para dejar la maleta y acudir al curso de corrección impartido por María-Fernanda Poblet, al que llegué una hora tarde. Se habló de comillas, de mayúsculas, de puntos y comas, de tildes, de llamadas y signos de corrección. El curso también me brindó la oportunidad de hablar por fin cara a cara con varios compañeros a los que solo conocía virtualmente. Por fin dejaron de ser unas letras en pantalla junto a un nombre y una foto de perfil y se convirtieron en personas de carne y hueso, con cuerpo y voz, sonrisas y gestos. Unas horas después, cena en el restaurante Abaroa en compañía de buenos, divertidos y animados colegas. Me retiré a las 2:00, y eso que no me apunté a las copichuelas posteriores.

Llegó el sábado, 28 de abril. El día D, el día de mi charla sobre comunidades virtuales y redes sociales junto con Clara Guelbenzu, intérprete y autora del conocido blog Bootheando. Los nervios me comían por dentro. No había dado nunca una charla, así que era mi puesta de largo como ponente. Bueno, sí había un precedente: una breve disertación sobre consejos profesionales para un grupito de unos 20 alumnos de traducción de la Universidad de Alicante en septiembre del año pasado, pero fue algo informal y en petit comité en colaboración con otras dos personas, sin PowerPoint ni demás aderezos, en un aula corriente de la universidad. Por tanto, una experiencia en absoluto comparable a hacer una presentación seria ante medio centenar de traductores profesionales que, en muchos casos, me superaban en experiencia y conocimientos. Si a ello le sumamos el hecho de que nunca me he considerado una buena oradora (por algo soy traductora y no intérprete) y de que me muero de vergüenza al sentirme observada por decenas de pares de ojos, comprenderéis por qué esa mañana no pude desayunar más que un vaso de leche que dejé a medias. Y llegó la hora. Por supuesto, tuvimos algunos problemillas técnicos para darle más emoción a la situación. Y comenzó la exposición. Clara me dejó el listón muy alto con su aplaudida intervención. Y llegó mi turno. Me acerqué el micrófono y, sin pensarlo más, empecé a hablar, dejando que lo que había preparado fuera fluyendo como buenamente pudiera. Tuve la sensación de estar diciéndolo todo al revés de como quería decirlo, de estar haciéndolo peor de lo que en realidad lo estaba haciendo. Pero, al parecer, fue solo eso, una sensación. La catástrofe no fue tal. Todo lo contrario: los asistentes disfrutaron con nuestra charla, la tuitearon, estuvieron atentos y participaron en la ronda de preguntas. Fueron varios los que, una vez acabada, se acercaron a mí para felicitarme y decirme que les había gustado mucho mi exposición. ¡Qué maravilla! ¡Qué experiencia! ¡Qué gratitud hacia todos los que nos habían escuchado! Con la adrenalina todavía a tope, me senté a escuchar la presentación de Llorenç Serrahima sobre sociedades cooperativas. Y después, ya totalmente relajada, socialización intensiva durante el almuerzo. Canapés, risas y conversaciones de todo tipo. A las 17:00, asamblea general de Asetrad, y unas horas después, otra cena. Más comida, más risas, más charlas, con gente nueva y otra ya conocida. Y habría seguido así durante varios días más, pero el fin de semana, como siempre, se me quedó corto, muy corto. Solo me queda esperar con impaciencia que llegue la próxima asamblea. Mil gracias a todos, mil gracias por todo.

Más sobre los actos de Bilbao en el blog de Noelia Berná:

«Diario de #AsetradBilbo»: http://www.traducirycomunicar.es/diario-de-asetradbilbo/

«Diario de #AsetradBilbo (2)»: http://www.traducirycomunicar.es/diario-de-asetradbilbo-2/

Y si queréis saber qué dije en mi parte de la charla sobre comunidades virtuales y redes sociales, no os perdáis el próximo post.

Charla sobre comunidades virtuales en Bilbao (28 de abril)

Como todos los años, Asetrad ha organizado con ocasión de la asamblea general, que este año se celebrará en Bilbao el sábado 28 de abril, una serie de actividades de interés para todos aquellos que se quieran apuntar, sean socios o no. Este año tendré el honor de dar ese mismo día una charla junto con Clara Guelbenzu, autora del blog Bootheando, sobre comunidades virtuales y redes sociales. Es un reto harto difícil: a mi relativa aversión a hablar en público se suma la incertidumbre de si seré capaz de contar a los asistentes algo que no sepan ya de sobra, pero prometo esforzarme y poner toda la carne en el asador en los escasos 20 minutos que durará mi intervención. Tenéis toda la información sobre las actividades previstas para ese fin de semana (que incluyen un curso de corrección impartido por María-Fernanda Poblet y otra charla a cargo de Llorenç Serrahima, además de cenas y comidas varias) aquí: http://www.asetrad.org/asambleabilbao/index.htm. ¡Os esperamos!

Informática, traducción y salmorejo

Los tres ingredientes del título coincidieron el pasado fin de semana en Córdoba en una nueva edición del archiconocido Curso de Informática Productiva para Traductores del celebérrimo Xosé Castro, organizado por Asetrad (más concretamente por los socios José María Izquierdo y Ramón López Gordillo, que fueron los auténticos impulsores de la iniciativa) en colaboración con la Universidad de Córdoba, que muy amablemente nos cedió el aula magna de la Facultad de Filosofía y Letras para la ocasión. Aunque el curso me interesaba, en principio no pensaba ir; ahora, sin embargo, me alegro infinitamente de haber asistido, no solo por todo lo aprendido de manos de Xosé, sino también por los buenos ratos pasados en compañía de otros colegas. Una fantástica combinación que siempre me llena de energía y me deja con ganas de más.

El curso se impartió en dos días: el viernes 18 de noviembre de 16:30 a 20:30 y el sábado 19 de noviembre (día, por cierto, del cumpleaños de Xosé) de 9:30 a 13:30. Aun así, ocho horas no bastaron para cubrir todo el temario previsto, y a pesar de la ingente cantidad de información aportada (al final del curso me bullían las neuronas) hubo cosas que se quedaron en el tintero. Cabe destacar también que fue un éxito de convocatoria: en el aula magna de la facultad nos congregamos unas cien personas, más de la mitad de ellas estudiantes de Traducción e Interpretación de la propia Universidad de Córdoba. Y no me extraña tal afluencia de público: haciendo gala de su habitual sentido del humor y de su infinito arsenal de anécdotas con moraleja, Xosé compartió con nosotros buena parte de su sabiduría informática por medio de consejos, recomendaciones y trucos para lograr domesticar a Windows, Word, Google y otras especies informáticas salvajes a las que todo traductor se enfrenta día a día. No faltaron tampoco los consejos sobre ergonomía, organización del trabajo diario o comercialización de nuestros servicios.

Por todo ello, este curso es, en mi opinión, uno de los más recomendables y provechosos para cualquier profesional del sector. No solo aporta información muy útil que redunda en beneficio de nuestra productividad y de la calidad de nuestro trabajo, sino que invita a la reflexión sobre el uso que hacemos del ordenador y el partido que le sacamos, que por lo general está a años luz de todo lo que podemos llegar a hacer con él. Bastan un par de horas con Xosé para darse cuenta de que en realidad estamos muy lejos de conseguir ese nivel avanzado de conocimientos informáticos que creíamos tener. De hecho, me pregunto si el mismísimo Bill Gates conoce todos los secretos y trucos de su propio sistema operativo.

Por supuesto, no todo fue trabajo; también hubo tiempo para el esparcimiento y la gastronomía. El viernes por la noche nos reunimos en el restaurante La Cazuela de la Espartería para, entre charla y charla con los compañeros de profesión y algunos estudiantes valientes, degustar exquisiteces varias (tartaletas, jamón y queso, croquetas, migas, salmorejo…). Al día siguiente, al finalizar el curso, nos dirigimos al restaurante Casa Salinas para disfrutar de una comida que acabaría durando más de tres horas y en la que nos cebamos (cuando íbamos tan solo por la mitad de los platos ya no podíamos más) a base de salmorejo, berenjenas y boquerones fritos, croquetas, revuelto, carrillada, flamenquines y otros manjares que no quiero recordar a estas horas para que no se me haga la boca agua.

En definitiva, el fin de semana fue una combinación perfecta de informática, traducción, animadas conversaciones sobre los temas más variopintos y rica gastronomía. Gracias a Xosé, Ramón y José María por habernos ofrecido una «excusa» para reunirnos en una ciudad tan mágica (a pesar de la lluvia) como Córdoba. ¡Ya estoy deseando que llegue el próximo sarao!