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Curso de coaching para traductores, por Xosé Castro (Alicante, 18 de mayo)

No todos los días tiene una la oportunidad de traerse a Xosé Castro a su ciudad natal para que nos enseñe cómo vivir bien de la traducción. Así que si vosotros, queridos traductores, también queréis aprender a sacarle el máximo partido a vuestra profesión, además de tener la oportunidad de pasarlo bien con otros colegas, no podéis perderos el curso de coaching para traductores que se celebrará el próximo sábado 18 de mayo en el hotel Abba Centrum de Alicante. Xosé, colegas, formación, buen humor, sol, playa: ¿qué más se puede pedir?

Enlace al evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/634601006555670

Y para quien no tenga Facebook, aquí os dejo toda la información:

Curso de coaching para traductores: cómo vivir bien de la traducción

Instructor: Xosé Castro
Organiza: Isabel García Cutillas
Fecha: Sábado, 18 de mayo del 2013, de 10.00 a 20.00
Lugar: Alicante, hotel Abba Centrum (c/ Pintor Lorenzo Casanova, 31)

En este intensivo taller de ocho horas trataremos, con inspiración y creatividad, los instrumentos de trabajo que necesita un traductor para •vivir bien• de su profesión (conocimientos informáticos, humanísticos y de salud laboral), así como las medidas que debe tomar para conseguir y mantener clientes y otras potenciales fuentes de ingresos: visibilidad, promoción, captación de fuentes de ingresos.

El horario será de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00, con una pausa a media mañana y otra a media tarde con café (además del intermedio para el almuerzo).

PROGRAMA
• Quién puede ser traductor, corrector o intérprete: requisitos básicos y máximos para el éxito profesional.
• Uso de tecnología para mejorar nuestro posicionamiento: internet 2.0, redes sociales, herramientas de traducción.
• Cuánto, cuándo y cómo invertir en tecnología de traducción.
• Informática: qué no sabemos y qué deberíamos saber para tener éxito.
• Autoevaluación y autoanálisis: la visión de uno mismo como producto mejorable.
• Técnicas de imagen profesional en persona y a través de internet.
• Captación de clientes: tipos de clientes, entrevistas, situaciones de networking.
• El traductor en comunidad: asociacionismo, colaboración y trabajo en grupo.
• Qué puedo ofrecer a mis clientes. Qué clientes no tengo y podría tener. ¿Cuál es el factor de rentabilidad de mi especialidad?
• El concepto fundamental de no pedir, sino ofrecer.
• Valoración de mi trabajo y tarifas consecuentes.
• Cómo conseguir y conservar clientes preciados.
• Qué decir y qué no decir nunca a un cliente.
• Las diferencias entre agencias (intermediarios) y clientes directos: estrategias separadas.

INSCRIPCIÓN
• Hasta el 5 de mayo inclusive: 95 euros.
• Desde el 5 de mayo: 125 euros.
• Precio para estudiantes universitarios o miembros de una asociación de la Red Vértice* hasta el 5 de mayo: 80 euros.
• Desde el 5 de mayo para estudiantes y miembros de Red Vértice: 100 euros.
(Estos últimos deben justificarlo enviando foto de documento que acredite su condición de estudiante o miembro de asociación.)

ALMUERZO
El menú incluye:
• Aperitivo Centrum
• Crema de calabaza con picatostes y polvo de pistacho
• Carrillera de ternera estofada al vino tinto con panaché de verduras
• Sorbete de piña con Malibú y coco rallado
• Aguas minerales
• Refresco o cerveza
• Café o infusión
Precio: 19 euros (IVA incluido)
Si alguien prefiere pescado o tiene alguna petición especial (vegetarianos, celiacos, etc.), puede indicarlo en el mensaje de pago.

FORMA DE PAGO
1. Paypal
Envía el pago (curso + almuerzo o solo curso) a paypal@xcastro.com (indica pago ‘personal/familiar’ para evitar comisiones). En el mensaje, pon todos tus datos de contacto (teléfono, correo principal y alternativo y otras redes sociales, así como los datos fiscales para la factura). Si tienes alguna petición especial respecto al almuerzo, indícalo también en el mensaje.

2. Transferencia bancaria
Envía el pago (curso + almuerzo o solo curso) al siguiente número de cuenta: 0065-0001-21-0001114088. Titular: Xosé Castro. En las observaciones, indica COACHING ALICANTE y envía un mensaje a xosecursos@gmail.com con resguardo de transferencia y todos tus datos de contacto (teléfono, correo principal y alternativo y otras redes sociales, así como los datos fiscales para la factura). Si tienes alguna petición especial respecto al almuerzo, indícalo también en el mensaje.

CENA
Con ocasión del curso se celebrará también en Alicante una cena. Más información aquí: https://www.facebook.com/events/514521155276664. Si no tienes Facebook y quieres asistir a la cena, envía un mensaje a igcutillas@yahoo.es.

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* Las asociaciones de traductores que forman parte de la Red Vértice son estas: AATI, ACE Traductores, ACEC, AGPTI, AIPTI, APTIC, APTIJ, ASATI, Asetrad, ATIJC, ATRAE, EIZIE, MET, TREMÉDICA, UniCo y XARXATIV.

Gestión eficaz del tiempo de trabajo: crea un diario laboral

Siempre he sido una persona tremendamente organizada y planificadora, tanto en mi vida profesional como personal. Como resultado, hace años decidí empezar a dejar constancia escrita de los días de vacaciones y festivos que me tomaba libres para, al cabo del año, saber cuántos días laborables no había trabajado. Seguro que hay varios programas informáticos idóneos para dicha tarea, pero yo opté por el método más rudimentario: un sencillo documento de Excel con una columna para cada año, una fila para cada día del año y un cómputo total al final.

Vacaciones y festivos

Vacaciones y festivos 2

Con la llegada del año 2013 me he propuesto ir un paso más allá: no solo reflejar los días de vacaciones o festivos, sino anotar todas las tareas que hago día a día para saber exactamente en qué invierto mi tiempo de trabajo. Existen programas de gestión del tiempo útiles para ese cometido, como ManicTime o Grindstone, que permiten registrar el tiempo que pasamos delante del ordenador y analizar cuántas horas dedicamos a cada actividad o aplicación informática. No obstante, mi objetivo no es tanto saber cuánto tiempo dedico a cada tarea, sino más bien saber cuáles son esas tareas, dejar constancia de las actividades que hago cada día a modo de diario laboral, cosa que no permiten tales programas. La finalidad: poder determinar si he dedicado mi tiempo a trabajo remunerado o no remunerado, saber (aunque sea grosso modo) cuántos días al mes o al año invierto en actividades de promoción o formación, evitar la procrastinación y las interrupciones o, si las hay, detectarlas y reducirlas al mínimo.

Para llevar a cabo dicha empresa he vuelto a optar por una sencilla hoja de Excel que he sumado a la de vacaciones y festivos que he mencionado anteriormente. El diseño es muy sencillo: una hoja para cada año y una columna respectivamente para el día de la semana, la fecha, la hora de inicio y de fin de la jornada laboral, junto con el descanso de mediodía y el tiempo total, las tareas realizadas y, por sugerencia vía Twitter de Héctor Quiñones, etiquetas para clasificar las tareas. Mi intención es reflejar todas las actividades que hago dentro de mi tiempo de trabajo: traducción, revisión o corrección (trabajo remunerado); actividades de promoción y marketing (actualización del currículum o de la página web, envío de cartas, etc.); uso de redes sociales; actividades de formación (cursos, webinarios, autodidacta, etc.), y tareas administrativas (declaraciones fiscales, facturas, etc.). He querido simplificar al máximo el método porque, para que funcione, tiene que ser un registro fácil de llevar.

Diario laboral

Por otro lado, como parte de mi estrategia para conseguir gestionar el tiempo de  manera más eficaz y aprovecharlo al máximo, he decidido utilizar sistemáticamente la técnica Pomodoro para reforzar la concentración, para lo cual asignaré uno o varios ciclos de trabajo a cada tarea prevista del día. Así pues, el desarrollo general de una jornada típica de trabajo sería el siguiente:

  • Repaso de las tareas previstas para el día (fundamental ponerlas por escrito de un día para otro).
  • Registro de la hora de inicio de la jornada laboral.
  • Realización de las tareas, cronometrando cada una con ciclos Pomodoro.
  • Registro de la hora de fin de la jornada laboral.
  • Registro de las actividades realizadas en el diario laboral.

En definitiva, lo que pretendo con todo este montaje es gestionar y organizar mejor el tiempo de trabajo y ser consciente de lo que hago y cuándo lo hago. ¡Espero conseguirlo!

Adiós, vacaciones; hola, rutina

Vuelta a la vida cotidiana después de casi un mes de desconexión total. Ya sabéis (y si no lo sabéis, leed esta entrada de hace más de un año) que yo no concibo unas vacaciones al pie del cañón, por lo que una vez más decidí dejar aparcada durante unas semanas mi vida laboral y todas las tareas consustanciales (correo, redes sociales, teléfono) para dedicarme en cuerpo y alma, sin remordimientos ni preocupaciones, al noble arte de descansar, recargar las pilas y, sobre todo, viajar, mi auténtica pasión.

Lo malo de unas vacaciones largas y totalmente ajenas a tu rutina diaria es, precisamente, que volver a esa rutina cuesta un poco más: cuantos más días pasamos fuera de casa sin recordar que somos traductores, sin mirar el correo y sin mantenernos al tanto de lo que se cuece en la profesión, más difícil se hace volver a sentarse frente al ordenador, revisar todos los mensajes que nos han ido llegando en nuestra ausencia y ponerse al día de todo lo que nos hemos perdido mientras estábamos off. Sin embargo, considero esa «alienación» un requisito imprescindible para descansar y reponer de verdad la mente y el cuerpo, aunque ello pueda suponer perder clientes, encargos o información. En mi opinión, es el peaje que hay que pagar para mantener una vida personal y laboral equilibrada y satisfactoria, una mente cuerda y un cuerpo sano, y no significa en absoluto (como algunos pueden pensar) que seas un mal profesional o un traductor pasota al que no le importan sus clientes y su trabajo. Simplemente, cada cosa tiene su momento y su lugar, aunque reconozco que no todo el mundo puede permitirse ese «lujo» o plantearse el trabajo y las vacaciones de la misma forma que yo.

Para que la vuelta a la realidad sea más llevadera, en especial si hay un viaje de por medio, antes de incorporarme plenamente al trabajo después de un periodo vacacional, dedico los dos últimos días de descanso a ir retomando el ritmo habitual: me levanto más o menos a la hora acostumbrada, enciendo el ordenador y dedico un rato a echarle un vistazo al correo, las redes sociales, los blogs, la prensa, etc., para no morir de una avalancha digital el primer día de trabajo. Y ese primer día laborable hago la puesta a punto definitiva:

  • Desactivo la respuesta automática de vacaciones del correo electrónico.
  • Reviso el correo y hago limpieza de los mensajes que he recibido mientras estaba de vacaciones. Contesto a todos aquellos que requieran respuesta por orden de prioridad y urgencia.
  • Envío un mensaje colectivo a todos mis clientes para hacerles saber que ya estoy de vuelta y disponible para nuevos encargos.
  • Reactivo la recepción de mensajes de las listas de correo, que suelo desactivar antes de irme de vacaciones para que no se me acumule una cantidad ingente de mensajes (que probablemente acabe no leyendo) en mi ausencia.
  • Retomo la actividad en las redes sociales y me pongo al día en la medida de lo posible.
  • Publico una entrada en el blog para que mis lectores sepan que sigo ahí. 🙂

Y a vosotros, ¿os cuesta volver a la vida cotidiana después de las vacaciones?

Anatomía de una oficina

En la entrada «Oficina, dulce oficina» ya hablé del equipamiento que todo traductor necesita para trabajar. Pero como una imagen vale más que mil palabras, he decidido hacer la disección de mi propio espacio de trabajo:

Oficina diseccionada

1. Ordenador. No se aprecia muy bien por ser del mismo color que la mesa, pero os prometo que ahí está mi ordenador. Por circunstancias personales me resulta más cómodo utilizar un portátil, ya que así puedo llevarme el trabajo y mi entorno informático adonde quiera sin necesidad de hacer trasvase de un soporte a otro.

2. Monitor LED de 21,5 pulgadas. Después de varios años trabajando directamente en el portátil, decidí comprarme una pantalla decente, que conecto directamente al ordenador con un cable HDMI. Pero no solo importa el tamaño del monitor (que dependerá de lo cerca que estemos de él); también es importante ajustar correctamente la luminosidad, el brillo, el contraste, etc.

3. Teclado. El mío no es ergonómico, pero mejor si lo es.

4. Ratón. Cada vez lo uso menos, ya que con el teclado se trabaja mucho más rápido y se castigan menos las manos y las muñecas, pero ahí sigue para casos de emergencia.

5. Mesa. Para mí, disponer de una mesa amplia sin problemas de espacio en la que poder desplegar todo mi arsenal de trabajo es fundamental, aunque algunos aprovechan ese espacio extra no para trabajar más cómodamente, sino para llenar la mesa de trastos. Yo soy escrupulosamente metódica con el orden: un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.

6. Silla. Elegí una silla cómoda, con reposabrazos, respaldo y asiento regulables tanto en altura como en inclinación. No escatiméis en este mueble; vuestra espalda os lo agradecerá.

7. Archivador. Para tener a mano y ordenado el material de papelería y los documentos importantes.

8. Agenda. Por mucho que estemos en la era digital, yo sigo prefiriendo anotar las fechas de entrega de mis trabajos y demás compromisos personales y profesionales en una agenda de papel.

9. Bote de bolígrafos y lápices. Para tener siempre a mano utensilios de escritura.

10. Calculadora. Al igual que con la agenda, prefiero usar una calculadora manual antes que la del ordenador. La utilizo básicamente para calcular cuántas palabras he traducido, cuántas me quedan por traducir, el precio de los trabajos y lo rica que seré dentro de unos años gracias a la traducción.

11. Flexo. Una buena iluminación es fundamental. Mejor si usáis bombillas de bajo consumo. Respecto a la iluminación, también es recomendable colocar la mesa perpendicular a la ventana para que esta quede a un lado, y no delante o detrás. Así se evitan los reflejos y los deslumbramientos.

12. Plantas. Si queréis compartir vuestra oficina con otro ser vivo, esta es una buena opción, aunque la del rincón se me está poniendo mustia.

13. Cuadros. ¿Hay algo más deprimente que levantar la vista y ver una pared blanca? Para dejar volar mi imaginación y descansar la mente, colgué en la pared dos fotografías artísticas de Times Square (Nueva York). El cuadro que hay sobre la mesa (óleo sobre lienzo) es obra de una servidora

Faltarían en esta relación tres elementos importantes que no aparecen en la foto:

1. Módem-router. Creo que no hace falta que explique la importancia de este aparato.

2. Reposapiés. Esencial si no podemos apoyar toda la planta del pie sobre el suelo con las piernas en un ángulo de 90 grados.

3. Cajonera auxiliar. En ella guardo material de oficina, documentos, etc. Encima tengo instalada la impresora.

En definitiva, lo importante es trabajar en un espacio cómodo que nos permita ser productivos y cuidar nuestra salud.

¿Cuánto ganas realmente?: el factor rentabilidad

Todos sabemos lo que cobramos por una traducción, pero ¿sabemos realmente si nos sale rentable? Cuando un cliente nos hace un encargo que vamos a facturar por palabras, tomamos siempre nota del número de palabras, la tarifa unitaria y el precio total, pero casi nunca registramos otro dato igualmente importante: el tiempo que le hemos dedicado a ese trabajo, factor que nos ayudará a determinar si nos ha salido rentable o no. Pongamos un ejemplo:

Tenemos dos trabajos: una traducción sencilla de 2000 palabras a 0,08 € por palabra y una traducción más compleja de la misma extensión a 0,12 € por palabra. A priori, este segundo proyecto es más suculento que el primero en términos económicos, pues nos reportará unos ingresos de 240 € frente a los 160 € de la traducción más fácil. Nos ponemos manos a la obra. Como el primer encargo no presenta ninguna dificultad, traducimos a buen ritmo y lo liquidamos en tan solo 5 horas. Así pues, en este caso habremos ganado 32 € por hora. En el segundo trabajo, sin embargo, vamos más despacio porque tenemos que hacer más búsquedas documentales, resolver más dudas y lidiar con problemas de formato, y al final necesitamos 8 horas para terminarlo. En este caso habremos ganado solo 30 € por hora. Conclusión: el trabajo que en un principio nos iba a reportar menos ganancias nos ha salido más rentable, es decir, hemos ganado más dinero por hora de trabajo.

Así pues, conviene calcular el tiempo que dedicamos a cada trabajo para determinar qué tipo de encargos nos salen más rentables y ajustar las tarifas en consecuencia. Una tarifa más alta no siempre conlleva unos mayores ingresos en relación con el tiempo invertido.

De cómo encontré mi horario de trabajo ideal

En mi penúltima entrada hablé de la conveniencia de establecer un horario de trabajo más o menos fijo, adaptado a nuestras necesidades y obligaciones, y expliqué el horario laboral que yo sigo. Hoy, sin embargo, os confesaré algo que seguramente ya supondréis: no siempre he tenido el mismo horario de trabajo; de hecho, he tardado más de cinco años en llegar hasta donde estoy ahora.

Al principio, por el entusiasmo de trabajar, el afán de no perder trabajos y clientes y la ausencia de obligaciones domésticas y familiares, empezaba la jornada de trabajo pasadas las 9:00 y no terminaba hasta las 20:30. Trabajaba incluso los sábados, los festivos y los domingos por la mañana. Más adelante, a medida que se fueron extinguiendo esa abnegación y ese empuje inicial y empecé a querer disfrutar más de mi tiempo libre, decidí adelantar el inicio y el fin de la jornada laboral. Paralelamente comencé también a superar el miedo a perder encargos y clientes por no estar siempre disponible. Así que me dije: ¿por qué no empezar un poco antes, sobre las 8:30, y terminar a las 19:30? Y probé. Y vi que no se acababa el mundo por echar el cierre antes de las 20:30. Y me gustó terminar una hora antes y tener así una hora más para mí misma.

El siguiente paso fue recortar un poco la jornada para no pasarme nueve o diez horas delante del ordenador. Así, primero decidí apagar el ordenador a las 19:00; más adelante, a las 18:30; luego, a las 18:00. Decidí incluso trabajar solo los sábados por la mañana (y no todo el fin de semana) y tomarme algún festivo libre. Pero mi osadía no se detuvo ahí y me llevó más lejos: a dejar de trabajar totalmente los fines de semana e intentar cogerme libres todos los festivos. Y también hice algo muy importante: empecé a dedicar parte de la jornada a buscar clientes nuevos aunque ya tuviese trabajo, a leer blogs, estar activa en la red y hacer otras tareas no remuneradas relacionadas con la traducción e importantes para mejorar mi trabajo y mi imagen profesional. Y así, poquito a poco, he llegado al horario que tengo hoy.

Con mi historia quiero demostrar básicamente dos cosas: que hace falta tiempo y experiencia para encontrar tu horario de trabajo ideal y que si quieres, puedes. Porque, sí, es posible no vivir esclavizado por el trabajo y tomar las riendas de tu vida profesional para encauzarla hacia donde quieres dirigirte.

Un día en la vida de un traductor

Como ya he dicho en otras ocasiones, una de las mayores ventajas de ser traductor autónomo es que puedes establecer libremente tus horarios de trabajo y compaginarlos a la perfección con otras tareas y obligaciones. Nadie te va a pedir explicaciones ni te va a recriminar por tomarte un día libre entre semana para descansar, por terminar antes de lo habitual tu jornada laboral para ir al médico o al cine o por aplazar al fin de semana todo el trabajo pendiente porque te ha surgido un imprevisto. Lo que le importa al cliente es que entregues el trabajo en la fecha prevista y con la calidad esperada. Partiendo de esa premisa, cada uno puede organizar su horario laboral como mejor le convenga.

Dicho esto, me gustaría hacer algunas matizaciones:

  • Aunque nuestra flexibilidad de horarios nos permite trabajar cuando queramos, los clientes esperan que estemos localizables a determinadas horas del día (en horario de oficina, generalmente de 9:00 a 18:00) para atender sus llamadas telefónicas o responder rápidamente a sus correos electrónicos, por lo que conviene estar disponibles en esa franja horaria.
  • Si vamos a estar ausentes en horas de oficina, es recomendable informar de antemano a los clientes y, en su caso, activar la función de respuesta automática del correo electrónico para que todo aquel que nos escriba un mensaje sepa que estamos fuera y que es probable que tardemos en contestar.
  • Si bien podemos adaptar nuestro horario de trabajo en función de nuestras necesidades, creo que es mejor mantener un horario más o menos fijo que nos permita disociar nuestra vida profesional de nuestra vida personal. De lo contrario, corremos el riesgo de no poner límites y no desconectar, de que las jornadas laborales sean interminables y de no reservar espacio para el ocio, los amigos, la familia, las labores domésticas, el descanso, etc.

Así pues, ¿cómo es un día en la vida de un traductor? Hay profesionales que prefieren madrugar mucho y aprovechar bien la mañana, cuando tienen las neuronas más en forma; otros, en cambio, afirman trabajar mejor por la noche, cuando todo está más tranquilo y silencioso. En mi caso, este es el horario que sigo de lunes a viernes:

  • Comienzo la jornada a las 7:30. La primera media hora la dedico a consultar todas mis cuentas de correo electrónico, tanto profesionales como personales; responder a los mensajes pendientes; revisar la contabilidad para comprobar qué facturas están pendientes de pago y qué recibos me tienen que cobrar; echarle un vistazo a Facebook y a la prensa. En resumen, me pongo un poco al día tanto en el terreno profesional como personal.
  • A las 8:00, aprovechando que a esa hora estoy fresca y el ambiente está tranquilo, empiezo a currar «de verdad»: a traducir o revisar el texto que toque ese día. Esos primeros minutos suelen ser de lo más productivos. Poco después, a las 8:45, hago una pausa para asearme, desayunar y poner orden en la casa.
  • A las 9:30 retomo el trabajo duro, que prolongo hasta las 14:15. Por supuesto, voy haciendo pausas para no quemarme ni anquilosarme, aunque su distribución y duración varían bastante según lo ocupada y concentrada que esté. Cuando estoy absorta en el trabajo y cojo carrerilla, me cuesta bastante parar. En esos casos, hago una única pausa de unos 15 minutos a media mañana. En cambio, cuando el trabajo es espeso y me cuesta avanzar, paro 5 o 10 minutos cada hora para tomar aire. Lo normal, sin embargo, es que haga dos pausas de 15 minutos a lo largo de la mañana: una a las 11:00 y otra a las 12:45 aproximadamente. Lo importante, en cualquier caso, es levantarse de la silla, estirarse un poco y relajar la vista. Yo muchas veces aprovecho ese lapso para hacer alguna tarea doméstica.
  • A las 15:30, con el estómago lleno, enfilo la recta final de la jornada. Sigo con el trabajo duro hasta las 17:00; después dedico una hora a otras tareas directamente relacionadas con mi trabajo, pero no remuneradas, por ejemplo: hacer facturas (si es el último día del mes); actualizar mi currículum o mi perfil en diversas páginas web; promocionar mis servicios y buscar clientes nuevos (principalmente mediante e-mail marketing); leer blogs y revistas de traducción o, por supuesto, redactar entradas para esta bitácora. En definitiva, las mismas tareas que hago el resto del día cuando tengo poco o ningún trabajo.
  • Así pues, suelo terminar la jornada laboral a las 18:00. En total son 7 horas de trabajo productivo (traducir, revisar) y una hora (hora y media, si contamos lo que hago al inicio de la jornada) de trabajo «extra».

Lo bueno de terminar a una hora aceptable como las 18:00 es que me queda bastante tiempo libre para otras cosas y que, en caso de necesidad, puedo hacer horas extras sin tener que trabajar a horas intempestivas. Además, casi nunca trabajo los fines de semana; mejor dicho, casi nunca acepto trabajos que obligatoriamente me hagan trabajar el fin de semana (y digo casi porque puede haber excepciones, según el tipo de trabajo y el cliente del que se trate). De todas formas, mis clientes tampoco suelen esperar que me quede currando sábados y domingos a no ser que sea algo realmente urgente. Lo mismo sucede con los días festivos. No obstante, sí hay veces que yo decido voluntariamente trabajar el fin de semana o un festivo, por ejemplo si voy atrasada con algún encargo.

Como veis, con un poco de organización y voluntad se puede poner orden en la jornada laboral diaria de un traductor, lo cual, en mi caso, tiene estas ventajas:

  • Aprovecho mejor el tiempo y soy más productiva que si no tuviera un horario fijo.
  • Me concentro mejor en las tareas que debo realizar a lo largo del día y me distraigo menos.
  • Sé cuándo empiezo y cuándo termino de trabajar.
  • Me queda tiempo libre para otras cosas.
  • Tengo un equilibrio entre mi vida profesional y mi vida personal.

Y vosotros, ¿cuál es vuestro horario de trabajo?