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Mamá, quiero ser traductor

Ha pasado ya un año desde la última entrada que publiqué aquí, pero hoy he decidido volver a la blogosfera para dar respuesta a una pregunta que me han formulado decenas de veces a lo largo de estos años y que se plantearán muchas otras personas en los años venideros: quiero ser traductor, ¿qué hago? Lógicamente, no hay recetas mágicas y cada caso tiene sus particularidades, pero si tuviera que recomendar una fórmula general para empezar de cero en este sector, sería la siguiente:

Paso 1: Reflexiona

Lo he repetido en infinidad de ocasiones, pero lo voy a poner de manifiesto una vez más: la primera pregunta que uno debe formularse es si realmente quiere ser traductor y si sabe lo que conlleva este trabajo. Nueve de cada diez aspirantes a traductor (vale, me he inventado la estadística, pero os podéis hacer una idea) desconocen o tienen una idea distorsionada, idílica o romántica del trabajo del traductor, de ahí que luego vengan los chascos y las decepciones cuando se topan con la cruda y nada glamurosa realidad.

Artículos para iluminarte: La senda del traductor novel (1); 12 secretos sobre los traductores autónomos; El traductor, ese señor que traduce.

El segundo aspecto sobre el que debería reflexionar todo aquel que se plantee dedicarse a la traducción es si posee las cualidades necesarias para ello. ¿Dominas tu lengua materna? ¿Eres experto en algún tema además de tener buenos conocimientos de un idioma extranjero? ¿Manejas con soltura el ordenador? ¿Eres perseverante, disciplinado, curioso, independiente?

Artículos para iluminarte: 12 secretos sobre los traductores autónomos; Las cualidades básicas del buen traductor.

Y la tercera cuestión clave es: ¿quieres trabajar como autónomo (como hacemos la mayoría) o en plantilla? Si la respuesta es «como autónomo», sigue buceando por este blog.

Artículos para iluminarte: La senda del traductor novel (2).

Paso 2: (In)fórmate

Vale, has reflexionado y has decidido que quieres seguir adelante con tu empeño de ser traductor, porque te encantan los idiomas y el lenguaje, te gusta escribir y leer, tienes un buen nivel de [inserte aquí idioma], desde pequeño has escrito sin faltas de ortografía y crees que esto se te daría bien. Además, eso de trabajar por tu cuenta tampoco te asusta. Estupendo, es un buen punto de partida, pero es probable que no te sientas suficientemente seguro para lanzarte al ruedo de la traducción y que te falte una base para poder desarrollar este trabajo con ciertas garantías. Párate a pensar: ¿qué conocimientos te faltan? Si procedes de una rama «de letras» afín a la traducción (como, por ejemplo, la filología o el periodismo), es probable que tengas una buena base lingüística, pero que te falten destrezas informáticas o que no tengas conocimientos de otras materias en las que poder especializarte. En cambio, si eres un profesional de un sector completamente distinto (ingeniería, medicina, derecho…) que quiere reciclarse y reorientar su carrera hacia la traducción, los conocimientos especializados ya los tienes, pero seguramente te falte una buena base lingüística. ¿Qué hacer para subsanar esa carencia?

  • Lengua española: Ser hablante nativo de un idioma no te convierte en un experto de dicho idioma. Es fundamental conocer, al menos, las autoridades lingüísticas y las obras básicas de referencia de nuestra lengua, como el Diccionario de la lengua española, el Diccionario panhispánico de dudas, la Nueva gramática de la lengua española y la Ortografía de la lengua española de la Real Academia Española; las obras de José Martínez de Sousa, como el celebérrimo Manual de estilo de la lengua española, y las normas dictadas por la Fundéu, por citar solo algunas de las muchas referencias y autores. Si lo que te faltan son conocimientos de español, empieza por ahí.
  • Informática: La opción más barata para formarse en este campo es dedicar un poco de tiempo a leerse la documentación y las instrucciones de uso de los propios programas, así como buscar en internet cursos o tutoriales gratuitos y, sobre todo, trastear y practicar. Pero si no te fías de tu espíritu autodidacta y prefieres que alguien te instruya, puedes optar por talleres o cursos específicos.

Artículos para iluminarte: Software para traductores (1), Software para traductores (2), Software para traductores (3).

  • Formación general en traducción o conocimientos especializados de otras áreas: También en este caso, la formación por tu cuenta a base de leer, leer, leer y preguntar es lógicamente la opción más barata, aunque no la más sencilla, ya que requiere una considerable dedicación y esfuerzo no supervisados. Si te gusta más la formación reglada o impartida por profesionales, puedes decantarte por cursos o másteres de universidades o de empresas especializadas en formación para traductores. En cualquier caso, para asegurarte de que el nivel del curso cumple tus expectativas y merece la pena el desembolso que conlleva, pide opiniones y referencias de antiguos alumnos, léete bien el programa y los contenidos e infórmate sobre la trayectoria y la reputación de los docentes.

Dónde buscar cursos: Asociaciones profesionales (como los cursos de APTIC y los seminarios web de Asetrad), universidades españolas y extranjeras, empresas de formación para traductores (por ejemplo, AulaSIC, Cálamo&Cran, Con Trazo Firme y Estudio Sampere).

Pero antes de lanzarte a la piscina, familiarízate también con el sector: las redes sociales, las listas de distribución, los blogs, las asociaciones profesionales o las revistas de traducción (como La Linterna del Traductor) pueden ser un buen punto de partida para saber lo que se cuece en el gremio. Observa, empápate, pregunta, relaciónate con traductores.

Artículos para iluminarte: El traductor, ese animal (a)social; Comunidades virtuales.

Paso 3: Analiza y planifica

Bien, ya tienes la base necesaria para ser un buen traductor; ahora te toca pergeñar un plan de negocio que te sirva de guía para abrirte camino en el sector de la traducción sin morir en el intento. Piensa:

  • ¿Qué servicios quieres ofrecer?: traducción, interpretación, corrección, transcripción, etc.
  • ¿Con qué idiomas trabajarás? A este respecto, yo soy seguidora de la máxima «quien mucho abarca, poco aprieta», es decir, suele ser mejor y más rentable trabajar con pocos idiomas (uno o dos como mucho) y conocerlos muy bien que ofrecer varias lenguas sin llegar a conocer en profundidad ninguna de ellas. Cuando uno trabaja con varios idiomas de partida, es inevitable que acabe traduciendo más de una lengua que de otra, lo que implica que esa primera lengua la dominará mejor y le será más fácil trabajar con ella, mientras que el otro idioma se irá oxidando poco a poco y cada vez le será más difícil y costoso traducir textos de esa lengua.¿Y qué idiomas elegir? Lo ideal y utópico sería encontrar un idioma relativamente exótico que domine poca gente, pero que tenga suficiente demanda. Fácil, ¿no? Si no puedes aunar las dos cosas y tienes que decantarte por un idioma exótico con poca demanda o un idioma común muy demandado, es mejor, lógicamente, decantarse por este último, aunque haya más competencia. En cualquier caso, escoge un idioma que domines y te guste.
  • ¿En qué temas te especializarás? Especializarse en un determinado tipo de traducción, ya sea médica, técnica, jurídica, económica, etc., suele ser un punto a favor, tanto para el cliente (que obtendrá traducciones de calidad) como para el traductor (al que le será más fácil traducir textos con cuyo tema está familiarizado). No obstante, por lo general, tampoco conviene limitarse a una especialidad muy concreta, a menos que tenga una gran demanda. Lo ideal es tener una especialización o una combinación de especializaciones relativamente amplias. Para elegirlas, ten en cuenta tus idiomas de trabajo y tus mercados de destino. ¿Cuáles son los sectores más pujantes de los países donde se habla tu lengua extranjera? Si, por ejemplo, traduces del alemán y Alemania tiene un importante sector industrial, no sería mala idea especializarse en traducción técnica.
  • Otros puntos que conviene tener en cuenta antes de poner en marcha el negocio: equipamiento y tarifas.

Artículos para iluminarte: Cómo se fija una tarifa; Seis verdades sobre tarifas que no debemos olvidar; ¿Cuánto ganas realmente?: el factor rentabilidad; Oficina, dulce oficina.

Y, como en todo plan de negocio, date tiempo, fíjate un plazo para prosperar (yo diría que, como mínimo, uno o dos años) y ten un respaldo económico para salir adelante mientras los ingresos escasean. Si al concluir el plazo establecido no has tenido éxito en tu aventura, abandona o replantéate el camino que estás siguiendo.

Paso 4: Lánzate

Una vez que tengas atado y bien atado todo lo anterior, no esperes más: ¡lánzate! Nunca vas a encontrar el momento perfecto ni lo sabrás todo antes de empezar, así que cuanto antes des el primer paso, antes irás adquiriendo experiencia y perfeccionándote como hacemos todos: mediante ensayo y error. Busca clientes, date a conocer, grita a los cuatro vientos que existes y eres bueno en lo que haces: haz cualquier cosa menos quedarte parado.

Artículos para iluminarte: La senda del traductor novel (3); El arte de tratar con los clientes: consejos y pautas de actuación; Los errores más comunes de un traductor; La escuela de la vida: lecciones prácticas sobre el trabajo del traductor.

Las cualidades básicas del buen traductor

Hace unas semanas, una lectora de este blog, Andrea, me planteó en un comentario una serie de preguntas que ya me han formulado anteriormente muchas otras personas y que son fruto de la incertidumbre y la inseguridad (normales, por otro lado) que suelen atenazar a los que quieren estudiar o dedicarse a la traducción, pero no saben cómo funciona esto ni si se les dará bien. Andrea, en concreto, me preguntaba si se puede estudiar Traducción sin tener un buen nivel de español o sin conocer otro idioma extranjero aparte del inglés, si se puede mejorar el español a lo largo de los años de estudio, si puede ser contraproducente ser ansiosa y aislada y si esta profesión requiere grandes dosis de capacidad comunicativa cara a cara. En resumen, ¿qué cualidades debe tener un estudiante de Traducción o un traductor profesional?

Empecemos por el principio, por lo básico, obvio y elemental: un traductor o estudiante de Traducción debe conocer, como mínimo, una lengua extranjera y su propia lengua materna. Esta afirmación puede parecer una perogrullada, pero lo cierto es que muchas veces, los estudiantes o traductores noveles no son del todo conscientes de lo que eso significa realmente y es habitual que cometan dos errores: creer que en la carrera aprenderán el idioma del que quieren traducir y, lo que es peor, olvidar que conocer su propia lengua materna a la perfección es tanto o más importante que tener un buen dominio del idioma extranjero en cuestión.

En cuanto al primer punto, hay que tener muy claro que la carrera de Traducción no es un curso para aprender inglés, francés, alemán o chino; su objetivo, en principio, es que los alumnos aprendan a traducir, por lo que la lengua B (la primera lengua extranjera, la lengua de la que uno traduce principalmente) ya debe venir aprendida de casa. Dicho de otro modo: se espera que el alumno ya tenga cierto nivel de su lengua B para poder superar la carrera. Entrar, por ejemplo, en traducción de alemán sin tener ni idea de alemán es una garantía de sufrimiento y, en última instancia, si el alumno no se pone muchísimo las pilas para alcanzar el nivel requerido, de fracaso. Los cuatro años de estudios sirven para que el estudiante perfeccione su lengua de trabajo, no para que la aprenda desde cero. No sucede lo mismo con las segundas y terceras lenguas extranjeras (lenguas C y D), sobre todo si son idiomas raros o exóticos, en cuyo caso sí se suelen impartir desde el nivel más básico. No obstante, no hay que perder de vista que el nivel que se necesita para traducir un idioma es muy alto y ese nivel, en el caso de las lenguas C y D, no se alcanza en cuatro años de carrera (menos aún si se trata de idiomas como el japonés o el chino), por lo que se requerirán varios años más de esfuerzo y trabajo aparte si el alumno quiere llegar a traducir dichas lenguas.

En cuanto al segundo punto, no hay peros que valgan: saber traducir (bien) pasa inevitablemente por saber redactar a la perfección en tu lengua materna. Si no se te da bien escribir, si no conoces tu lengua materna en profundidad, dedícate a otra cosa, porque por muy bien que entiendas el texto original, jamás podrás producir un texto de destino de calidad. Es un error creer que ser hablante nativo de un idioma te capacita automáticamente para traducir a ese idioma. ¿Acaso ser capaces de correr nos convierte automáticamente en campeones de atletismo? Y es que dominar el español no significa solo saber dónde poner las tildes, sino también cómo usar adecuadamente las mayúsculas y las minúsculas, las cursivas o los signos de puntuación, tener un léxico rico y una expresión fluida, saber cómo utilizar la lengua en cada situación y contexto; en definitiva, estar al día de todas las normas gramaticales, ortográficas, ortotipográficas y de estilo del idioma, o conocer las fuentes de consulta adecuadas para resolver las dudas que tengamos (al fin y al cabo, ningún profesional lo sabe todo). Parte de ello se aprende en la carrera, pero se trata de una tarea de actualización, aprendizaje y perfeccionamiento constantes a la que debemos prestar atención durante toda nuestra vida profesional.

Esto entronca con otras de las cualidades que ha de tener un buen estudiante de Traducción o traductor profesional: curiosidad y capacidad autodidacta. En una profesión en la que se manejan textos de todo tipo y en la que es recomendable especializarse y reciclarse para no quedarse estancado y obsoleto, tener ganas de aprender y saber hacerlo por tu cuenta es fundamental. Informática, técnicas de venta y comunicación, DTP, finanzas, medicina u otras especialidades…: los ámbitos en los que puede y debe formarse un traductor para mejorar sus habilidades y el servicio que ofrece son casi infinitos. El traductor es, literalmente, un profesional hecho a sí mismo, porque no le queda más remedio. Si él no se mueve, nadie va a venir a moverlo.

En conclusión, esta es una profesión para gente independiente y con empuje, perseverante, paciente y disciplinada, entre otras muchas cualidades. Si necesitas a alguien que te diga qué hacer o que te saque las castañas del fuego, si te estresas con facilidad o te dejas llevar por el desánimo a las primeras de cambio, si no te atreves a relacionarte con los compañeros de profesión, quizá la traducción no sea tu camino. Para saber más, no te pierdas estos otros artículos:

La senda del traductor novel (1): ¿realmente quieres ser traductor?

La senda del traductor novel (2): pros y contras de ser autónomo

El traductor, ese animal (a)social

Guía rápida de supervivencia: cuatro entradas básicas para traductores noveles

Ya estamos en junio, el mes en el que muchos estudiantes de Traducción e Interpretación acabarán la carrera y se verán enfrentados a la temible pregunta que todo recién licenciado se hace: y ahora, ¿qué? Para hacerles un poco más fácil esa transición de la vida universitaria al mundo laboral, he recopilado aquí las cuatro entradas de mi bitácora más útiles para traductores noveles:

La senda del traductor novel (1): ¿realmente quieres ser traductor?

Lo primero que hay que tener claro antes de lanzarse al mercado laboral es si realmente queremos dedicarnos a traducir y si queremos trabajar como autónomos o en plantilla.

12 secretos sobre los traductores autónomos

¿La vida de un traductor es realmente como crees que es? Antes de decantarse por este trabajo no está de más saber en qué consiste realmente.

La senda del traductor novel (2): pros y contras de ser autónomo

La mayoría de los traductores somos autónomos. ¿Es mejor o peor que trabajar en plantilla? En este artículo os presento las ventajas y los inconvenientes del trabajo por cuenta propia.

La senda del traductor novel (3): cómo iniciar tu andadura profesional

Vale, sí, quiero ser traductor y, además, autónomo. ¿Por dónde empiezo a buscar clientes? Aquí os doy algunas ideas.

Y de regalo, este completísimo artículo de Scheherezade Surià con ideas para darnos a conocer, promocionar nuestros servicios y encontrar trabajo «con la que está cayendo».

¡Ánimo y que san Jerónimo os acompañe!

Curso de coaching para traductores, por Xosé Castro (Alicante, 18 de mayo)

No todos los días tiene una la oportunidad de traerse a Xosé Castro a su ciudad natal para que nos enseñe cómo vivir bien de la traducción. Así que si vosotros, queridos traductores, también queréis aprender a sacarle el máximo partido a vuestra profesión, además de tener la oportunidad de pasarlo bien con otros colegas, no podéis perderos el curso de coaching para traductores que se celebrará el próximo sábado 18 de mayo en el hotel Abba Centrum de Alicante. Xosé, colegas, formación, buen humor, sol, playa: ¿qué más se puede pedir?

Enlace al evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/634601006555670

Y para quien no tenga Facebook, aquí os dejo toda la información:

Curso de coaching para traductores: cómo vivir bien de la traducción

Instructor: Xosé Castro
Organiza: Isabel García Cutillas
Fecha: Sábado, 18 de mayo del 2013, de 10.00 a 20.00
Lugar: Alicante, hotel Abba Centrum (c/ Pintor Lorenzo Casanova, 31)

En este intensivo taller de ocho horas trataremos, con inspiración y creatividad, los instrumentos de trabajo que necesita un traductor para •vivir bien• de su profesión (conocimientos informáticos, humanísticos y de salud laboral), así como las medidas que debe tomar para conseguir y mantener clientes y otras potenciales fuentes de ingresos: visibilidad, promoción, captación de fuentes de ingresos.

El horario será de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00, con una pausa a media mañana y otra a media tarde con café (además del intermedio para el almuerzo).

PROGRAMA
• Quién puede ser traductor, corrector o intérprete: requisitos básicos y máximos para el éxito profesional.
• Uso de tecnología para mejorar nuestro posicionamiento: internet 2.0, redes sociales, herramientas de traducción.
• Cuánto, cuándo y cómo invertir en tecnología de traducción.
• Informática: qué no sabemos y qué deberíamos saber para tener éxito.
• Autoevaluación y autoanálisis: la visión de uno mismo como producto mejorable.
• Técnicas de imagen profesional en persona y a través de internet.
• Captación de clientes: tipos de clientes, entrevistas, situaciones de networking.
• El traductor en comunidad: asociacionismo, colaboración y trabajo en grupo.
• Qué puedo ofrecer a mis clientes. Qué clientes no tengo y podría tener. ¿Cuál es el factor de rentabilidad de mi especialidad?
• El concepto fundamental de no pedir, sino ofrecer.
• Valoración de mi trabajo y tarifas consecuentes.
• Cómo conseguir y conservar clientes preciados.
• Qué decir y qué no decir nunca a un cliente.
• Las diferencias entre agencias (intermediarios) y clientes directos: estrategias separadas.

INSCRIPCIÓN
• Hasta el 5 de mayo inclusive: 95 euros.
• Desde el 5 de mayo: 125 euros.
• Precio para estudiantes universitarios o miembros de una asociación de la Red Vértice* hasta el 5 de mayo: 80 euros.
• Desde el 5 de mayo para estudiantes y miembros de Red Vértice: 100 euros.
(Estos últimos deben justificarlo enviando foto de documento que acredite su condición de estudiante o miembro de asociación.)

ALMUERZO
El menú incluye:
• Aperitivo Centrum
• Crema de calabaza con picatostes y polvo de pistacho
• Carrillera de ternera estofada al vino tinto con panaché de verduras
• Sorbete de piña con Malibú y coco rallado
• Aguas minerales
• Refresco o cerveza
• Café o infusión
Precio: 19 euros (IVA incluido)
Si alguien prefiere pescado o tiene alguna petición especial (vegetarianos, celiacos, etc.), puede indicarlo en el mensaje de pago.

FORMA DE PAGO
1. Paypal
Envía el pago (curso + almuerzo o solo curso) a paypal@xcastro.com (indica pago ‘personal/familiar’ para evitar comisiones). En el mensaje, pon todos tus datos de contacto (teléfono, correo principal y alternativo y otras redes sociales, así como los datos fiscales para la factura). Si tienes alguna petición especial respecto al almuerzo, indícalo también en el mensaje.

2. Transferencia bancaria
Envía el pago (curso + almuerzo o solo curso) al siguiente número de cuenta: 0065-0001-21-0001114088. Titular: Xosé Castro. En las observaciones, indica COACHING ALICANTE y envía un mensaje a xosecursos@gmail.com con resguardo de transferencia y todos tus datos de contacto (teléfono, correo principal y alternativo y otras redes sociales, así como los datos fiscales para la factura). Si tienes alguna petición especial respecto al almuerzo, indícalo también en el mensaje.

CENA
Con ocasión del curso se celebrará también en Alicante una cena. Más información aquí: https://www.facebook.com/events/514521155276664. Si no tienes Facebook y quieres asistir a la cena, envía un mensaje a igcutillas@yahoo.es.

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* Las asociaciones de traductores que forman parte de la Red Vértice son estas: AATI, ACE Traductores, ACEC, AGPTI, AIPTI, APTIC, APTIJ, ASATI, Asetrad, ATIJC, ATRAE, EIZIE, MET, TREMÉDICA, UniCo y XARXATIV.

12 secretos sobre los traductores autónomos

Siguiendo la línea pedagógica para legos en traducción de mi última entrada, me he parado a pensar qué le gustaría saber a la gente sobre los traductores autónomos y nunca nadie les ha contado. Haciendo un poco de memoria he recopilado las preguntas y dudas más frecuentes que me han planteado a lo largo de los últimos años. Estos son los 12 secretos que toda persona ajena al sector de la traducción debería saber:

1. ¿Dónde trabaja un traductor autónomo?

Por lo general, en su propia casa. Un ordenador y una conexión a internet es todo lo que necesitamos para poder trabajar. Para más información, leed mi artículo «Oficina, dulce oficina».

2. ¿Qué horario de trabajo tiene un traductor autónomo?

Como buenos autónomos, los traductores fijamos libremente nuestro horario de trabajo. Por lo general trabajamos y descansamos cuando queremos. Hay traductores, como yo, que prefieren levantarse temprano y terminar la jornada laboral pronto; otros, en cambio, prefieren no madrugar, aunque ello suponga trabajar hasta más tarde. Hay traductores diurnos que son más productivos de día, y traductores nocturnos que trabajan mejor de noche. Hay traductores que trabajan habitualmente los fines de semana o los festivos y otros que prefieren tener una semana laboral estándar de lunes a viernes. En cualquier caso, lo importante es atender correctamente a los clientes, hacer bien el trabajo y entregarlo en el plazo acordado.

3. ¿Para quién trabaja un traductor autónomo?

Hay varios tipos de clientes:

  • Clientes directos: Son empresas y particulares que necesitan servicios de traducción. El traductor trabaja directamente con el cliente final que necesita la traducción. Este grupo puede incluir desde empresas que quieren abrir mercado o lanzar un producto en otro país y necesitan traducir toda su documentación (manuales de instrucciones, página web, material de marketing y publicitario, etc.) hasta clientes particulares que necesitan traducir, por ejemplo, su expediente académico para convalidar sus estudios en España. Encontraréis más información en este completo artículo de Martine Fernández Castaner.
  • Intermediarios: Normalmente son agencias de traducción, aunque también pueden ser otros traductores autónomos. Ellos son los que mantienen el contacto con el cliente final, consiguen el encargo y luego buscan a un traductor que haga el trabajo. Algunas agencias se encargan de tareas adicionales a la de traducción (revisión, preparación del texto para traducir y maquetación del documento final, etc.); otras actúan simplemente como enlace entre el traductor y el cliente final. Martine Fernández Castaner también dedicó una entrada a este tipo de clientes en su blog.

En mi caso, yo trabajo tanto para clientes directos (empresas y particulares) como para agencias de traducción y otros intermediarios (otros traductores), pero hay traductores cuyos ingresos proceden exclusivamente de clientes directos o exclusivamente de agencias de traducción. En cuanto a la procedencia de los clientes, lo normal es tener clientes tanto nacionales como extranjeros.

4. ¿Cómo se comunica con los clientes un traductor autónomo?

Dado que la inmensa mayoría de los traductores somos autónomos que trabajamos desde casa, sentados delante del ordenador todo el día, el contacto con los clientes se produce básicamente a través del correo electrónico y, en menor medida, el teléfono u otras herramientas de comunicación, como la mensajería instantánea (por ejemplo, Skype). Por eso podemos trabajar con clientes de cualquier parte del mundo, ya que no es necesario que residamos en el mismo lugar que ellos para hacer nuestro trabajo.

5. ¿Cómo es el proceso de trabajo de un traductor autónomo?

En mi caso, que seguramente coincide con el proceder de los demás traductores freelance, es el siguiente:

  • El cliente me envía por correo electrónico el documento que desea traducir, que puede estar en diferentes formatos: Word, Excel, PowerPoint, HTML, PDF, etc. En algunas ocasiones, sobre todo cuando se trata de documentos impresos (algo muy frecuente en las traducciones juradas) y el cliente no se lleva muy bien con las nuevas tecnologías, también puedo recibir el encargo por fax.
  • Si el cliente es nuevo, preparo un presupuesto que el cliente debe aprobar por escrito antes de empezar el trabajo. Si es un cliente habitual, directamente confirmo la aceptación del encargo. En esta fase es muy importante acordar aspectos como la fecha y la forma de entrega, el precio del trabajo y las condiciones de pago.
  • Una vez resueltas las formalidades anteriores, me pongo manos a la obra y traduzco, reviso y corrijo el texto. En caso de dudas, me pongo en contacto con el cliente para que no quede nada sin aclarar.
  • Una vez terminado el trabajo, le envío al cliente el texto traducido en formato digital por correo electrónico, o bien impreso en papel si se trata de una traducción jurada, que debe cumplir unos requisitos especiales.

6. ¿Todos los traductores traducimos libros?

Al contrario de lo que suele pensar la gente, la traducción literaria o editorial (novelas, ensayos, obras divulgativas o científicas, etc.) es una ínfima parte de todo lo que se traduce (y, además, está peor pagada que otros sectores). La mayoría de los traductores vivimos de traducir textos mucho más prosaicos, como contratos, manuales de instrucciones de aparatos varios, páginas web, informes financieros, material publicitario, etc. Los que se dedican a la traducción para editoriales suelen compaginarla con la traducción de textos no literarios. Para más información, leed mi entrada «El traductor, ese señor que traduce».

7. ¿Cómo nos relacionamos con los demás traductores?

Nuestro trabajo es solitario y realmente no hay necesidad de relacionarse con otros traductores para llevarlo a cabo. No obstante, es recomendable no aislarse del gremio. Yo diría que en general vemos a los otros traductores como colegas más que como competidores directos, y, de hecho, en las listas de distribución, las redes sociales y los blogs (que son los principales canales de comunicación entre traductores) nos prestamos ayuda unos a otros. Es importante relacionarse con los compañeros para estar al día de lo que se cuece en la profesión, para defender nuestro colectivo a través de las distintas asociaciones y para ayudarnos cuando tenemos dudas sobre cualquier tema, pero también para promocionarnos y hacer contactos que nos puedan dar trabajo. Pero no solo de internet vive el hombre: también socializamos en persona, en congresos, charlas, cursos, tertulias, cenas y demás actividades profesionales y lúdicas. Para más información, leed mi artículo «El traductor, ese animal (a)social».

8. ¿Hace falta ser licenciado en Traducción e Interpretación para ejercer de traductor?

No, al menos en España.

9. ¿Existe un colegio de traductores?

Tampoco, ni de traductores jurados ni de traductores no jurados, al menos en España.

10. Entonces, ¿cualquiera que sepa idiomas puede traducir?

Sí y no: cualquiera puede ofrecer servicios de traducción (a excepción de las traducciones juradas, que en España deben ser hechas por un traductor-intérprete jurado), pero luego hay que demostrar que eres un profesional competente que hace bien su trabajo. De lo contrario, los clientes huirán de ti rápidamente. La mala fama se extiende como la pólvora, más aún en la era 2.0.

11. ¿Qué requisitos debe reunir un buen traductor?

  • Obviamente, dominar uno o varios idiomas extranjeros.
  • Dominar y redactar a la perfección en el idioma de destino (nuestra lengua materna). Este requisito es fundamental, y para cumplirlo no basta con ser hablante nativo de un idioma; hay que manejarlo a la perfección, y esto incluye conocer a fondo las reglas ortográficas, gramaticales, de tipografía, de puntuación, etc.
  • Tener conocimientos de una materia especializada. Los traductores solemos especializarnos en cierto tipo de textos (técnicos, financieros, médicos, etc.), y para traducirlos correctamente no solo hay que entender la lengua en la que están escritos, sino también su contenido.
  • Dominar las herramientas informáticas fundamentales para nuestro trabajo (Microsoft Office, incluidos Word, Excel y Power Point; programas de traducción asistida por ordenador; recursos y fuentes de información en internet y en papel, etc.).

12. Pero ¿de verdad se puede vivir de la traducción?

Rotundamente SÍ: se puede sobrevivir, se puede vivir y se puede vivir muy bien, según lo buen traductor que uno sea y lo bien que sepa gestionar su negocio. Yo me dedico exclusivamente a la traducción desde que terminé la carrera, y como yo tantos otros traductores. Lo que pasa es que el común de los mortales apenas conoce nuestra profesión y es difícil imaginar que alguien pueda vivir de algo que no se conoce. Por eso, con esta entrada he querido acercar nuestro trabajo a aquellos que lo desconocen para que, a diferencia de lo que reza el nombre de este blog, cada vez estemos menos en la sombra.

El traductor intruso

Como licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Alicante y tras casi seis años de ejercicio profesional como traductora autónoma a tiempo completo, me considero en disposición de afirmar con rotundidad y conocimiento de causa que estudiar Traducción e Interpretación no es, ni mucho menos, imprescindible para ser traductor (un buen traductor). No quiero decir con esto que me arrepienta de haber elegido esa carrera universitaria; al contrario: estoy contenta de haber cursado estudios de Traducción y creo que tener en tus manos un título universitario que avale tu formación en ese campo puede ser una ventaja de cara a los clientes y allana el camino laboral, porque te proporciona una buena base (si bien no toda la que debería o podría) a partir de la cual evolucionar, mejorar y ejercer la profesión de traductor de manera satisfactoria. Sin embargo, no nos engañemos: esa no es la única vía de acceso a la profesión, no es el único camino válido, y quizá ni siquiera sea la mejor opción.

Mucho se ha hablado y debatido sobre la necesidad de crear un colegio de traductores. Pero ¿para qué serviría realmente un colegio? ¿Qué haría un colegio que no puedan hacer ya las asociaciones de traductores? ¿Cuáles serían los requisitos para colegiarse? En mi opinión, y sin ánimo de ofender a nadie (porque sé que hay colegas a los que respeto que no comparten mi opinión), el afán de crear un colegio parece más propio de alguien que no sabe sacarse las castañas del fuego y quiere que otros lo hagan por él, igual que el niño que acude a su madre en busca de protección y defensa porque otro niño le está pegando o insultando. Cuando se aboga por la creación de un colegio de traductores se está apoyando básicamente la instauración de una entidad que, por un lado, fije unas tarifas oficiales de obligado cumplimiento (cosa que, de todas formas, no es posible dada la legislación actual) que nos ahorren el esfuerzo de tener que buscar clientes que estén dispuestos a pagar el precio que nosotros mismos fijamos por nuestros servicios, y, por otro lado, que impida que los «intrusos» accedan a nuestra profesión.

Y he aquí el quid de la cuestión: ¿realmente existe el intrusismo en traducción? En otras profesiones más reguladas en las que los estudios universitarios son la única vía de acceso a ellas por la formación tan especializada y compleja que imparten (medicina, abogacía, arquitectura…), puedo entender que se hable de intrusismo, pero en una profesión tan liberal y flexible como la traducción, con una titulación universitaria tan reciente, con tantos caminos de acceso y tantas formas diferentes de adquirir los conocimientos y las destrezas necesarios para ejercerla con garantías de calidad, ¿realmente hay intrusos? Yo creo que simplemente hay buenos y malos traductores. ¿Qué es un traductor intruso? ¿El que no es licenciado en Traducción e Interpretación? ¿El que hace mal su trabajo? ¿El que cobra dos céntimos por palabra? ¿El que trabaja en la economía sumergida? Porque hay traductores magníficos que no han pisado nunca una facultad de traducción (ni falta que les hace), que son buenos en su trabajo y pagan religiosamente sus impuestos, y licenciados en Traducción e Interpretación que hacen trabajillos mediocres en negro por tarifas misérrimas. ¿Quién sería el intruso en este caso?

Tengo la impresión de que la palabra intrusismo tiende a estar en boca de recién licenciados que temen no poder abrirse camino en el mercado de la traducción y recelan que otros ocupen el puesto que ellos, como licenciados, deberían estar destinados a ocupar. En definitiva, es una palabra que suelen pronunciar aquellos traductores que no saben cómo encontrar su hueco en el mercado, cómo posicionarse por sus propios medios. Sin embargo, yo creo que ningún buen traductor, ningún traductor profesional, debería tener miedo de que un mal traductor, un traductor de andar por casa, le quite trabajo. Esos «intrusos» no son individuos a los que haya que temer, por una razón muy sencilla: el propio mercado ya se encarga de expulsar a los malos profesionales, pues ningún cliente querrá contratar sus servicios. Y si hay clientes que prefieren recurrir a ellos por el motivo que sea (el precio, por ejemplo), tampoco veo razón para preocuparse: seguramente sean clientes que buscan algo que yo no puedo o no quiero darles y con los que, por tanto, no me interesa trabajar.

Así que no temáis, amigos y compañeros, que el mundo es grande y en el mercado de la traducción hay, creo yo, lugar para todos: para los que ejercemos nuestro trabajo con profesionalidad y diligencia y para los «intrusos» chapuceros. Pensad dónde queréis estar y utilizad todas las herramientas a vuestro alcance para posicionaros en ese nicho de mercado. Siempre será mejor emplear vuestro tiempo en encauzar vuestra carrera que en quejarse de los «intrusos».

La senda del traductor novel (3): cómo iniciar tu andadura profesional

A lo largo de estos años como traductora autónoma son varias las personas, conocidas y desconocidas, compañeros de carrera y colegas anónimos, que se han dirigido a mí para pedirme consejo sobre cómo empezar su carrera profesional. ¡Qué pregunta tan fácil y qué respuesta tan difícil! Obviamente, no hay fórmulas mágicas, y que tengamos o no éxito en nuestro intento depende en gran medida de nuestras habilidades y aptitudes personales y también, por qué no decirlo, de la suerte (aquello de estar en el momento justo en el lugar apropiado). En cualquier caso, lo importante es moverse y no quedarse sentado a verlas venir. Nadie va a llamar a nuestra puerta para ofrecernos el trabajo de nuestra vida; debemos ser nosotros quienes salgamos a buscarlo allá donde haya oportunidades. Esta actitud, esta mentalidad propia de la gente decidida y echá pa’lante, es fundamental en cualquier búsqueda de empleo, y más aún en la búsqueda de clientes. Dado que yo solo tengo experiencia como autónoma, mis consejos van a ir encaminados en esa dirección, pero recordad que también tenéis la opción de buscar un trabajo en plantilla, que quizá sea lo más práctico y didáctico para los traductores noveles (aunque yo desafié todas las leyes de la física y me lancé de cabeza a la piscina del trabajo por cuenta propia).

Así pues, una vez que hayáis decidido que realmente queréis ser traductores (véase «La senda del traductor novel 1») y que vais a entrar directamente en el club de los autónomos (véase «La senda del traductor novel 2»), el siguiente paso es buscar clientes. ¿Dónde? ¿Cómo? Estas son algunas sugerencias basadas en mi propia experiencia:

  • Directorios y portales de traductores: Algunos son ProZ (el más conocido), TranslatorsCafé, TRADUguide, GoTranslators, GlobTra, Foreignword, Translatorsbase, Aquarius, etc. Lo primero que yo hice cuando acabé la carrera fue precisamente registrarme en todos ellos de forma gratuita y completar mi perfil con la información más exhaustiva posible. Cuantos más datos aportéis para captar la atención de los posibles clientes, en especial si no tenéis una página web propia, mejor. Sin embargo, tened en cuenta que hay miles de traductores registrados en esas páginas, por lo que tampoco es fácil que los clientes os encuentren, a no ser que tengáis un perfil muy singular o que los clientes tengan la paciencia suficiente como para echarle un vistazo a la información de todos los traductores que les puedan interesar. Casi todos estos portales ofrecen suscripciones de pago que reportan supuestas ventajas, como aparecer entre los primeros resultados de búsqueda o tener acceso prioritario a las ofertas de trabajo que se publican, pero no sé hasta qué punto merece la pena pagar una cuota por eso. Personalmente, nunca lo he hecho, ni siquiera cuando no tenía ningún cliente. Aun así, estos directorios resultan útiles tanto para colgar nuestra información a modo de página web y que los clientes, con un poco de suerte, nos encuentren, como para acceder a ofertas de trabajo (muchas de ellas, no obstante, mal pagadas) u obtener listados de agencias y empresas de traducción a las que ofrecerles nuestros servicios.
  • Página web profesional: Hoy en día no hay excusa para no tener una página web, a ser posible con un nombre de dominio propio (que también irá asociado a vuestra dirección de correo electrónico). El precio de registrar un dominio y contratar un servicio de alojamiento es más que asequible y el beneficio para la imagen de un traductor es, en mi opinión, incuestionable. A este respecto no solo es importante que el contenido de la web sea profesional, sino que también debe parecerlo, como la mujer del César. Nadie se creerá que somos traductores serios si nuestra propia página tiene un diseño cutre. Pero tampoco hace falta recurrir a sofisticadas puestas en escena con latosas animaciones en Flash; basta con un diseño sobrio y sencillo. Ya sabéis: menos es más.Aunque para que una página web sea una herramienta realmente útil y eficaz capaz de atraer clientes casi por sí sola conviene tener un buen posicionamiento en buscadores y esa clase de cosas tan propias de la generación 2.0 (o 3.0), siempre estará ahí como presentación de nuestros servicios. Entre sus muchas ventajas, como ya he dicho, proyecta una imagen de profesionalidad e inspira confianza; permite que los clientes accedan a nuestra información en cualquier momento y desde cualquier lugar; permite incluir toda la información necesaria para vender nuestros servicios, sin las limitaciones que impone, por ejemplo, un currículum, y es una muestra de nuestras habilidades lingüísticas, por lo que su redacción (en todos los idiomas) debe ser impecable. Encontraréis más consejos sobre el diseño de una página web profesional en esta otra entrada del blog.
  • E-mail marketing: Como su nombre indica, consiste en promocionar nuestros servicios por correo electrónico. Es probablemente el medio más utilizado para entrar en contacto con clientes potenciales, pues es barato, cómodo e instantáneo, aunque la facilidad para borrar los mensajes que con tanta ilusión hemos enviado es igual de pasmosa. Por ello es imprescindible tener en cuenta dos recomendaciones para que la comunicación sea más eficaz y multiplicar así las probabilidades de éxito: personalizar el mensaje y dirigirlo siempre que sea posible a una persona concreta (es decir, no hacer envíos masivos) y escribir un asunto atractivo para que el cliente se digne, por lo menos, abrir el mensaje. Más vale enviar un solo mensaje bien escrito y dirigido a la persona adecuada que mandar cien correos redactados de cualquier manera y a cualquier dirección. Eso sí, no os esperéis una respuesta masiva ni inmediata. En mi artículo «Cómo ofrecer tus servicios de traducción: cinco pecados capitales y algunos consejos» encontraréis más información acerca de cómo escribir este tipo de correos. ¿Y cómo confeccionar una lista de posibles clientes con los que ponernos en contacto? Pues buscando en los directorios que he mencionado en el primer punto, a través de listados como los de The Translator’s Home Companion o, simplemente, realizando una búsqueda en Google.
  • Asociaciones profesionales, redes sociales, listas de distribución, blogs, congresos y conferencias: Estas herramientas, como ya expuse en la entrada «El traductor, ese animal (a)social», no solo sirven para estar en contacto con otros colegas, sino también para labrarnos una buena imagen profesional, demostrar lo que sabemos y valemos, conseguir prestigio y reconocimiento y, por ende, multiplicar las posibilidades de conseguir clientes. Los compañeros de profesión pueden ser una estupenda fuente de trabajo y contactos profesionales, así que conviene no descuidarla y participar activamente en la comunidad traductoril.

Hasta aquí las herramientas que yo he utilizado hasta el momento para abrirme camino en el mundo de la traducción y labrarme una carrera bastante satisfactoria y estable hasta la fecha. Pero hay muchas más opciones:

  • Traducciones voluntarias: Traducir desinteresadamente para ONG, dedicarse al fansubbing o el romhacking o participar, por ejemplo, en la localización voluntaria de webs como Facebook (aunque no hay que perder de vista los puntos negativos y la polémica del crowdsourcing) son algunas opciones para ganar, si no duros, al menos sí experiencia.
  • Telemarketing, visitas a clientes y asistencia a ferias: No olvidemos que también podemos ponernos en contacto con clientes por teléfono, haciéndoles una visita personal o asistiendo a ferias del campo de especialidad en el que nos interese encontrar clientes. Esta forma de promocionar nuestros servicios requiere más aplomo, seguridad, labia y experiencia profesional, pero precisamente por eso, por ser menos impersonal, quizá puede resultar más eficaz. El contacto cara a cara deja una huella más profunda que la comunicación virtual.
  • Familiares y amigos: Que todo el mundo sepa a la perfección a qué os dedicáis y qué ofrecéis. Nuestro círculo más cercano también puede convertirse en un nexo de unión con clientes potenciales.

Y para terminar, algunos consejos:

  • Para dar una imagen profesional es imprescindible creerse un profesional y tener una actitud coherente con esa condición. Recordad que no sois traductores que buscan trabajo; sois profesionales que ofrecen un servicio.
  • Para completar el «kit del profesional autónomo», haceos unas tarjetas de visita y llevadlas siempre a mano. En Moo, por ejemplo, encontraréis infinidad de diseños y productos corporativos de buena calidad a precios más que razonables.
  • Acabar la carrera no es el fin de la formación de un traductor; seguid formándoos, haced cursos de reciclaje, especializaos, no dejéis de aprender.
  • Como ya he dicho en otras ocasiones, el boca a boca es una de las herramientas de marketing más poderosas. Un cliente satisfecho es el mayor tesoro que podéis tener; cuidadlo bien y será vuestra mejor publicidad.
  • No busquéis oportunidades solo en el mercado local; aprovechad las ventajas de internet para traspasar fronteras y hacer negocio en otros mercados más apetecibles.
  • No cejéis en vuestro empeño de abriros camino. La perseverancia y la paciencia son importantes, pues se pueden tardar varios años en formar una cartera de clientes estable de la que poder vivir. De ahí que sea fundamental, como ya he comentado otras veces, contar con un respaldo económico o un colchón financiero en esa primera etapa. Pero si otros lo consiguen, ¿por qué vosotros no?