Miscelánea

De letras, y a mucha honra

Anoche emitieron en TVE, dentro del programa Comando actualidad, un reportaje titulado «Con el cole a cuestas». Como supondréis, trataba sobre la vuelta al cole, sobre los diferentes tipos de centros educativos que existen y sobre lo que los padres son capaces de hacer por darles a sus hijos la educación que creen conveniente. Uno de los entrevistados fue un chaval que va a cursar este año el recién estrenado «bachillerato de excelencia» en la Comunidad de Madrid, ese bachillerato de alto rendimiento predestinado a satisfacer las necesidades e inquietudes formativas y educativas de los estudiantes con mejores notas y mentes privilegiadas. En el reportaje presentaron al chico como el típico cerebrito: con una locuacidad y una seguridad en sus afirmaciones atípicas para su edad y una pasión desmedida por las matemáticas, hasta el punto de no considerar estudio el tiempo que dedica a ese «entretenimiento». Orgulloso le mostró a la entrevistadora la medalla conseguida en la Olimpiada Matemática, un disco metálico de tamaño relativamente grande con la identidad de Euler (que, para quien no lo sepa, se pronuncia «oila» en alemán) grabada en el centro. Y aquí es donde vienen mi pregunta y mi reflexión: ¿por qué se suele asociar la inteligencia con las disciplinas de ciencias? ¿Por qué, por lo general, se considera que alguien es inteligente cuando es un hacha en matemáticas, física o química, pero no se valora tanto que alguien tenga habilidad para las disciplinas artísticas o conocimientos avanzados de historia, filosofía o (caso que nos atañe especialmente a los traductores) lengua? ¿Por qué se considera especiales a los que ganan medallas en la Olimpiada Matemática, pero no a los que ganan premios en un concurso de latín o de pintura? ¿Por qué impresiona tanto que alguien invente no sé qué cacharro para realizar cualquier tarea, por absurda que sea, pero no llama tanto la atención que alguien sepa hablar un idioma extranjero con soltura, fluidez y corrección? ¿Por qué impresiona tanto que alguien sea capaz de resolver una ecuación pitagoriana de quincuagésimo grado, pero no se valora que alguien sepa hacer un análisis sintáctico correcto de una oración compleja? ¿Por qué se le da tan poca importancia a que alguien domine la lengua con la misma facilidad y precisión con que otros manejan probetas y sustancias químicas en un laboratorio? Y es curioso, porque precisamente resolver una ecuación pitagoriana de quincuagésimo grado probablemente no tenga ninguna utilidad práctica (al menos en la vida cotidiana), pero dominar la lengua, redactar con corrección, expresarse con fluidez es fundamental, por ejemplo, para hacer un trabajo académico, redactar un currículum o una carta de presentación, acudir a una entrevista de trabajo, tareas cruciales a las que todo el mundo se enfrenta tarde o temprano. Quizá por eso, porque las ecuaciones son un mundo aparte que pocos controlan y, en cambio, la lengua es un instrumento que, a priori, todo el mundo sabe usar correctamente (¡craso error!), se nos dé tan poco reconocimiento a los que trabajamos con ella. Desde aquí mis respetos a los que saben resolver problemas matemáticos o conocen la fórmula del dinitrotolueno, pero también, y muy especialmente, a los que conocen la pintura de Mantegna, saben definir el término superhombre según Nietzsche o son capaces de identificar el antecedente de una oración de relativo. Somos de letras, y a mucha honra.

43 comentarios en “De letras, y a mucha honra”

  1. @José: las matemáticas y las ciencias físicas, es cierto, requieren abstracción. Pero, al igual que en las humanidades, sólo a partir de sus límites: es decir, a partir de los teoremas de incomplitud de Gödel, de la paradoja del barbero (Bertrand Russel), de la paradoja de Olbers o de la paradoja del gato de Schrödinger, entre muchas otras indemostrables…hasta que llega alguién que demuestra que lo indemostrable es perfectamente demostrable (último teorema de Fermat). Hasta hace no tanto en la historia, la tierra era plana y el sol giraba alrededor de la misma. Y los neutrinos (ni ninguna otra partícula) podían, teóricamente, viajar más rápido que la velocidad de la luz…

    ¿A donde se llega después? Pues, curiosamente, a la filosofía (humanidades), a la teoría de las realidades posibles (física cuántica, un terreno escabroso donde se unen y discrepan a la vez física, lógica, matemáticas y filosofía), al de las probabilidades difusas (¿a dónde van los neutrinos cuando desaparecen…? ¿puede estar una misma partícula estar en dos sitios a la vez?)
    En resumen, se llega a terrenos donde no hay ya distinción alguna entre lo que es el conocimiento científico del humanístico.

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  2. ¡Vaya debate! Me alegro de que el ambiente esté animado. Agradezco los últimos comentarios, especialmente por exponer su opinión desde una perspectiva diferente, pero me gustaría reiterar y aclarar mi postura, porque creo que no se está entendiendo bien: no les quito mérito a los que han estudiado ciencias; no dudo ni por asomo de que ciertas materias requieren de un nivel de inteligencia y abstracción, como dice Jose, que se tiene o no se tiene, y por supuesto no dudo de que las disciplinas científicas son tremendamente útiles y necesarias. Solo digo que no hay que infravalorar a aquellos que destacan en materias artísticas o de humanidades. Diseñar una carretera, por ejemplo, puede ser muy difícil, pero dominar un idioma (incluso el tuyo propio), por poner otro ejemplo, también lo es; el problema es que creo que la mayoría de la gente no sabe valorar eso, aunque hay gratas excepciones, como Paquito. Y vuelvo a repetir: lo ideal es tener una buena formación tanto científica como de letras; yo tampoco comprendo que alguien se jacte de no tener ni idea de las nociones científicas y matemáticas más elementales.

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  3. Totalmente en desacuerdo. Yo tengo formación en ambos ámbitos (científico y artístico) y por mucho que duela a algunas personas, determinados conceptos ligados a las matemáticas o algunas ciencias, requieren de una capacidad de abstracción o de capacidad de razonamiento en estado puro que no todo el mundo posee.

    De igual forma que yo, con mi 1.70 de estatura, no podré jugar nunca en la NBA, si no se tiene un determinado nivel de inteligencia no se pueden comprender algunos conceptos profundos en matemáticas o en física. No es cuestión de esfuerzo, ni de ponerle ganas. O se llega, o no se llega.

    Las carreras de letras, normalmente, dependen en mucha más medida de la capacidad de esfuerzo personal que una persona tenga durante el estudio de las mismas, cosa que en *algunas* carreras de ciencias o vinculadas a las ciencias (como las matemáticas), no es suficiente.

    Y en el plano artístico, esto no tiene absolutamente nada que ver con la inteligencia; pintores o compositores inteligentísimos han creado en la historia obras tanto buenas como malas. Por tanto ni siquiera comprendo su alusión en el post.

    Curiosamente, yo veo mucho más a menudo lo contrario de lo que se cita aquí: que se considera a alguien “cultísimo” cuando sabe mucho de un determinado tema de humanidades, pero por alguna razón no se le presupone tener que saber las cosas básicas relacionadas con cómo funciona la naturaleza. Incluso se da mucho en este país la típica persona que se jacta de su total “burrez” en materias de matemáticas o ciencias; hasta parece que “queda bien” decir que “yo es que para los números soy muy negada”.

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  4. Hola, yo también quiero discrepar. Dices ¿por qué se suele asociar la inteligencia con las disciplinas de ciencias? yo al menos (aún siendo de ciencias) no hago esa asociación, considero muy importante saber expresarse bien, saber analizar en el contexto que te encuentras y que quieres expresar; y sobre todo en la comunicación, por ejemplo, considero que la gente de letras tiene mejores.aptitudes por ejemplo para todo lo relacionado con el coaching.
    ¿Por qué se considera especiales a los que ganan medallas en la Olimpiada Matemática, pero no a los que ganan premios en un concurso de latín o de pintura? depende ¿verdad?, ¿es a nivel local, autonómico, nacional…? todos los concursos no son iguales de importantes… la competición de latín de la universidad de Desamparados no tendrá la misma relevancia que el campeonato internacional de latín de no se dónde…
    ¿Por qué impresiona tanto que alguien invente no sé qué cacharro para realizar cualquier tarea, por absurda que sea, pero no llama tanto la atención que alguien sepa hablar un idioma extranjero con soltura, fluidez y corrección? impresiona que haga una tarea útil y novedosa, y si además sirve para que gente se ahorre pasta, eso ya es negocio, pero es muy poco probable. Un idioma es poco… vi un documental de un tío que además de calcular un ristra larguísima de dígitos del número pi, era capaz de hablar 9 idiomas y aprender uno nuevo en 3 días.
    ¿Por qué impresiona tanto que alguien sea capaz de resolver una ecuación pitagoriana de quincuagésimo grado, pero no se valora que alguien sepa hacer un análisis sintáctico correcto de una oración compleja? me impresiona por igual, que sea de quíncuagésimo grado no lo hace necesariamente complicado; una oración compleja puede ser muy complicada de analizar si sale de una poesía, ahora, si te refieres a las del bachillerato…
    Dices: “resolver una ecuación pitagoriana de quincuagésimo grado probablemente no tenga ninguna utilidad práctica” si estudiaras más matemáticas no dirías eso… en muchas obras de arte se encuentran propiedades de los números relacionadas con proporciones, en la música también… si estudias algún intrumento, tienes que estudiar acústica y ahí hay matracas…
    En fin, la ciencia sirve para crear y su base normalmente se encuentra en las leyes matemáticas, es decir, la base de este conocimiento es muy CONSISTENTE, no hay AMBIGÜEDADES y no atiende a cuestiones subjetivas 🙂 y esto no pasa en otras disciplinas como las que comentas. “Ayer” apareció Nietzsche que según mi profesora se “cargó” a Dios y a pesar de esto no somos una sociedad profundamente agnostica.

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    1. Dices: “resolver una ecuación pitagoriana de quincuagésimo grado probablemente no tenga ninguna utilidad práctica” si estudiaras más matemáticas no dirías eso…

      La frase completa es Resolver una ecuación pitagoriana de quincuagésimo grado probablemente no tenga ninguna utilidad práctica (al menos en la vida cotidiana), por oposición a la lengua, por ejemplo, que la tenemos que usar en prácticamente todos los ámbitos de la vida y no solo en ciertas materias. 😉

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  5. Estoy muy de acuerdo con “Discrepante”. Lo bueno y deseable es saber de todo aunque eso es difícil. Nunca entenderé a la gente que se jacta de no saber ni querer saber de matemáticas, entiendo que no quiera saber de ellas, pero no entiendo que se diga con orgullo. Tampoco entiendo a alguien que esté orgulloso de no leer. El mundo ha dado grandes ingenieros y escritores, por ejemplo Juan Benet o Boris Vian. El mundo ha dado grandes filósofos científicos, Leiznib, Newton, Spinoza, Maria Gaetana Agnesi y suma y sigue… Creo que estamos haciendo dos estamentos de dos lados que tienen mucha más relación entre ellos de la que creemos.

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  6. Hola Isabel,

    Muy buen post el que acabo de leer. Yo también me he sentido muchas veces con ese sentimiento, sólo por ser “de letras”, y llevas razón… la sociedad nos relega a un plano que nos hace ver como si fueramos poco necesarios, pero no. Así que estoy totalmente de acuerdo con todo lo que comentas, y con la frase de Rai Rizo, que también considero que es muy acertada. Esto es como el ying y el yang, o parecido. Dentro de la ciencia hay algo de letras, y dentro de las letras hay algo de ciencia, si no, ¿cómo se podrían saber las especialidades de los médicos? en fin, por poner un ejemplo de los muchos que se puedan sacar.

    Hasta aquí mi aportación.

    Saludos y feliz tarde de jueves.

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  7. Yo no he visto el reportaje, pero si me permitís: me he fijado en la discusión que tuvo Pcsl con aquella persona que opinaba que “todo el mundo sabe escribir”. Incorrecto. No todo el mundo sabe escribir. Isabel, yo no distingo entre “saber escribir” y “saber escribir bien”. Es como “saber conducir” y “saber conducir bien”. Ambas habilidades tienen su código, y para obtener un resultado satisfactorio (el de una, que se comprenda tu mensaje, el de la otra, poder circular con seguridad) es necesario conocerlo bien. Lamentablemente te doy la razón en que los especímenes que lo logran son pocos y raros (en los dos ejemplos de habilidades…). También tenemos casos de virtuosismo, como en todo. Pero eso es otra historia.

    No, no es lo mismo “escribir aun con tilde o sin tilde” (eso lo sabemos todos aquí), y aquello de “aunque la gente lea no se fija en esas cosas” pues… obviamente, así pasa después. Que no se ha enterado del mensaje, ya sea porque el código era incorrecto, o porque no le ha prestado atención. El resultado: confusiones, equívocos, ignorancia sobre lo que se ha leído…

    “Navegando por internet también se lee mucho”. Pues sí. Yo estoy a favor de la lectura sea en el soporte que sea. Apuesto por cualquier género o sistema: novela, poesía, teatro, cómics, blogs, las cartas de tu abuela o los atlas geográficos. Pero que al menos ofrezcan la garantía de poder leerlos en un código correcto. Que transmita el mensaje a la perfección. Igual que no compramos un libro al que le faltan páginas, tampoco podemos leer una página de internet que no se entiende.

    Y por último “a nadie le interesa el estudio de algo creado por el hombre sin ninguna utilidad práctica”. Si para esta persona esta es la definición de “comunicación escrita”, mejor que no salga de su casa. Con lo práctico que es para un ayuntamiento escribir los correspondientes nombres en cada parada del autobús… ¡y que todo el mundo pueda entenderlos! Por poner algo de ironía al asunto.

    Nada más, gracias a Pcsl porque me he apropiado de su comentario sin su permiso 🙂 y perdón por la extensión.

    Saludos a todos

    María

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    1. María, tu comentario me ha recordado algo que he leído hoy en Facebook:

      Para los que no aprecian la literatura y la gramática: con esto se demuestra de una forma admirable su importancia. Julio Cortázar escribía: «La coma, esa puerta giratoria del pensamiento». Lee y analiza la siguiente frase: «Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría a cuatro patas en su búsqueda». Si eres mujer, con toda seguridad colocarías la coma después de la palabra mujer. Si eres hombre, con toda seguridad colocarías la coma después de la palabra tiene…

      Es increíble que el mensaje pueda cambiar totalmente de significado con solo colocar la coma en uno u otro sitio. Para que luego digan que esas cosas son chuminadas…

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      1. ¡Ay, qué bueno! Mi profesor de Lengua de la carrera y actual director de tesis nos puso ese ejemplo de Cortázar en clase para explicarnos el uso de la coma :). De hecho, a él le debo haber aprendido a tener una visión científica de la lengua.
        Ese menosprecio que hay generalizado hacia las humanidades se ve claramente en la universidad, donde los departamentos de ciencias muchas veces nos miran a los de letras por encima del hombro. Por lo visto, nuestras investigaciones no sirven para nada, a pesar de que si no se investigara en traducción, por ejemplo, no se hallarían formas más eficientes para comunicarnos en nuestro mundo globalizado. También me da rabia escuchar a algunos investigadores en nuestro campo que claro, que ellos no hacen cosas tan importantes como encontrar el remedio contra el cáncer. Sin embargo, seguramente algún traductor desempeñará un papel decisivo en la difusión del artículo que explique cómo se cura el cáncer. La ciencia (y aquí uso el término en el más amplio sentido) se va construyendo poco a poco con el trabajo de todos.

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  8. Por cierto, comparto contigo el rechazo hacia la expresión “es que soy de letras…” Me crispa los nervios, por eso, cuando tengo la oportunidad agrego “y eso que soy de letras…”, os animo a hacerlo, la gente se queda pensativa… 🙂

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  9. En general estoy de acuerdo, pero he de decir algo: los traductores somos los que menos queja debemos tener acerca de que las letras estén menospreciadas, pues, bajo mi punto de vista, sí que se valora, y mucho (la gente se queda con la boca abierta cuando te oye) que se sepa hablar un idioma extranjero con fluidez y corrección.
    Considero además que la traducción es algo ambiguo: tanto de letras como de ciencias en muchas ocasiones.

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    1. Quizá tengas razón, pero, en mi opinión, la consideración que se le tiene a alguien que dice «Soy ingeniero» no es la misma que la que se le tiene a alguien que dice «Soy traductor». Aunque, bueno, aquí ya nos adentramos en el tema de la consideración social de los traductores… y ese es otro debate. 🙂

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