Éxito profesional

El traductor quejica

Tengo que reconocer que los traductores autónomos somos bastante quejicas. Todos, en algún momento de nuestra vida profesional, nos quejamos de que los clientes nos pagan poco, de que tardan demasiado en pagarnos o tenemos que ir detrás de ellos para que nos paguen, de que tenemos demasiado trabajo y estamos agobiados, de que lo que traducimos nos aburre, de que la profesión está muy mal, de que hay mucho intrusismo, de que hace falta un colegio de traductores, de que es injusto pagar la cuota de la Seguridad Social todos los meses aunque no hayamos facturado nada… Nos quejamos de todo eso y de mucho más, sin darnos cuenta de que la solución a muchos de esos problemas está en nuestra mano. ¿Por qué hay clientes que nos pagan poco? ¿Por qué hay clientes que se hacen los remolones a la hora de pagar? ¿Por qué nos vemos desbordados de trabajo? ¿Por qué aceptamos trabajos insufribles que suponen un marrón? La respuesta es sencilla: porque nos dejamos, lo aceptamos y tragamos con ello. Nadie más que nosotros mismos es el responsable de esas situaciones.

Tengo casi científicamente comprobado que los traductores autónomos que se quejan de que les pagan poco, de que tienen problemas con los pagos o de que están agobiados por la cantidad de trabajo o lo detestable de este cumplen una o varias de las siguientes condiciones:

  • No creen que su trabajo sea una actividad profesional seria, sino que lo consideran un empleo pasajero o secundario para sacarse un dinero extra o ir tirando mientras buscan otro trabajo por cuenta ajena.
  • Se ven como asalariados en vez de como autónomos o microempresarios. Tienen una mentalidad de empleado sometido a un jefe (el cliente) en vez de una mentalidad de trabajador independiente que presta un servicio a otro profesional, empresa o particular, de igual a igual. Esto les lleva a aceptar cualquier cosa que les caiga encima, incluyendo tarifas injustas, plazos de pago no razonables, condiciones de trabajo inasumibles, trabajos infumables, etc., de la misma forma que un asalariado se ve obligado a tragar con todo lo que el jefe le encasquete por temor a ser despedido.
  • No saben negociar tarifas ni condiciones, lo cual está estrechamente relacionado con el punto anterior. Como no se consideran trabajadores independientes, sino que tienen una actitud de empleados asalariados, no se ven capaces de establecer e «imponer» o negociar sus propias tarifas, plazos de pago y condiciones de trabajo, sino que directamente esperan que el cliente les diga cuánto les va a pagar, cuándo y cómo.
  • Como consecuencia de lo anterior, no saben decir no, en muchos casos por temor a perder al cliente. No se dan cuenta de que, como trabajadores autónomos, están en condiciones de seleccionar los trabajos y los clientes que más les interesen y no tienen por qué aceptar todo lo que los clientes quieran encargarles. Esto les lleva a aceptar más trabajo del que pueden asumir en condiciones óptimas, a hacerse cargo de proyectos torturadores que suponen un claro marrón o a pasar por el aro de las tarifas ridículas.
  • No son conscientes de que la actividad del traductor autónomo no se circunscribe a la región donde este reside, sino que somos profesionales con una proyección internacional. Como consecuencia, en vez de buscar clientes más atractivos en otras regiones o países, a menudo con una cultura empresarial distinta y más favorable, se limitan al mercado local o nacional, aunque los clientes de este sean mediocres.
  • Están aislados de los demás profesionales del gremio. No se relacionan con otros traductores, no pertenecen a ninguna asociación, no están suscritos a foros ni listas de distribución, no leen blogs. En definitiva, están incomunicados, solo conocen su realidad personal y no tienen ninguna información sobre el resto del mercado o sobre otros profesionales.
  • Como consecuencia de lo anterior, desconocen que es posible tener otra actitud ante la profesión y que son posibles otros modelos de negocio más eficaces y exitosos. De hecho, ni siquiera se plantean la idea de cambiar o incluso de planificar su vida profesional.

Como veis, la responsabilidad de todo lo dicho anteriormente recae únicamente en el traductor, y también es responsabilidad suya esforzarse por ponerle remedio. La solución es obvia, aunque no siempre es fácil ponerla en práctica: hace falta un cambio de actitud.

  • Como bien dice el lema de este blog, la traducción no es un pasatiempo, sino una actividad profesional. Si nosotros mismos no creemos que sea así, es harto difícil que nuestros clientes nos tomen en serio.
  • Los traductores autónomos somos profesionales independientes, microempresarios que podemos escoger los clientes y los trabajos que más nos interesen. No tenemos por qué aceptar todos los encargos y condiciones de los clientes.
  • Como profesionales independientes que prestamos un servicio, somos nosotros los que debemos fijar y comunicar a los clientes nuestras tarifas y condiciones de pago y de trabajo, y no al revés. No obstante, eso no impide negociar en caso necesario para llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes.
  • Debemos aprender a decir no: no a las tarifas insostenibles, no a los plazos de pago inaceptables, no a las condiciones de trabajo abusivas, no a los proyectos que nos disgustan y nos torturan, no a los encargos que no podemos realizar en condiciones por falta de disponibilidad. En la mayoría de los casos, rechazar un proyecto no supone irremediablemente perder al cliente. Si es un cliente habitual que valora nuestro trabajo, volverá. Si es un cliente nuevo, quizá lo perdamos, pero perder un cliente potencial que paga poco, tarde o mal o que quiere encasquetarnos un trabajo que no queremos o no podemos hacer no supone en realidad perder algo, sino todo lo contrario: supone ganar la oportunidad de estar disponible para otros posibles clientes mejores.
  • Hay que asumir que nuestro mercado de trabajo es el mundo entero, y que los buenos clientes no tienen por qué estar (de hecho, no suelen estarlo) en nuestra localidad o país de residencia. Con todas las tecnologías que hay hoy en día, tiene delito que nosotros mismos nos cerremos puertas buscando clientes únicamente en el mercado local.
  • Es imprescindible, fundamental, irrenunciable, vital estar en contacto con otros traductores, participar en listas de distribución, leer blogs, formar parte de alguna asociación, etc. (como ya comenté en este artículo). Solo así obtendremos la información necesaria para desempeñar nuestro trabajo con dignidad, para fijar unas tarifas y unas condiciones justas para todos; solo así descubriremos que hay traductores que no se quejan porque, con esfuerzo, tesón, suerte y perspicacia, han conseguido alcanzar el éxito y vivir bien de este trabajo. Y si ellos lo han conseguido, ¿por qué los demás no? Solo hace falta cambiar el chip, ser menos quejicas y tener una actitud positiva, pero, sobre todo, ser conscientes de que es responsabilidad de cada uno buscar su propia suerte. Sí, es cierto, a veces no nos queda más remedio que doblegarnos ante condiciones adversas e indeseables para poder pagar las facturas, pero es importante ser consciente de que eso no es una maldición que nos viene impuesta, sino que aceptar o no ese tipo de condiciones depende única y exclusivamente de nosotros.

45 comentarios en “El traductor quejica”

  1. Hola, compañera:

    Yo también estudié en la UA, tuvo cosas mala y buenas, una de ellas eran las jornadas que preparaban algunos profes. En una de esas charlas, vino Xose Castro y nos dijo que hay clientes buenos que pagan bien y clientes malos que pagan fatal; el señor tenía razón y está en nuestra mano saber elegir y ser selectivos.
    El hecho de estar en crisis no significa que lo que hagamos sea gratis, el que quiera un buen servicio tendrán que pagar por ello.
    Trabajo en una multinacional, solicito y recibo traducciones y debo decir que algunas de ellas son muy buenas y otras dan lástima todas ellas proceden de la misma agencia. También soy traductora autónoma y no es un pasatiempo, lo hago porque en mi trabajo no traduzco tanto como me gustaría y no tanto por motivos económicos. En este aspecto he de decir que si tengo que trasnochar para entregar traducciones lo hago porque mis clientes me tratan fenomenal y quiero que reciban el mismo trato por mi parte.
    El tema de los pagos es siempre el mismo, me pagan el último día, pero me pagan dentro de plazo y las cantidades exactas.
    No sé si es que soy una privilegiada o es que tengo buen ojo, pero desde luego encender el ordenador por menos de 0,06€ es tirar tu talento, tus conocimientos y todo el dinero que te costó el ordenador, los programas de traducción, lo que cuesta la luz y el internet…
    En fin, tenemos que hacernos valer por nuestro trabajo.
    Gracias por esta entrada, es muy ilustradora.
    Saludos a todos:

    Paula PS

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  2. Oye, Isabel, y hablando de todo un poco, ¿cuándo va a caer ese arroz levantino? Yo tengo marcado aquí el 21 de mayo. ¿Ha habido propuestas?

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  3. ¡Pedazo de artículo! Siento ser repetitiva, pero me ha encantado. Y el del traductor conformista también.
    Estoy de acuerdo con Pablo en que últimamente se publican artículos de lo más interesante y útil en los blogs… Todo lo que sea compartir “buenas prácticas”, bienvenido sea. A ver si estas prácticas se difunden y entre todos conseguimos que nuestra profesión consiga el reconocimiento que se merece en la sociedad.
    ¡Enhorabuena, Isabel!

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