(Actualización 8/12/2021)
La búsqueda de clientes y proyectos es una parte intrínseca e irrenunciable de la vida profesional de un traductor autónomo, sobre todo en los inicios de su carrera, cuando la búsqueda de trabajo, a falta de clientes y de experiencia, es la actividad a la que uno dedica su tiempo casi en exclusiva. Todos nos hemos quejado alguna vez, sobre todo siendo novatos, de que por más currículos y correos que enviamos, los clientes potenciales con los que nos ponemos en contacto no se dignan contestarnos ni siquiera con un lacónico y aséptico «Gracias por tu mensaje». Es normal que nos tomemos a mal esa falta de atención y consideración, pero también es cierto que los destinatarios de esos mensajes suelen estar ocupados y que es tal la cantidad de peticiones y ofertas de traductores que reciben al cabo del día que es imposible contestar a todos y cada uno de dichos correos, sobre todo cuando no responden a una oferta de trabajo explícita publicada en algún medio de comunicación.
En ocasiones, yo misma recibo mensajes de traductores que quieren ofrecerme sus servicios para una hipotética colaboración, así que hoy, para variar, no me voy a poner en la piel de esos traductores que buscan clientes, sino en la de los sufridos destinatarios que reciben tales mensajes. Y es que, igual que es irritante no recibir respuesta alguna cuando uno envía un correo ofreciéndose como colaborador, tanto o más enervante es que un traductor supuestamente serio que realmente quiere colaborar con otro profesional o empresa, en este caso servidora, caiga en alguno de los siguientes pecados capitales:
- Enviar un mensaje masivo a varios destinatarios a la vez, más aún si las direcciones de correo de estos quedan visibles. Esto no solo es poco elegante, sino que también roza la ilegalidad, dado que se está difundiendo un dato personal sin el consentimiento de su dueño.
- No personalizar el mensaje y dirigirlo a un destinatario desconocido («Estimados señores», «Dear Sir or Madam», etc.), cuando en mi página web, en mi blog y en mis innumerables perfiles profesionales queda bien claro cómo me llamo y quién soy.
- Decir que quieren colaborar con mi empresa u organización, cuando en mi página web, en mi blog y en mis innumerables perfiles profesionales queda meridianamente claro que no soy ninguna empresa, sino una traductora autónoma.
- Escribir el mensaje con faltas de ortografía, un estilo poco fluido, un formato poco agradable, etc.
- Ofrecerse como colaboradores para idiomas con los que no trabajo y de los que, por tanto, es muy improbable que reciba encargos. Aun así, diría que, según el caso, en vez de un error, esto puede ser un acierto, pues presentarse ante otro profesional con unos servicios que este no ofrece y que pueden complementar su oferta puede ser una buena estrategia de marketing.
Como vosotros mismos podéis deducir, la mayoría de esos errores se debe a que dichos traductores no se molestan ni siquiera en buscar información sobre mí para descubrir qué me puede interesar de ellos y qué necesidades tengo que ellos puedan cubrir. En consecuencia, si no hacen siquiera el esfuerzo de estudiar a sus clientes potenciales con una medida tan simple como visitar su página web, ¿cómo van a ser capaces de ofrecer un servicio de calidad adecuado a las necesidades del cliente? ¿Cómo van a saber, incluso, si esos clientes tienen pintan de ser fiables o no? ¿Cómo pretenden vender sus servicios y demostrar su profesionalidad cuando con ese tipo de mensajes despersonalizados, inadecuados, ineficaces e incluso molestos revelan una falta absoluta de interés y de celo en lo que están haciendo?
Con todo lo dicho anteriormente creo que queda claro qué no hay que hacer a la hora de ofrecer nuestros servicios profesionales, pero aun así lo voy a recordar con unos cuantos consejos:
- No enviéis nunca mensajes masivos a varios destinatarios a la vez. Si por algún motivo no tenéis más remedio que hacerlo, no dejéis sus direcciones a la vista. Utilizad el campo CCO o BCC (copia oculta), que para algo está.
- Visitad la página web de vuestro cliente potencial antes de poneros en contacto con él. Averiguad cuál es su perfil, con qué idiomas trabaja, en qué está especializado, en definitiva, cuáles son sus necesidades y qué podéis ofrecerle que resulte de su interés. Además, si recabáis información sobre el cliente de antemano, también descubriréis si es de fiar o no (o, al menos, si tiene pinta de serlo).
- Siempre que podáis, enviad el mensaje a una persona concreta. Las direcciones tipo info@tuempresa.com tienen muchas más probabilidades de ser un agujero negro sin respuesta.
- Intentad personalizar el mensaje. Buscad una persona de contacto y mencionad su nombre en el correo, así como el de la empresa. Demostrad que habéis buscado información sobre ellos y que sabéis en qué trabajan y qué necesitan. Para ello podéis, por ejemplo, reproducir en el mensaje alguna frase o idea sacada de su página web.
- Antes de nada, presentaos con vuestro nombre y apellidos y explicad brevemente a qué os dedicáis. Exponed las ventajas de trabajar con vosotros y presentad vuestros servicios de manera concisa y adecuada a las necesidades del cliente.
- Adoptad una mentalidad de profesional que ofrece sus servicios a posibles clientes, en vez de la actitud de una persona desocupada que busca trabajo por cuenta ajena. En consecuencia, no adjuntéis vuestro currículum; explicad brevemente qué servicios prestáis, por qué pueden interesarle al cliente, cuáles son vuestros puntos fuertes y ofreceos a enviar información más detallada si el cliente lo solicita. Por supuesto, no olvidéis remitirle a vuestra página web o perfil profesional.
En definitiva, demostrad profesionalidad, interés y meticulosidad en todo momento. Ese es el mejor reflejo de vuestro trabajo.

30 respuestas a «Cómo ofrecer tus servicios de traducción: cinco pecados capitales y algunos consejos»