Ejercicio profesional

Cómo ofrecer tus servicios de traducción: cinco pecados capitales y algunos consejos

La búsqueda de clientes y proyectos es una parte intrínseca e irrenunciable de la vida profesional de un traductor autónomo, sobre todo en los inicios de su carrera, cuando la búsqueda de trabajo, a falta de clientes y de experiencia, es la actividad a la que uno dedica su tiempo casi en exclusiva. Todos nos hemos quejado alguna vez, sobre todo siendo novatos, de que por más currículos y correos que enviamos, los clientes potenciales con los que nos ponemos en contacto (generalmente, agencias de traducción) no se dignan contestarnos ni siquiera con un lacónico y aséptico Gracias por tu mensaje. A mí esa falta de atención y consideración me revienta tanto como a cualquier otra persona con sentimientos y sensibilidad. También comprendo, sin embargo, que los destinatarios de esos mensajes suelen estar ocupados y que es tal la cantidad de peticiones y ofertas de traductores que reciben al cabo del día que es imposible, e incluso latoso, contestar a todos y cada uno de dichos correos, sobre todo cuando no responden a una oferta de trabajo explícita publicada en algún medio de comunicación.

Desde hace algunos años yo recibo periódicamente mensajes de traductores que quieren ofrecerme sus servicios para una hipotética colaboración. Dado que la mayoría de esas personas encuentra mis datos en GoTranslators, deduzco que, por algún misterioso motivo, dicha página me ha incluido en alguna lista de empresas de traducción que tales traductores utilizan a la hora de enviar correos masivos para postularse como proveedores de servicios lingüísticos. Y es por ello que hoy, para variar, no me voy a poner de parte de esos traductores que buscan clientes, sino de los sufridos destinatarios que reciben tales mensajes. Y es que al igual que es irritante no recibir respuesta alguna cuando uno envía un correo ofreciéndose como colaborador, tanto o más enervante es que un traductor supuestamente serio que realmente quiere colaborar con otro profesional o empresa, en este caso yo, caiga en alguno de los siguientes pecados capitales:

  • Enviar un mensaje masivo a varios destinatarios a la vez, más aún si las direcciones de correo de estos quedan visibles. Esto no solo es poco elegante, sino que también roza la ilegalidad, dado que se está difundiendo un dato personal sin el consentimiento de su dueño.
  • No personalizar el mensaje y dirigirlo a un destinatario anónimo (Estimados señores, Dear Sir or Madam, etc.), cuando en mi página web, en mi blog y en mis innumerables perfiles profesionales (LinkedIn, ProZ, etc.) queda bien claro cómo me llamo y si soy hombre o mujer.
  • Decir que quieren colaborar con mi empresa/organización, cuando en mi página web, en mi blog y en mis innumerables perfiles profesionales queda meridianamente claro que no soy ninguna empresa, sino una traductora autónoma.
  • Ofrecerse como colaboradores para idiomas con los que no trabajo y de los que, por tanto, es imposible que reciba encargos.
  • Escribir el mensaje con faltas de ortografía, un estilo poco fluido, un formato poco agradable, etc.

Como vosotros mismos podéis deducir, la mayoría de esos errores se debe a que dichos traductores no se molestan ni siquiera en buscar información sobre mí para descubrir qué me puede interesar de ellos y qué necesidades tengo que ellos puedan cubrir. En consecuencia, si no hacen ni tan siquiera el esfuerzo de estudiar a sus clientes potenciales con una medida tan simple como visitar su página web, ¿cómo van a ser capaces de ofrecer un servicio de calidad adecuado a las necesidades del cliente? ¿Cómo van a saber, incluso, si esos clientes tienen pintan de ser fiables o no? ¿Cómo pretenden vender sus servicios y demostrar su profesionalidad cuando con ese tipo de mensajes despersonalizados, inadecuados, ineficaces e incluso molestos revelan una falta absoluta de interés y de celo en lo que están haciendo? Aun así, las buenas maneras me pierden y, por lo general, contesto amablemente a esos correos aportando un poco de información sobre mí y ofreciendo a mi vez mis servicios como traductora de alemán a español. Sin embargo, sorprendentemente, algunos de esos traductores vuelven a enviarme la misma propaganda al cabo de un tiempo, ignorando por completo aquel mensaje en el que tan amablemente les indiqué que no soy ninguna empresa, que normalmente no colaboro con nadie y que sus idiomas no están entre mis combinaciones lingüísticas. Así pues, no solo las agencias parecen en ocasiones pasar olímpicamente de los mensajes publicitarios que nosotros les enviamos; también algunos traductores parecen pasar olímpicamente de la respuesta que algunos nos molestamos en enviar, aunque por su descuidada forma de proceder no la merecieran.

Con todo lo dicho anteriormente creo que queda claro qué no hay que hacer a la hora de ofrecer nuestros servicios profesionales, pero aun así lo voy a recordar con unos cuantos consejos:

  • No enviéis nunca mensajes masivos a varios destinatarios a la vez. Si por algún motivo no tenéis más remedio que hacerlo, no dejéis sus direcciones a la vista. Utilizad el campo CCO o BCC (copia oculta), que para algo está.
  • Visitad la página web de vuestro cliente potencial antes de poneros en contacto con él. Averiguad cuál es su perfil, con qué idiomas trabaja, en qué está especializado: en definitiva, cuáles son sus necesidades y qué podéis ofrecerle que resulte de su interés. Además, si recabáis información sobre el cliente de antemano, también descubriréis si es de fiar o no (o, al menos, si tiene pinta de serlo).
  • Siempre que podáis, enviadle el mensaje a una persona concreta. Las direcciones tipo info@pepitotranslations.com tienen un millón más de probabilidades de acabar en la basura.
  • Intentad personalizar el mensaje. Buscad una persona de contacto y mencionad su nombre en el correo, así como el de la empresa. Demostrad que habéis buscado información sobre ellos y que sabéis en qué trabajan y qué necesitan. Para ello podéis, por ejemplo, reproducir en el mensaje alguna frase o idea sacada de su página web.
  • Antes de nada, presentaos con vuestro nombre y apellidos y explicad brevemente a qué os dedicáis. Exponed las ventajas de trabajar con vosotros y presentad vuestros servicios de manera concisa y adecuada a las necesidades del cliente.
  • Adoptad una mentalidad de profesional que ofrece sus servicios a posibles clientes, en vez de la actitud de una persona desocupada que busca trabajo como si fuese un empleado por cuenta ajena. En consecuencia, no adjuntéis vuestro currículum; explicad brevemente qué servicios prestáis, por qué pueden interesarle al cliente, cuáles son vuestros puntos fuertes y ofreceos a enviarle información más detallada (currículum, tarifas, etc.) si el cliente lo solicita. Por supuesto, no olvidéis remitirle a vuestra página web, perfil profesional, blog, etc.

En definitiva, demostrad profesionalidad, interés y meticulosidad en todo momento. Ese es el mejor reflejo de vuestro trabajo.

31 comentarios en “Cómo ofrecer tus servicios de traducción: cinco pecados capitales y algunos consejos”

  1. Hola Isabel, muchas gracias por tus consejos, ya había leído esta entrada hace tiempo pero estos días me ha venido especialmente bien. Últimamente estoy intentando aumentar mi cartera de clientes, estoy enfocándome en empresas que no se dedican únicamente a la traducción (distribución, producción, pos producción audiovisual…). Por consiguiente, sé que tengo que presentarme como una “empresa” que ofrece servicios, más que como una persona que pide trabajo. La verdad es que hasta ahora los correos de presentación que he enviado a empresas no han dado ningún fruto, pero creo que es, quizás, por falta de profesionalidad por mi parte, o por desconocimiento de técnicas de márketing, o porque todavía me cuesta cambiar el chip, ya que soy un poco novata. Intentaré de ahora en adelante poner en uso tus consejos. Por cierto, si algún día te propones escribir sobre este asunto te estaría eternamente agradecida, y seguro que muchos otros también. La verdad es que esta entrada es lo poco que he podido encontrar sobre cómo presentarse como una empresa que ofrece servicios profesionales.

    ¡Saludos!

    Teresa

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  2. @Martin; no debes desanimarte por lo que acabas de leer. En cualquier emprendimiento, sea el de traductor, o el de vendedor callejero de huevos de codorniz (o cualquier otro), los inicios son siempre lo más difícil y lo más duro.

    El correo electrónico sólo debe considerarse como un recurso más, dentro de muchos de los que podemos disponer (páginas web, blogs, visitas personales, llamadas telefónicas, anuarios, asociaciones, relaciones personales, etc.), que podemos manejar más o menos inteligentemente y, al menos a mi, los consejos de Isabel en este sentido me parecen de una sensatez fuera de toda duda.

    Evidentemente, considerar el correo electrónico como el único recurso para captar clientes, o el olvidarse de realizar un seguimiento y valoración de todos nuestros esfuerzos comerciales a largo plazo y de forma permanente (incluso si los tiempos que corren nos son favorables), equivale a un suicidio laboral premeditado.

    Siempre he afirmado que los traductores (con raras excepciones…), dado el carácter analítico de nuestra profesión, somos la antítesis de un buen comercial, para lo que se requiere una buena dosis de empatía y extraversión… Pero, hasta que no aprendamos que, para tener éxito en nuestra profesión, primero debemos aprender a ser excelentes (y honestos) comerciales de nuestros servicios, difícilmente saldremos adelante.

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  3. Hola. Lamentablemente con lo que acabo de leer me desanimé, porque me doy cuenta de que ofrecer mis servicios de traductor es una perdida casi segura de tiempo, ya que no es igual a asistir a un lugar de un aviso en un diario al cual se presentan bastantes más postulantes de los que van a ser empleados, con esto de internet sin duda ahora es peor porque la cantidad es mucho mayor debido a la disponibilidad cada vez más grande de este medio de comunicación; parece que lejos de facilitarnos el conseguir trabajo nos lo hace más difícil, igual lo voy a intentar.
    Suerte para mí y para los demás también.
    Martín Rabezzana (Jilguero criollo/Chardonneret creole)

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  4. Hola Isabel y resto de colegas: tal vez, no me he expresado apropiadamente en mi mensaje anterior. No me refiero a enviar muchos correos a diestro y siniestro, sin ton ni son, para que suene la flauta por casualidad, sino a enviar los correos suficientes para ir creándose una clientela interesante por esa vía, después de haber segmentado las empresas a las que se lo enviamos.

    Es evidente que, si traducimos de un idioma europeo a otro, asimismo europeo, y le enviamos nuestro perfil a una empresa especializada en la traducción entre idiomas asiáticos, éste aterrizará directamente en la papelera. Así que, no considero que el envío de correos electrónicos individuales sea hacer el tonto, ni perder el tiempo.

    Pero, también creo que existen dos motivos para un correo masivo, personalizado hasta cierto punto:

    a) la efectividad de una campaña de correo electrónico es de sólo un 2% aproximadamente. O, al menos, eso es lo que afirmaba la empresa cabestan, una de las mayores y, probablemente, también una de las mejores empresas de e-mail marketing, en un libro blanco (lamentablemente, no recuerdo cual) no hace muchos años.

    b) Con la globalización, el mercado se ha ampliado (y atomizado) notablemente y, por lo tanto, no creo que sea ya viable el envío de correos electrónico a todas las empresas de nuestro interés, sin la ayuda de una cierta automatización.

    Aunque, evidentemente, cuanto más estudiada y adaptada esté la redacción del correo, más posibilidades tendremos.

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  5. Hola Isabel, todo lo que dices es sensato y de sentido común.

    Aunque existe un punto en el que discrepo (un poco). Actualmente, sí se pueden enviar correos masivos, porque, como decías en tu artículo anterior (el traductor quejica), «el mercado del traductor autónomo no se circunscribe a la región donde reside, sino que somos profesionales con proyección internacional» y, con la globalización, resulta imposible enviar correos electrónicos individuales de forma rentable, dado que el porcentaje de aciertos de una campaña de marketing por correo electrónico raramente supera el 2%, si es que llega.

    En lo que sí tienes razón, es en que se debe personalizar el mensaje sobre la base del conocimiento de la empresa de traducción y sus actividades. Para eso existen los programas de envío de correo masivo, que probablemente conoces (sendblaster, groupmail, etc.) y que permiten enviar una carta adaptada, hasta cierto punto, a las personas y empresas a las que la envías. El principal problema del envío de correo masivo son probablemente los detectores de correo electrónico no solicitado (alias programas antispam), pero esto sucede igualmente, si envías un correo electrónico masivo desde un cliente de correo electrónico estándar. Así que, se trata de enviar el correo masivo, pero en pequeños lotes y de utilizar un servidor SMTP de un proveedor de servicios, y no uno propio por mucho más rápido que sea este último.

    A las empresas de traducción serias, tampoco les interesa «la paja», ya que, por mucho que conozcas la empresa, los que la integran siempre la conocerán mejor que uno mismo. A las empresas de traducción, en mi modesto entender, lo que más les interesa es «qué valores añadidos y ventajas competitivas puedes aportarles y los resultados demostrables que has obtenido anteriormente». Y eso, habitualmente y por muchos años de experiencia que tengamos, puede d/escribirse en muy, pero que muy pocas líneas…

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    1. Hola, Pablo:

      Quizá tengas razón en que enviar muchos correos electrónicos individuales es poco rentable, pero yo me pregunto: ¿qué es más eficaz: enviar pocos correos, pero a clientes bien seleccionados que creemos que pueden estar interesados en nuestros servicios, o enviar muchos correos a diestro y siniestro, sin filtro alguno, para ver si suena la flauta? A lo mejor estoy haciendo el tonto, pero prefiero analizar a cada uno de mis clientes potenciales y enviarles correos individuales que mandarlos por lotes, lo cual te obliga inevitablemente a personalizar menos el mensaje. Eso sí, coincido contigo en que es más importante demostrar lo que tú vales que alabar las bondades de la empresa a la que te diriges, pero demostrar que te has tomado la molestia de conocerles un poco me parece que da muchos puntos a favor.

      Un saludo,
      Isabel

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  6. Gracias Isabel por tu sinceridad, concisión en tus palabras y tus críticas siempre constructivas. Un servidor aprende mucho leyéndote. ¡Enhorabuena!

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