Ejercicio profesional

El traductor, ese señor que traduce

Cuando le digo a alguien ajeno al mundo de la traducción que soy traductora, su primera reacción es: «¿Y qué traduces? ¿Libros?». Eso suponiendo que sepa más o menos de qué va el tema, porque hay personas que directamente no conciben que alguien pueda ganarse la vida siendo traductor, y suelen pensar, supongo, que me dedico a esto para pasar el rato mientras busco un trabajo «serio», con un contrato (aunque sea precario) y un sueldo fijo (aunque sea mísero) a fin de mes. Esta entrada va dirigida a todas esas personas que no saben muy bien a qué se dedica un traductor y cómo puede ganar dinero «con eso de las traducciones».

Un traductor es ese señor…

  • … que ha traducido el manual de instrucciones que estás leyendo porque no sabes cómo funciona la lavadora.
  • … que ha traducido las aplicaciones que vas a utilizar en el iPhone de última generación que te acabas de comprar.
  • … que ha traducido o subtitulado esa película extranjera con tan buena crítica que todo el mundo quiere ver.
  • … que ha traducido la novela de la que todo el mundo habla últimamente.
  • … que ha traducido los textos de pantalla y la documentación del sistema operativo que ahora mismo estás utilizando.
  • … que ha traducido la página web de esa empresa extranjera en la que has comprado algo.
  • … que ha traducido el folleto de ese fondo de inversión en el que estás pensando invertir.
  • … que ha traducido el último videojuego de moda de la PlayStation.
  • … que ha traducido el material publicitario del coche que te quieres comprar.
  • … que ha traducido tus certificados académicos para que te convaliden los estudios en otro país.
  • … que ha traducido ese artículo tan interesante que leíste en una revista científica.
  • … que ha traducido la guía turística que te vas a llevar a tu próximo viaje.
  • … que ha traducido el catálogo de muebles que estás hojeando.
  • … que ha traducido el prospecto del medicamento que te acabas de tomar, o incluso el ensayo clínico en el que se probó.

Y así podría continuar hasta el infinito, porque las traducciones están tan presentes en nuestra vida como la electricidad. En ambos casos, sin embargo, solo nos percatamos de su existencia precisamente cuando nos faltan. Pensad en todo lo que se traduce y en que nos pagan por traducirlo y entenderéis por qué esto es una profesión seria de la que se puede vivir y no una afición para no aburrirse que cualquiera puede hacer. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

32 comentarios en “El traductor, ese señor que traduce”

  1. A mí me encanta cuando digo que estudié Traducción e Interpretación y me dicen “ah, como arte dramático” ¬¬
    Jajaja.

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  2. Me encanta sentarme ante el pc y ver exposiciones tan llenas de fuerza 🙂

    Isabel, me has recordado el impacto que me llevé cuando un día, no hace mucho, apenas recién nacido mi blog, buscando citas sobre la traducción para colocar en la barra lateral (me gusta poner una nota de motivación en cada rincón del blog) me encontré la siguiente perla: “la traducción, en el mejor de los casos, es tan sólo un eco”, de George Henry Borrow, escritor y (ojo al dato) filólogo inglés del siglo XIX.

    “Tan sólo un eco”. La metáfora “eco” no es lo que me impactó, de hecho, tan sólo dos días antes, la usaba yo en mi primera entrada del blog (el comienzo del viaje), aunque de forma harto diferente. Lo que me provocó una subida de azúcar fue ese “tan sólo”.

    Desearía poder viajar al siglo XIX para decirle a este caballero: “mi buen sr. Borrow, ¿de veras cree que el eco es algo tan infinitamente trivial, secundario y carente de importancia? ¿Sabe lo que creo yo que será el eco? Seguramente, ud. no podrá verlo (llevará tiempo bajo tierra) pero el eco será ese “minúsculo” sinónimo de futuras marcas como “me gusta”, “compartir”, “twittear”, que moverán masas, que permitirán que las voces sean leidas y escuchadas por el mundo entero, que nos traerán la fortuna de compartir vivencias en todas las lenguas, que destruirán barreras y unirán pueblos, todo ello de la mano de ese ser que “tan sólo es” un traductor.

    El día que me licencié, en el salón de actos del aulario II de la Universidad de Alicante, escuché algo que me llenó y sigue llenando día tras día, algo que hoy os transmito a todos, compañeros:

    “Traductores, les ha sido otorgada la gran virtud de la lengua, Usenla con pasión y diligencia porque desde cualquiera de los rincones en los que desempeñen su labor, moverán el mundo. Por ello, a todos, enhorabuena”.

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    1. Hola, Noelia:

      Me ha encantado tu exposición, especialmente la última frase. Con tu permiso, me la copio en un post-it para pegármela en la pantalla del ordenador y verla todos los días. ¡Qué inspiradora! 🙂

      Un saludo,
      Isabel

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