Reformarse o no reformarse, esa es la cuestión

Supongo que ya os habréis enterado de las reformas ortográficas anunciadas por la Real Academia Española. Tanto si estáis al corriente como si no, os recomiendo leer este artículo de El País y esta entrada del blog El arte de traducir de Eva María Martínez.

La modificación propuesta que más revuelo e indignación ha causado probablemente sea el cambio de nombre de la i griega (que no *y griega), que en adelante pasará a llamarse oficialmente ye. La razón alegada es que el uso mayoritario de esa letra en español es consonántico y, además, así se la denomina en muchos países de Latinoamérica. Sin embargo, a los españoles ese nombre nos suena tan raro como a los latinoamericanos la letra uve, que ellos suelen denominar be baja o be corta. Y yo me pregunto: ¿por qué les ha dado a los académicos de la RAE por unificar el nombre de la letra y? ¿Supone algún problema el hecho de que en algunas partes se la llame i griega y en otras, ye? ¿Supone algún problema el hecho de que en América llamen be baja o be corta a la uve? Yo creo que no. Si hasta ahora esa variedad de nombres ha funcionado perfectamente y estos han convivido en paz y armonía, no entiendo a qué viene ese absurdo afán de homogeneizar lo que no es susceptible de homogeneización, pues todas esas denominaciones están muy arraigadas en sus respectivas zonas lingüísticas. Es como si pretendieran que a partir de ahora, de repente, todos llamásemos coche a este vehículo, y no carro (o viceversa). Con tan lúcida reforma solo han conseguido crear un problema de algo que no lo era. Y es que es imposible dictar normas que satisfagan a los cientos de millones de hablantes de la lengua española, con todas sus variantes y toda su riqueza léxica. Por cierto, lo mismo se aplica al cambio de nombre de la uve doble, que pasará a llamarse doble uve.

Otras modificaciones me parecen más acertadas, por ejemplo la supresión de la tilde del adverbio sólo. Esta novedad en realidad no es tal, pues dicha norma lleva muchos años en vigor. Confieso que a mí me costó aceptarla, pero ahora ya la aplico con total naturalidad y hasta me parece práctica, porque así hay que pulsar una tecla menos del teclado. Además, los casos de ambigüedad son excepcionales y, por regla general, ya se encarga el contexto de deshacer el doble sentido. Y es que muchas de las frases que se ponen como ejemplo para ilustrar que esa palabra se presta a confusión (por ejemplo, Tomé café solo/sólo o Estaré solo/sólo el verano) son ambiguas únicamente fuera de contexto, pero en un discurso siempre hay un contexto que nos ayuda a interpretar correctamente dichas oraciones. Además, en la lengua oral también existe ese riesgo de confusión y no la podemos deshacer con solo poner una tilde. En cualquier caso, si seguimos creyendo que puede haber ambigüedad, siempre podemos usar solamente.

Respecto a la tilde de guión y truhán, entre otros vocablos similares, es lógico que se la quiten, porque son palabras ortográficamente monosílabas, aunque en muchas regiones hispanohablantes, incluida España, se pronuncien con hiato.

El dilema

¿Qué conlleva todo esto para los traductores, al margen de que nos gusten más o menos dichas reformas ortográficas? Que tenemos que decidir si seguimos las nuevas normas o si nos aferramos a las antiguas. A este respecto pueden darse dos situaciones:

1. Tenemos un cliente que conoce la nueva Ortografía y espera que la apliquemos en nuestras traducciones. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de que el cliente se queje y de que no podamos justificar por qué no hemos aplicado las normas. Quizá las eminencias académicas y de las letras puedan permitirse el lujo de escribir como les dé la gana, pero los traductores «de a pie» lo tenemos más difícil para justificar nuestros caprichos ortográficos.

2. Tenemos un cliente que desconoce las nuevas normas y, por tanto, no se espera que las apliquemos en nuestras traducciones. En este caso es probable que si ve solo o guion escritos sistemáticamente sin tilde, piense que es un error y que somos unos traductores nefastos que no conocemos ni nuestra propia lengua. No obstante, si nos pide explicaciones por esos supuestos «errores», siempre podremos argumentar que así lo dictan las normas establecidas por la RAE y, por tanto, le guste más o menos, nuestra opción es correcta.

¿Deberíamos, pues, preguntarle al cliente en cada caso si desea que apliquemos las nuevas normas o no, o bien procedemos directamente como mejor nos parezca? Personalmente, en mi labor profesional prefiero atenerme a las normas vigentes aunque no esté de acuerdo con ellas, para que nadie pueda acusarme de cometer faltas de ortografía.

Conclusiones

En resumen:

1. No sé a qué vienen estos cambios. Quizá la tilde de sólo, de guión o de truhán sea perfectamente suprimible, pero ya que es una norma tan arraigada y grabada a fuego en los hispanohablantes, ¿por qué no dejarlo como antes? O sea, con la posibilidad de ponerles tilde o no al gusto del consumidor. Ambas opciones serían correctas y nos evitaríamos todos estos follones y crispaciones.

2. La RAE debería dictar las normas en función de los cambios que experimenta la lengua al ser moldeada por sus hablantes y debería velar por preservar nuestro idioma para que goce de buena salud, pero no dictar normas innecesarias que van a contracorriente de lo que los hablantes usan.

3. No creo que consigan implantar estas nuevas normas entre los hablantes y quizá les toque dar marcha atrás. Eso sí, para entonces ya habrán lanzado y vendido unos cuantos ejemplares de la nueva y nefasta Ortografía.

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19 pensamientos en “Reformarse o no reformarse, esa es la cuestión

  1. Chus 11/11/2010 en 13:17

    Se les habrá contagiado la tonteria de los apellidos por orden alfabético… Cuando no saben que regular, sacan complicaciones inecesarias.

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    • Isabel García Cutillas 15/11/2010 en 07:27

      Hola, Chus:

      Gracias por tu comentario. Estoy totalmente de acuerdo con tu segunda afirmación. 🙂

      Un saludo,
      Isabel

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  2. IreneSAlmagro 11/11/2010 en 13:34

    Isabel:
    Enhorabuena por tu exposición. Está muy clara y creo que tocas todos los puntos relevantes para los traductores. Estoy completamente de acuerdo en tus planteamientos. Gracias por exponerlos.
    Saludos.

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    • Isabel García Cutillas 15/11/2010 en 07:29

      Hola, Irene:

      Gracias por la enhorabuena y por tu comentario. Me alegra saber que no soy la única que opina que las reformas de la RAE no tienen ni pies ni cabeza.

      Un saludo,
      Isabel

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  3. Laura Jiménez 15/11/2010 en 21:38

    Hola, Isabel:

    Yo también estoy de acuerdo con lo que has expuesto. Estudio segundo de Traducción y he tenido que estudiarme la nueva Ortografía, aunque todavía no había sido anunciada por la RAE y la seguíamos por el DPD. Supongo que es por eso que quitarle la tilde a “solo” no me parece tan alarmante como los medios quieren hacer ver, a mí me parece muy práctico, después de todo nos ahorramos una tilde que no es necesaria. Aun así, discrepo con otras normas, como lo de la ye, y espero que se retracten de aquellas que no funcionen debido a su falta de sentido.

    ¡Un saludo!

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    • Isabel García Cutillas 16/11/2010 en 18:53

      Hola, Laura:

      Gracias por leerme y por expresar tu opinión. Las reformas todavía están pendientes de aprobación, así que quizá, después de todo, no salgan adelante. Prometo escribir un post cuando se produzca la votación. 🙂

      Saludos,
      Isabel

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  4. Verónica García 15/11/2010 en 22:34

    Esto, para mí, va a ser lo mismo que cuando estudiaba las capitales europeas se separó la URSS y salieron países hasta de debajo de las piedras XD, nunca me quedará claro del todo.

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    • Isabel García Cutillas 16/11/2010 en 18:50

      Yo creo que la gente seguirá escribiendo a la antigua usanza y quizá la RAE tenga que dar marcha atrás en algunas cosas. De todas maneras, las reformas anunciadas todavía están pendientes de aprobación, así que esperemos que al final esté todo un poquito más claro. 🙂

      Saludos,
      Isabel

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  5. mikel 15/11/2010 en 23:20

    Soy latinoamericano de Chile y lo normal es llamarla “y griega”, respecto a la uve, es cierto que algunos la llaman be corta, pero uve también y yo diría que con más frecuencia.

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    • Isabel García Cutillas 16/11/2010 en 18:46

      Hola, Mikel:

      Muchas gracias por tu aportación. Me alegra saber que lo de «i griega» y «uve» no es solo cosa de los españoles, como he leído por ahí estos últimos días.

      Un saludo al otro lado del charco,
      Isabel

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  6. Heinrich Allers 16/11/2010 en 00:44

    Hola Isabel:

    entre todo lo que leí en esos días al respecto, tu aportación realmente me parecía profundizando el tema de una forma que lo merece: gracias por tu exposición.

    A grandes rasgos estoy de acuerdo con tus valoraciones, sobre todo en cuanto a lo que dices en el último párrafo: “… y quizá les toque dar marcha atrás” – igual como les ocurrió a los burócratas reformadores germanoparlantes que hace casi 15 años maltrataron la ortografía de mi lengua materna.

    No estoy de acuerdo contigo cuando dices que en el discurso verbal entre Estaré solo el verano y Estaré sólo el verano solamente depende del contexto la no ambigüedad de la frase hablada: no, también sólo por la prosodia diferente de ambas frases llega bien diferenciado su contenido al oyente. (Esta correlación entre contenido y prosodia en el alemán con la dichosa reforma ortográfica en parte se perdió, y me parece que con el castellano ocurrirá lo mismo).

    Saludos de

    Heinrich

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    • Isabel García Cutillas 16/11/2010 en 18:38

      Hola, Heinrich:

      Gracias por leerme y por participar en el debate con tu comentario. Me parece interesante lo que dices: que también la prosodia influye a la hora de deshacer la ambigüedad de una frase. Sin duda tienes razón, aunque no sé si las frases de ejemplo son las más adecuadas.

      Espero que sigas leyéndome y aportando tus puntos de vista.

      Un saludo,
      Isabel

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  7. elartedetraducir 16/11/2010 en 13:24

    Creo que todos recordamos la célebre propuesta de la academia de whisky por güisqui porque así era como debía escribirse según las normas de la grafía española. Esta gente hace, en mi opinión, cambios por hacer, porque tienen que dar el pego de que están ahí para hacer algo. Pero desde luego, eso de cara a nuestros clientes es un fastidio precisamente por la dicotomía que supone el seguir las normas o no dependiendo de lo que quiera el cliente. Nos tocará corregir más de una vez, qué le vamos a hacer.

    Laura Jiménez: no estoy de acuerdo en lo que comentas sobre que la supresión de la tilde en “solo” es práctica; pienso que por esa misma regla de tres, ninguna de las tildes diacríticas existentes tiene sentido porque se podrían deducir por contexto. Si existen no es por capricho, tienen su razón de ser y no le veo el sentido a esa supresión específica ;).

    ¡Saludos y gracias por tu exposición sobre el tema!

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    • Isabel García Cutillas 16/11/2010 en 18:32

      Para mí el peor engendro que ha parido la RAE en su afán por españolizarlo todo es eso de «cederrón», que viene en el diccionario y todo. Tela marinera.

      Respecto a la tilde de «solo», aun siendo diacrítica, a mí no me parece exactamente igual que la de los monosílabos. En mi opinión, suprimir la tilde diacrítica de monosílabos como «té» o «dé» entorpecería mucho la lectura, con lo cual su uso está justificado aunque también fuese posible entender el texto sin ninguna de esas tildes. Sin embargo, si le quitamos la tilde a «solo» (o a los pronombres demostrativos), el texto puede leerse con la misma facilidad y fluidez que si la llevase. No sé, es mi apreciación personal. Por cierto, a este respecto os recomiendo este artículo de Alicia Martorell: http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/noviembre_10/16112010.htm.

      Saludos,
      Isabel

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      • Ángela Blum 16/11/2010 en 22:00

        Hola, Isabel.

        Yo soy de las que acentúan «sólo» y los demostrativos porque así lo aprendí y me salen solos los acentos. Eso sí, cuando hago una traducción, aparco mis preferencias personales y le pregunto directamente al cliente. De hecho, es lo primero que le consulto a un cliente cuando empiezo a trabajar con él: ¿Sousa o RAE? 😉

        Saludos,
        Ángela

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        • Isabel García Cutillas 17/11/2010 en 11:11

          Hola, Ángela:

          A mí también me salían solas las tildes al principio, pero es cuestión de práctica y costumbre. 😉

          Preguntarle directamente al cliente lo que prefiere probablemente sea la forma más práctica de ahorrar tiempo y no meter la pata en cuanto a lo que el cliente espera de ti. De todas formas, cada vez son más los que se atienen a las «nuevas» normas de acentuación del adverbio «solo» y los pronombres demostrativos.

          Un saludo,
          Isabel

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  8. Pablo Bouvier 22/11/2010 en 14:51

    Hola, Isabel:

    brillante exposición, como siempre. Pero, la realidad es que ninguna reforma ortográfica ha tenido éxito jamás. En Alemania no han conseguido imponer la Neue Rechtschreibung, a pesar de los años que llevan tratando de imponerla en los Bundesländer rebeldes. En Portugal y en Brasil, tampoco consiguen ponerse de acuerdo sobre el Acordo Ortográfico. Y, mientras tanto, en Holanda siguen debatiendo hasta la saciedad, sobre si el color de los libros normativos debe ser blanco o verde…

    Sinceramente, un servidor seguirá escribiendo como siempre, porque la evolución del idioma se basa esencialmente en los usos y costumbres, y no en las disquisiciones dialécticas de eruditos, por muy académicos que sean. A menos que el cliente demande lo contrario, claro está.

    Pretender unificar un idioma común a los países hispanohablantes, en lugar de admitir su enorme riqueza y diversidad local, se me antoja una imbecilidad. Hemos llegado a un punto, en el que hasta los académicos muestran sus desavenencias en público, tratándose de «molusco bivalvo», entre otras lindezas. Lamentable…

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    • Isabel García Cutillas 22/11/2010 en 16:32

      «… la evolución del idioma se basa esencialmente en los usos y costumbres, y no en las disquisiciones dialécticas de eruditos, por muy académicos que sean. A menos que el cliente demande lo contrario, claro está.

      Pretender unificar un idioma común a los países hispanohablantes, en lugar de admitir su enorme riqueza y diversidad local, se me antoja una imbecilidad.»

      Pablo, has sintetizado a la perfección lo que yo opino también. No podría estar más de acuerdo contigo. Gracias por tu reflexión; me ha encantado.

      Un saludo y espero verte muchas más veces por aquí. 🙂
      Isabel

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  9. […] reformas ortográficas anunciadas por la RAE a principios de noviembre (y que yo comenté en esta entrada del blog) se han quedado en meras recomendaciones. Entre otras cosas, será posible seguir llamando […]

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