Ejercicio profesional

Seis verdades sobre tarifas que no debemos olvidar

Lo confieso: al principio de mi carrera profesional cobraba tarifas modestas, de esas que indignarían a muchos profesionales. La razón es sencilla y de sobra conocida: tenía pocos gastos, creía que lo que cobraba era más que suficiente y lo que más me importaba en aquel momento de euforia por empezar a trabajar como traductora era conseguir encargos y clientes. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que me diera cuenta de que por aquel camino no iba a ninguna parte (o, por lo menos, no hacia el lugar a donde yo quería ir), y ajusté mis tarifas al alza, a lo cual también contribuyó el hecho de independizarme y, por tanto, de tener más gastos. Ahora he llegado a un punto de mi carrera en el que ya no me interesa tener mucho trabajo, sino trabajar lo justo, sin prisa pero sin pausa, dedicándole a cada proyecto (en la medida de lo posible) el tiempo que requiere para ofrecer una buena calidad. Pero, claro, para eso es necesario cobrar unas tarifas en consecuencia.

No obstante, no es mi intención abrir el millonésimo debate sobre tarifas altas y bajas. Muchas veces nos centramos simplemente en si un precio es alto o bajo y olvidamos seis normas básicas:

  1. El mercado, para bien o para mal, es libre. Cada uno puede cobrar lo que quiera; no tiene sentido que nos enfademos porque otra persona cobre menos que nosotros, pues siempre habrá gente que cobre menos (y también gente que cobre más). Podemos aconsejar a los compañeros, pero es absurdo tratar de imponerles lo que nosotros consideramos justo, porque las circunstancias de cada profesional y su concepto de justicia son diferentes en cada caso.
  2. A la hora de calcular una tarifa debemos tener en cuenta todos y cada uno de los gastos de nuestra actividad profesional, así como los gastos personales, para determinar si se trata de una tarifa viable que nos permita mantener a flote nuestro negocio y vivir holgadamente. Para este menester no me cansaré de recomendar CalPro, una excelente herramienta de cálculo diseñada por socios de Asetrad.

3. Las tarifas que no nos permiten cubrir los gastos de nuestra actividad profesional y de nuestra vida personal (sean altas o bajas) son inviables a largo plazo por dos motivos:

  • tendremos que matarnos a trabajar si queremos ganar lo suficiente para cubrir esos gastos (y trabajar a destajo significa reducir tarde o temprano la calidad de nuestro trabajo);
  • si no lo hacemos, ganaremos demasiado poco para vivir de la traducción.

4. Las tarifas deben adecuarse a nuestras circunstancias personales (gastos), pero también a las características del trabajo y del cliente.

5. No hay que perder de vista que somos nosotros quienes establecemos o aceptamos las tarifas de nuestro trabajo, con lo cual no vale quejarse de que nos pagan poco. Si alguien no está satisfecho con lo que cobra, que haga todo lo posible por cambiar esa situación.

6. No olvidemos que todos hemos empezado desde abajo, y competir en precio es una forma como otra cualquiera de hacerse un hueco en el mercado, aunque a la larga es un callejón sin salida porque siempre habrá alguien dispuesto a trabajar por menos que tú y porque el trabajo de calidad es incompatible con el trabajo a destajo. Y, por otro lado, los profesionales asentados que están en una posición privilegiada deberían ser vistos como modelos a seguir y no como objeto de crítica por estar donde están y pensar como piensan. Si han llegado hasta ahí, por algo será; en este sector más que en ningún otro a nadie le regalan nada.

En resumen, no existe una tarifa perfecta, ni tarifas altas o bajas de por sí. Cada profesional debe cobrar por sus servicios el precio que considere adecuado en función de sus circunstancias (que deberá analizar minuciosamente) y de sus objetivos, y ser consecuente con la tarifa que fije.

37 comentarios en “Seis verdades sobre tarifas que no debemos olvidar”

  1. La verdad es que hay que ser muy valiente para salir de la carrera con 0 experiencia y pedir 0.08 o incluso 0.05 por palabra. Yo en su día no me atreví pero también me he dado cuenta de que si cobro menos voy a tener que matarme a trabajar y eso, a medio plazo, cansa mucho.
    Ahora solo me falta dar con los clientes adecuados 🙂

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  2. Hola, Isabel: como siempre, coincido en casi todo lo que dices. Pero, hay una expresión que no me convence en este artículo y es la de «posición privilegiada». Un servidor casi que lo traduciría (mentalmente) como «posición conquistada».

    Como bien dices, esta posición se la gana cada uno a pulso, trabajándosela (y trabajándose uno) día tras día y año tras año, porque, lo más difícil no es alcanzar un determinado status (que también), sino mantenerlo.

    La traducción, en contra del sempiterno debate, no es ni un arte, ni una ciencia, sino una «filosofía de vida». O, al menos, así es como lo ve un servidor.

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    1. Con posición privilegiada me refería a ‘posición cómoda’ o ‘posición ventajosa’, pero, en efecto, eso no se alcanza porque sí, sino por habérselo currado. Y es verdad: lo realmente difícil no es llegar, sino mantenerse.

      Saludos,
      Isabel

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  3. Completamente de acuerdo: hay que tener en cuenta todos los gastos para saber cuál es la tarifa adecuada, aunque también creo que no está mal aconsejar en cuál debería ser el mínimo desde el que empezar a subir.

    Suscribo también lo que ha dicho Mar. Yo, que estoy a caballo entre ser novata y ser veterana, me doy cuenta de todo lo que andado ya, y también de todo lo que aún me queda por andar, así que agradezco a los veteranos todo el empeño que ponen por que no nos durmamos en los laureles.

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  4. Hola Isabel:

    Seguimos a la carga en un tema tan interesante :D. Estoy de acuerdo con todo lo que dices. Mejor dicho, casi todo ;). En concreto, con lo que dices en el punto 6. Es cierto que todos hemos empezado desde abajo. Sin embargo, no se pueden hacer comparaciones entre los que empezaron hace diez años (o veinte, o los que sea) y los que empiezan ahora. Las características que tiene el mercado ahora no tienen nada que ver con el de entonces, ahora está más globalizado que nunca y la competencia es mucho más feroz. No quiero quitarte razón a lo que dices, simplemente creo que es importante dejar claro que las comparaciones no siempre son posibles :).

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    1. Hola, Oliver: permíteme que discrepe. La competencia actual no es. ni más, ni meno feroz que antes. La razón es sencilla: la globalización, no sólo ha globalizado la competencia, sino también las oportunidades.

      Hoy, gracias a la inmediatez de las telecomunicaciones, se puede vivir (y, por cierto, muy bien) muy bien residiendo en países low cost, trabajando para países con mayor nivel de vida, con la consecuente ventaja competitiva. Hoy se puede buscar clientes en el mundo entero, mientras que, antes, como mucho, la búsqueda y obtención de clientes se limitaba al resto de países europeos de economía no centralizada.

      Algo impensable hace no tantos años, cuando Internet ni siquiera existía y, para enviar el manual de un PC XT, desde la empresa de traducción (ubicada en Travesera de Gracia de Barcelona) a la propia IBM (ubicada en la Vía augusta de Barcelona), necesitabas toda una noche, incluso con una red privada virtual y una línea telefónica dedicada, gracias a un módem analógico de 56 Kbps.

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      1. Hola Pablo:

        Estoy de acuerdo con lo que dices, aunque sólo en parte y permíteme que te ponga un ejemplo. Hace 10 años, supongamos que la empresa Leon del Puente le cobraba a Mocosoft 30 c por palabra y, de ahí, se sacaba para el beneficio del LSP, del SVP y del freelance al final de la cadena. Esto era posible porque la primera que no sabía mucho del tema era Mocosoft. Diez años después, la primera que está apretando con los precios es la Mocosoft, que sabe que puede hacerse por 25 c porque se han preocupado de desarrollar un departamento lingüístico en condiciones, porque otros LSPs también compiten en precio y porque los accionistas son más codiciosos que nunca (se prometen dividendos a los accionistas que solo pueden conseguirse apretando el margen de toda la cadena). Eso hace que determinadas tarifas no sean posibles ahora (hay más factores a tener en cuenta, sólo estoy citando algunos). De ahí que, aunque el mercado haya mejorado en algunas cosas, creo que en general ha empeorado para los que estamos en el proceso de incorporarnos a todo esto.

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        1. Hola Oliver: comparto tu opinión, aunque, también parcialmente. Es cierto que los traductores noveles tenéis actualmente más dificultades de incorporación al mundo laboral (una vez dentro, tenéis las mismas que los veteranos, porque estos deben también adaptarse a una realidad cambiante a velocidad de vértigo, si quieren sobrevivir a largo plazo) y, en particular, desde el 2077 en adelante, pero, por épocas de crisis económica como esta, hemos pasado todos, con mayor o menor dificultad. Por ejemplo, con la crisis del petróleo de 1973.

          Recalco que es una opinión personal, pero, para un servidor, la mayor dificultad estriba en que, actualmente, los conocimientos idiomáticos – que nada tienen que ver con la traducción, pero que el 99,99% de las personas ajenas a este mundo no distingue – así como la informática, ya no se consideran valores añadidos, sino que se dan por supuestos.

          Respecto a León del Puente, una empresa puede decidir no aumentar (mantener) las tarifas a sus traductores (es su riesgo, si los traductores de valía se largan a otros pastos menos secos) pero, escribir a sus traductores que le hagan un descuento del 5% por la cara, no es propio de una empresa. Como rezaba un cartel de los indigandos: «no podemos apretanos el cinturón y bajarnos los pantalones al mismo tiempo»… 🙂

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  5. A mí la verdad me acaba de ser muy útil esta entrada, aún no he acabado la carrera y ando algo perdida, con lo cual, me va a ir muy bien tener estos consejos en cuenta, al menos para procurar no empezar con mal pie.

    ¡Gracias!

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  6. Isabel:

    Como de costumbre, me encanta tu punto de vista. Tanta rabia me dan las críticas de los que están en la escala alta y machacan con sus comentarios a las personas que cobran tarifas que podemos considerar bajas, como los que están en la escala baja y piensan que los que cobran tarifas altas lo han tenido fácil o van de sobrados (o son unos mentirosos, que también te lo encuentras).

    Ni lo uno ni lo otro. A los veteranos nos va bien echar la vista atrás de vez en cuando y recordar cómo y dónde empezamos, ser humildes y ayudar en la medida posible a los que empiezan con nuestros consejos. Y a los novatos (con todo el cariño de la palabra), que se inspiren en los veteranos que admiran. Ver que a personas les va mejor que a ti tiene que servirte de aliento, no desanimarte.

    Las envidias no son nada sanas y las experiencias de los demás tienen que ayudarnos a analizar nuestro enfoque y mejorar.

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    1. Cuánta razón, Martine. Yo también opino que los que acabamos de empezar en esto tenemos que tomar como ejemplo a personas que ya están bien consolidadas en nuestra profesión. No creo que sea gente a la que tenerle envidia: eso no lleva a ninguna parte, y aunque como es lógico todos querríamos estar en una posición así, eso es algo que se consigue con esfuerzo e ímpetu, algo por lo que probablemente habrá tenido que pasar esa persona, y muchas otras que, como nosotros, tuvieron que empezar un día desde cero.

      Opino que lo más importante es no desanimarse y seguir adelante, hay que ser positivo y aprender de lo que otros nos puedan aportar. Así llegará un día en que otros puedan aprender de nosotros.

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  7. Interesante la entrada, ya que debe ser de las pocas (de momento yo es la primera que leo) que no demoniza a quienes cobran tarifas bajas.
    A mi no me parece raro que se empiece cobrando una tarifa más baja, no tanto con el afán de competir con quienes ya están asentados, sino más bien para abrirse paso en el mercado.
    Es un recorrido que practicamente todos los traductores tenemos que recorrer.
    Por “suerte” algunos empiezan pisando fuerte y les sale bien la jugada (sus circunstancias serán x), pero no todos tienen suerte con la misma estrategia.
    Yo visualizo el mercado como una serie de fases que se van superando. Hay proyectos y clientes para cada una de esas fases. Quien quiere calidad paga calidad, y quien no la quiere pues paga menos (otra cosa es que nos guste más o menos que alguien quiera menos calidad).
    Está en nuestra mano dirigir nuestra estrategia de marketing al cliente que más nos interese.

    Un saludo,
    Beatriz

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  8. A mí, personalmente, los debates sobre tarifas hace tiempo que me aburren, porque no suelen aportar casi nada, no al menos desde un punto de vista razonable o constructivo. No obstante, Isabel, tus seis reflexiones me parecen muy acertadas.

    Un saludo.

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