Cómo actuar ante encargos que no podemos hacer

Tarde o temprano acaba ocurriendo: un cliente, habitual o potencial, nos ofrece un encargo que no podemos hacer. Puede que se trate de un trabajo cuyo plazo no podemos cumplir por estar demasiado ocupados, de un ámbito de especialidad que no dominamos o de una combinación de idiomas que no manejamos. En cualquier caso, nos encontramos ante la duda de qué hacer para quedar bien con el cliente. Siempre podemos rechazar el encargo sin más y abandonar al cliente a su suerte, pero si le ofrecemos una solución al problema, nos lo meteremos en el bolsillo. Cuatro son las opciones posibles:

  • Recomendar a un colega que pueda hacerse cargo del proyecto. En este caso, nos limitamos a remitir al cliente a otro compañero para que trate directamente con él. Lo ideal, lógicamente, es recomendar a alguien de confianza cuyo trabajo conozcamos. No obstante, esto no siempre es posible, sobre todo con idiomas que no manejamos, así que también cabe la posibilidad de recomendar a un compañero que nos transmita una imagen de seriedad y profesionalidad, aunque en este caso nunca está de más advertir al cliente de que no podemos garantizar la calidad de su trabajo.
  • Aceptar el encargo y subcontratarlo. En este caso, actuamos como intermediarios: nosotros tratamos con el cliente, pero el trabajo lo hace otra persona. Si nos decantamos por esta opción, conviene escoger a un colega que sepamos que va a entregar un buen trabajo, ya que seremos nosotros los que demos la cara ante el cliente aunque la traducción la haya hecho otra persona. Por este motivo es recomendable, siempre que podamos, revisar la traducción antes de entregarla y, si procede, informar al cliente de que hemos subcontratado el encargo.
  • Hacer nosotros mismos la traducción y buscar a alguien que nos la revise. Si tenemos la valentía suficiente para aventurarnos con una traducción que está fuera de nuestro ámbito de especialidad, es mejor que contratemos a un revisor especializado que garantice que entregamos un trabajo de calidad.
  • Remitir al cliente a algún directorio de traductores para que él mismo busque a otra persona. Si no se nos ocurre nadie a quien recurrir o recomendar, o si no tenemos tiempo o ganas de hacerlo, siempre podemos proporcionarle al cliente un listado de traductores para que él mismo se ponga en contacto con quien prefiera (por ejemplo, el buscador de profesionales de Asetrad o la lista de traductores-intérpretes jurados del Ministerio de Asuntos Exteriores).

En definitiva, el objetivo es satisfacer las necesidades del cliente de una manera u otra. Y es que un cliente contento es la mejor publicidad que un profesional puede tener.

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Un pensamiento en “Cómo actuar ante encargos que no podemos hacer

  1. Almudena 22/02/2013 en 13:57

    Las agencias de traducción, siempre que sean de fiar claro, son una opción muy a tener en cuenta. Yo he colaborado a veces con http://www.deltatext.com/ y estoy encantada con los resultados

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